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        <title>sebastopol</title>
        <description>Sebastopol</description>
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            <description>EL SITIO DE &lt;br /&gt;SEBASTOPOL &lt;br /&gt;CONDE LEÓN &lt;br /&gt;TOLSTOI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL SITIO DE SEBASTOPOL EN&lt;br /&gt;DICIEMBRE DE 1854.&lt;br /&gt;El crepúsculo matutino colorea el horizonte h a-&lt;br /&gt;cia el monte, Sapun; la superficie del mar, azul ob s-&lt;br /&gt;cura, va, surgiendo de entre las sombras, de la&lt;br /&gt;noche y sólo espera el primer rayo de sol para c a-&lt;br /&gt;brillear alegremente; de la bahía, cubierta de brumas,&lt;br /&gt;viene frescachón el viento; no se ve ni un copo de&lt;br /&gt;nieve; la tierra está negruzca, pero, la escarcha hiere&lt;br /&gt;el rostro y cruje bajo los pies. Sólo el incesante r u-&lt;br /&gt;mor de las olas, interrumpido a intervalos por el&lt;br /&gt;estampido sordo del cañón, turba la calma del am a-&lt;br /&gt;necer. En los buques de guerra todo permanece en&lt;br /&gt;silencio. El reloj de arena acaba de marcar las ocho,&lt;br /&gt;y hacia el Norte la actividad del día reemplaza poco&lt;br /&gt;a poco a la calma de la noche. Aquí, un pelotón de&lt;br /&gt;soldados que va a relevar a los centinelas; óyese el&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ruido metálico de sus fusiles; un médi co, que se di-&lt;br /&gt;rige apresuradamente hacia su hos pital; un soldado&lt;br /&gt;que se desliza fuera de su cho za para lavarse con&lt;br /&gt;agua helada el rostro curtido, y vuelta la faz a&lt;br /&gt;Oriente reza su oración, acom pañada de rápidas&lt;br /&gt;persignaciones. Allá, enorme y pesado furgón de&lt;br /&gt;crujientes ruedas, tirado por dos camellos, llega al&lt;br /&gt;cementerio donde recibi rán sepultura los muertos&lt;br /&gt;que, apilados, llenan el vehículo. Al pasar por el&lt;br /&gt;puerto, produce desagradable sorpresa la mezcla de&lt;br /&gt;olores; huele a carbón de piedra, a estiércol, a h u-&lt;br /&gt;medad, a carne muerta.&lt;br /&gt;Mil y mil objetos varios; madera, harina, ga-&lt;br /&gt;viones, carne, vense arrojados en montón por todas&lt;br /&gt;partes.&lt;br /&gt;Soldados de diferentes regimientos, unos con&lt;br /&gt;fusiles y morrales, otros sin morrales ni fusiles,&lt;br /&gt;agólpanse en tropel, fuman, discuten y trans portan&lt;br /&gt;los fardos al vapor atracado junto al puente de t a-&lt;br /&gt;blas y próximo a zarpar. Botes y lanchas particulares&lt;br /&gt;llenos de gente de todas clases, sol dados, marinos,&lt;br /&gt;vendedores y mujeres, abordan al desembarcadero y&lt;br /&gt;desatracan de él sin cesar.&lt;br /&gt;-Por aquí, Vuestra, Nobleza; a la  Grafskaya!- y&lt;br /&gt;dos o tres marineros viejos, de pie en sus botes, os&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ofrecen sus servicios. Escogéis el más próximo, p a-&lt;br /&gt;sando sin pisar sobre el cadáver me dio desco m-&lt;br /&gt;puesto de un caballo negro sumergido en el fango, a&lt;br /&gt;dos pasos de la barquilla, y vais a  sentaros a popa,&lt;br /&gt;cogiendo la caña del timón. Os alejáis de la ribera;&lt;br /&gt;en torno vuestro brilla el mar herido por el sol de la&lt;br /&gt;mañana; ante vos, un atezado marinero, envuelto en&lt;br /&gt;su gabán de piel de camello, y un muchacho de c a-&lt;br /&gt;bellera ru bia, reman rápidamente. Dirigís la vista&lt;br /&gt;hacia los buques gigantescos, de casco pintado a&lt;br /&gt;franjas, por la rada esparcidos; a las lanchas, p untos&lt;br /&gt;negros que bogan sobre el azul rielante de las olas ,á&lt;br /&gt;los lindos edificios de la ciudad, de colo res claros&lt;br /&gt;que el sol naciente tiñe de sonrosado matiz; a la l í-&lt;br /&gt;nea blanca, de espuma que rodea el rompeolas y los&lt;br /&gt;barcos sumergidos, de los que surgen tristemente,&lt;br /&gt;sobre la superficie del agua, las negras puntas de los&lt;br /&gt;mástiles; hacia la escuadra enemiga, que sirve de f a-&lt;br /&gt;ro en el lejano cristal de las aguas, y en fin, a las o n-&lt;br /&gt;das rizadas en  que juguetean los glóbulos salinos&lt;br /&gt;que los remos hacen saltar con sus golpeteos. Y oís&lt;br /&gt;al propio tiempo el sonido uniforme de las voces&lt;br /&gt;que el agua os trae, y el tronar grandioso del caño-&lt;br /&gt;neo, que parece ir aumentando en Sebastopol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ante la idea de que estáis asimismo, en el pro-&lt;br /&gt;pio  Sebastopol, sentís, invadida el alma por una&lt;br /&gt;sensación de orgullo y valentía, y la sangre cir cula&lt;br /&gt;con mayor rapidez en vuestras venas.&lt;br /&gt;Vuestra Nobleza, vía al  Constantino -os dice el&lt;br /&gt;marinero volviéndose para rectificar el rumbo que&lt;br /&gt;con el timón dais al bote.&lt;br /&gt;¡Toma! Conserva aún todos sus cañones -&lt;br /&gt;exclama el muchacho rubio, mientras que la lan cha&lt;br /&gt;se desliza junto al costado del navío.&lt;br /&gt;Es nuevo; debe tenerlos todos;  Korniloff ha es-&lt;br /&gt;tado en él -replica el viejo, examinando a su vez el&lt;br /&gt;buque de guerra.&lt;br /&gt;¡Allí ha reventado! -grita el chico tras un rato de&lt;br /&gt;silencio, fijando los ojos en una nubecilla, blanca, de&lt;br /&gt;humo, que se disipa tras de aparecer súbitamente en&lt;br /&gt;el cielo sobre la bahía del Sur, acompañada del ru i-&lt;br /&gt;do estridente que produce la explosión de una gr a-&lt;br /&gt;nada.&lt;br /&gt;Es de la batería nueva que tira hoy añade el m a-&lt;br /&gt;rino, escupiéndose tranquilamente en las manos.&lt;br /&gt;-¡Vamos,  Nichka,  boga! a adelantarnos a aquella&lt;br /&gt;lancha.&lt;br /&gt;Y el bote surca rápidamente la  amplia  superf i-&lt;br /&gt;cie ondulada de la bahía; deja atrás un maci zo lan-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;chón, cargado de sacos y de soldados, inhábiles r e-&lt;br /&gt;meros que maniobran torpemente, y aborda por fin&lt;br /&gt;al centro de los numerosos bu ques amarrados a ti e-&lt;br /&gt;rra, en el puerto de la  Grafskaya. Por el muelle ci r-&lt;br /&gt;culan multitud de solda dos con capote gris,&lt;br /&gt;marineros de chaquetón negro y mujeres con, trajes&lt;br /&gt;de colores vivos. Cam pesinas, vendedoras de pan,&lt;br /&gt;labriegos que, junto a su  samovar, ofrecen sbitene1 ca-&lt;br /&gt;liente a sus parroquianos. Sobre los primeros esc a-&lt;br /&gt;lones del desembarcadero aparecen, formando&lt;br /&gt;montón, balas de cañón oxidadas, bombas, metralla,&lt;br /&gt;cañones de fundición de diferentes calibres; más&lt;br /&gt;lejos, en una extensa plaza, vense en tierra enor mes&lt;br /&gt;maderos,  cureñas,  afustes, soldados dormi dos, y&lt;br /&gt;junto a todo esto, carretas, caballos, ca ñones, armo-&lt;br /&gt;nes de artillería, haces de fusiles de infantería, y de s-&lt;br /&gt;pués más soldados en movimien to, marinos,&lt;br /&gt;oficiales, mujeres y niños; carretones cargados de&lt;br /&gt;pan, sacos y barricas, un cosaco a caballo y un G e-&lt;br /&gt;neral que atraviesa la plaza en  drocki. A la derecha,&lt;br /&gt;en la calle, se eleva una barricada, y en sus troneras,&lt;br /&gt;cañones de reducido calibre junto a los cuales se n-&lt;br /&gt;tado un marinero, fuma tranquilamente su pipa.