Al día siguiente, el bombardeo prosiguió con la
misma violencia. Hacia las once de la mañana, Vo-
lodia Koseltzoff reunióse a los oficiales de su bat e-
ría. Íbase acostumbrando a aquellas caras nuevas;
les interrogaba y les transmitía, a su vez parte de sus
impresiones. La conversación modesta, quizá un
poco pedante, de los ar tilleros, le agradaba, insp i-
rándole respeto, y en cambio su exterior simpático,
sus tímidas maneras y su ingenuidad, p [...]
Leer más...