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;1 Bebida popular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la izquierda, un edificio de buen aspecto s o-&lt;br /&gt;bre cuyo  frontis aparece un rótulo en letras ro-&lt;br /&gt;manas, y a sus pies soldados y camillas mancha das&lt;br /&gt;de sangre: los tristes vestigios del campo del co m-&lt;br /&gt;bate en tiempo de guerra, saltan por doquier a la&lt;br /&gt;vista. La primera impresión es, a no dudar, desagr a-&lt;br /&gt;dable; tan extraña mezcla de la vida urbana con la&lt;br /&gt;campestre, de la elegante ciudad y el vivac fangoso,&lt;br /&gt;no tiene nada de atractiva y os choca con su horr i-&lt;br /&gt;ble contraste; hasta os pa rece que todos, presos del&lt;br /&gt;terror, se agitan en el vacío. Pero  examinad de cerca&lt;br /&gt;el rostro de aquellos hombres que en rededor nue s-&lt;br /&gt;tro se mueven, y hablaréis de otro modo.  Fijaos&lt;br /&gt;bien en aquel soldado del tren que lleva a beber los&lt;br /&gt;caballos bayos de su  troika, tarareando entre die n-&lt;br /&gt;tes, y veréis que no se extraviará entre la turba, re-&lt;br /&gt;vuelta, que por lo visto no existe para él; atento s o-&lt;br /&gt;lamente a su obligación, cumplirá de seguro su d e-&lt;br /&gt;ber, cualquiera que sea: conducir sus ca ballos al&lt;br /&gt;abrevadero o arrastrar un cañón, con tanta tranqu i-&lt;br /&gt;lidad e indiferente aplomo como si estuviera en&lt;br /&gt;Tula o Saransk. Encontraréis igual expresión en la&lt;br /&gt;cara de aquel oficial que pasa ante vos con guantes&lt;br /&gt;de irreprochable blancura; del marinero que fuma su&lt;br /&gt;pipa, sentado sobre la barricada; de aquellos sold a-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 8&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;dos disciplinarios que esperan con las camillas a la&lt;br /&gt;entrada de lo que fue un tiempo sala de Asamblea, y&lt;br /&gt;hasta en el rostro de aquella muchacha que atraviesa&lt;br /&gt;la calle saltando de un adoquín a otro por temor de&lt;br /&gt;ensuciarse el vestido color de rosa. Sí, decep ción&lt;br /&gt;grande os espera a vuestra llegada a Sebastopol.&lt;br /&gt;En vano procuraréis descubrir en cualquier fi-&lt;br /&gt;sonomía señales de agitación, de sobresalto, ni s i-&lt;br /&gt;quiera de entusiasmo, de resignación a la muer te, de&lt;br /&gt;resolución; no hay nada de eso. Veréis el trajín de la&lt;br /&gt;vida ordinaria: gentes ocupadas en sus labores di a-&lt;br /&gt;rias, de modo que os reprocharéis vuestra exaltación&lt;br /&gt;exagerada, poniendo en duda, no sólo, la exactitud&lt;br /&gt;de la opinión que por los relatos formasteis acerca&lt;br /&gt;del heroísmo de los de fensores de Sebastopol, sino&lt;br /&gt;la veracidad de la descripción que os han hecho del&lt;br /&gt;extremo Norte,  y hasta de los ruidos ensordeced o-&lt;br /&gt;res que llenan el aire. Sin embargo, antes de dudar,&lt;br /&gt;subid a un baluarte, ved a los defensores de la plaza,&lt;br /&gt;en el lugar mismo de la defensa, o mejor aún, e n-&lt;br /&gt;trad. directamente en aquel edificio a cuya, puerta&lt;br /&gt;están los camilleros, y contemplaréis a esos defen-&lt;br /&gt;sores de  Sebastopol, y presenciaréis espectáculos&lt;br /&gt;horribles y  tristísimos, grandiosos y cómicos, pero&lt;br /&gt;conmovedores y propios para elevar el alma. E n-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 9&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;trad, pues, en el salón que hasta la guerra sirvió para&lt;br /&gt;las sesiones de la Asamblea. Apenas hayáis abierto&lt;br /&gt;la puerta, cuando el olor que exhalan cuarenta o cin-&lt;br /&gt;cuenta amputados os asfi xiara. No cedáis al sent i-&lt;br /&gt;miento que os detiene en el umbral de la sala; es un&lt;br /&gt;sentimiento vergonzoso; avanzad r esueltamente, no&lt;br /&gt;os. rubori céis por haber venido a ver a aquellos&lt;br /&gt;mártires; aproximaos a ellos y  habladles; los infel i-&lt;br /&gt;ces ansían ver un rostro compasivo, referir sus s u-&lt;br /&gt;frimientos y escuchar palabras de caridad y de&lt;br /&gt;simpatía. Al pasar por el centro, entre las camas,&lt;br /&gt;buscáis con la vista el rostro menos austero, me nos&lt;br /&gt;contraído por el dolor. Al encontrarlo, os de cidís a&lt;br /&gt;interpelarlo, a preguntar.&lt;br /&gt;-¿Dónde estás herido?  -interrogáis con ti midez&lt;br /&gt;a un veterano de rostro demacradísimo que se halla&lt;br /&gt;sentado sobre un lecho, y cuya cordial mirada os&lt;br /&gt;viene siguiendo y parece,  invitaros a que os aprox i-&lt;br /&gt;méis a él. Y digo que habéis pre guntado con tim i-&lt;br /&gt;dez, porque la vista del que sufre, inspira no tan&lt;br /&gt;sólo viva piedad, sino yo no sé qué temor de m o-&lt;br /&gt;lestarlo, unido a profundo respeto.&lt;br /&gt;-En el pie -responde el soldado, y no obs tante,&lt;br /&gt;reparáis bajo los pliegues de la ropa que la pierna le&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;11&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;fue cortada por bajo de la rodilla.  ¡Gracias a Dios&lt;br /&gt;-añade,- me darán el alta!&lt;br /&gt;-¿Hace mucho que estás aquí?&lt;br /&gt;-Esta es la sexta semana.&lt;br /&gt;-¿Dónde te duele ahora?&lt;br /&gt;-Nada me duele ya. Sólo a veces en la pan-&lt;br /&gt;torrilla, cuando hace, mal tiempo: fuera de eso, n a-&lt;br /&gt;da. &lt;br /&gt;-¿ Cómo fue?&lt;br /&gt;-En el quinto  bakcion2, Vuestra Nobleza; en el&lt;br /&gt;primer bombardeo. Acababa de apun tar el cañón y&lt;br /&gt;me dirigia tranquilamente a otra cañonera, cuando&lt;br /&gt;de pronto el golpe me hirió en el pie. Creí caer en&lt;br /&gt;un agujero. Miro, y ya no había pierna.&lt;br /&gt;-¿No sentiste dolor en el primer momento?&lt;br /&gt;-Nada; únicamente como si me escaldaran la&lt;br /&gt;pierna.&lt;br /&gt;-¿Y después?&lt;br /&gt;_Después nada; sólo cuando extendieron la piel&lt;br /&gt;me escoció algo. Sobre todo, Vuestra No bleza, no&lt;br /&gt;hay que pensar; cuando no se piensa no se siente&lt;br /&gt;nada; cuando el hombre piensa, es peor.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;2 Bastión, baluarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 11&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A todo esto, una buena mujer, vestida de gris y&lt;br /&gt;con un pañuelo negro anudado a la cabeza, se apr o-&lt;br /&gt;xima, se mezcla en vuestra conversación y se pone a&lt;br /&gt;contaros detalles sobre el marinero; cuánto había&lt;br /&gt;padecido y cómo se desesperó de salvarlo durante&lt;br /&gt;cuatro semanas y cómo, cuando lo traían herido, hi-&lt;br /&gt;zo detener la camilla para ver bien la descarga de&lt;br /&gt;nuestra batería, y cómo los grandes Duques habían&lt;br /&gt;hablado con él, dán dole veinticinco rublos, y re s-&lt;br /&gt;pondiéndoles él que no pudiendo ya ser útil lo que&lt;br /&gt;quería era, volver al baluarte a instruir a los reclutas.&lt;br /&gt;Y contándoos todo esto de un tirón la excelente&lt;br /&gt;mujer, cuyos ojos brillan de entusiasmo, os conte m-&lt;br /&gt;pla y mira al, que se vuelve de espaldas, y hace como&lt;br /&gt;que no oye lo que ella dice, ocupado en peinar hilas&lt;br /&gt;sobre su almohada.&lt;br /&gt;-Es mi esposa, Vuestra Nobleza - dice por fin el&lt;br /&gt;hombre con una entonación que parece sig nificar,&lt;br /&gt;«hay que excusarla, todo eso es charla tanería de&lt;br /&gt;mujeres; ya sabéis, tonterías, vaya!» Entonces c o-&lt;br /&gt;menzáis a comprender lo que son los defensores de&lt;br /&gt;Sebastopol, y os avergonzáis de vosotros mismos&lt;br /&gt;en presencia de aquel hom bre: quisierais expresarle&lt;br /&gt;toda vuestra admira ción, todas vuestras simpatías,&lt;br /&gt;pero las palabras no acuden o las que se os ocurren&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 12&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;13&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nada dicen, y os limitáis a inclinaros en silencio ante&lt;br /&gt;aquella grandeza inconsciente, ante aquel temple de&lt;br /&gt;alma y aquel exquisito pudor del propio mérito.&lt;br /&gt;-Bueno. Que Dios te cure pronto  -decís, y os&lt;br /&gt;detenéis ante otro paciente acostado en tierra y que&lt;br /&gt;parece esperar la muerte presa de horri bles dolores.&lt;br /&gt;Es rubio; veis su rostro pálido, abo targado; tendido&lt;br /&gt;de espaldas, con la mano iz quierda hacia atrás, su&lt;br /&gt;posición revela lo agudo de sus sufrimientos. Seca, y&lt;br /&gt;abierta la boca, deja pasar trabajosamente la respir a-&lt;br /&gt;ción silbante; sus papilas azules y vidriosas tienden&lt;br /&gt;a  ocultarse tras de los párpados, dejándolo en bla n-&lt;br /&gt;co los ojos, y de la colcha arrugada sale un brazo&lt;br /&gt;mutilado, envuelto en vendajes. Os emponzoña el&lt;br /&gt;olor nauseabundo de cadáver, y la fiebre que devora&lt;br /&gt;y abrasa los miembros del agonizante pare ce pene-&lt;br /&gt;trar en vuestro propio cuerpo.&lt;br /&gt;-¿No tiene conocimiento? -preguntáis a la mujer&lt;br /&gt;que os acompaña afectuosamente y para la cual ya&lt;br /&gt;no sois un extraño.&lt;br /&gt;-No, conoce aún, pero, está muy malo. -Y añade&lt;br /&gt;en voz baja:  -Le he dado un poco de te hace r ato;&lt;br /&gt;no es nada mío, pero a una le da lás tima, ¿no es&lt;br /&gt;verdad? Pues bien, a duras penas ha podido beber&lt;br /&gt;algunas cucharadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 13&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;14&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo estás? -le preguntáis.&lt;br /&gt;Al sonido de vuestra voz sus pupilas se vuel ven&lt;br /&gt;hacia vosotros, pero el herido ya no ve ni entiende&lt;br /&gt;nada.&lt;br /&gt;¡Esto abrasa el corazón! -murmura.&lt;br /&gt;Algo más lejos, un veterano se muda de ropa. Su&lt;br /&gt;rostro y su cuerpo aparecen de idéntico ateza do&lt;br /&gt;color y con  demacración de esqueleto. Fálta le un&lt;br /&gt;brazo, desarticulado por el hombro; se halla sentado&lt;br /&gt;sobre la cama; está ya restablecido, pero en su mira-&lt;br /&gt;da sin brillo, sin vida, en su espantosa delgadez, en&lt;br /&gt;su faz arrugada, com prendéis que aquel pobre ser&lt;br /&gt;pasó ya la parte mejor de su existencia padeciendo.&lt;br /&gt;En la cama de enfrente divisáis el semblante p á-&lt;br /&gt;lido, delicado, contraído por el dolor, de una mujer&lt;br /&gt;cuyas mejillas enciende la calentura.&lt;br /&gt;-Es la mujer de un marinero  -os dice vuestra&lt;br /&gt;guía. -Iba  a llevar la comida a su marido y una gr a-&lt;br /&gt;nada la hirió en el pie.&lt;br /&gt;-¿Y la han amputado?&lt;br /&gt;-Por encima de la rodilla.&lt;br /&gt;Y ahora, si vuestros nervios son firmes, en trad&lt;br /&gt;allí abajo, a la Izquierda. Es la sala de las operaci o-&lt;br /&gt;nes y de las curas. Hallaréis a los mé dicos con el&lt;br /&gt;rostro pálido y serio, y los brazos en sangrentados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 14&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;15&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;hasta el codo, Junto al lecho de un herido, que tu m-&lt;br /&gt;bado, con los ojos abiertos, delira, bajo la influencia&lt;br /&gt;del cloroformo pronun ciando frases entr ecortadas,&lt;br /&gt;sin interés las unas, las otras lastimeras. Los méd i-&lt;br /&gt;cos atienden a su faena repulsiva pero bienhechora:&lt;br /&gt;la amputación.  Veréis la hoja curva y tajante intr o-&lt;br /&gt;ducirse en la carne sana y blanca, y al herido volver&lt;br /&gt;en sí súbitamente con desgarradores gritos e impr e-&lt;br /&gt;siones, y al ayudante arrojar en un rincón el brazo&lt;br /&gt;amputado, mientras que aquel otro herido que desde&lt;br /&gt;su camilla presencia la operación, tuér cese y gime,&lt;br /&gt;más a impulsos del martirio moral por la espera&lt;br /&gt;producido, que del sufrimiento fí sico que ha de s o-&lt;br /&gt;portar. Contemplaréis escenas espantosas,  angustio-&lt;br /&gt;sísimas; veréis la guerra sin el correcto y lucido&lt;br /&gt;alineamiento de las tropas, sin músicas, sin redoblar&lt;br /&gt;de tambores, sin estan dartes flameando al viento,&lt;br /&gt;sin Generales cara coleando sobre sus co rceles; la&lt;br /&gt;veréis tal y como es, ¡en la sangre, en los sufr i-&lt;br /&gt;mientos, en la muerte ! Al salir de aquella morada&lt;br /&gt;del dolor, experimentaréis de seguro cierta impr e-&lt;br /&gt;sión de bienestar, respirando a bocanadas el aire&lt;br /&gt;fresco, y os regocijaréis al  sentiros bueno y sano,&lt;br /&gt;pero a la vez la contemplación de aquellos males os&lt;br /&gt;habrá convencido de vuestra nulidad, y enton ces,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 15&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;16&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;con firmeza, y sin vacilaciones podréis su bir al ba-&lt;br /&gt;luarte...&lt;br /&gt;-¿Qué son  - os  diréis- los sufrimientos y la&lt;br /&gt;muerte de un gusano como yo, junto a tantos su-&lt;br /&gt;frimientos, a tan innumerables muertes?  Pronto,&lt;br /&gt;además, el aspecto del puro cielo, del sol respland e-&lt;br /&gt;ciente de la pintoresca ciudad de la iglesia abierta, de&lt;br /&gt;los militares que van  y vienen en todas direcci ones,&lt;br /&gt;vuelve vuestro espíritu a su estado normal, a su h a-&lt;br /&gt;bitual apatía, y la preocupación de lo presente y de&lt;br /&gt;sus menudos intereses sobrepónese otra vez a todo.&lt;br /&gt;Podrá ser que encontréis en vuestro camino el entie-&lt;br /&gt;rro de un oficial; un ataúd color de rosa, seguido de&lt;br /&gt;músicas y banderas desplegadas, y el vibrante cañ o-&lt;br /&gt;neo en los baluartes puede ser que llegue a vuestros&lt;br /&gt;oídos, pero los pensamientos de poco antes no vo l-&lt;br /&gt;verán. El entierro no será más que un cuadro pint o-&lt;br /&gt;resco, un episodio militar; el tronar del cañón, un&lt;br /&gt;acompañamiento militar grandioso, y no habrá nada&lt;br /&gt;de común entre aquel cuadro, aquel estampido y la&lt;br /&gt;impresión precisa, personal, del sufrimiento, y de la&lt;br /&gt;muerte, evocada por la vista, de la sala de operaci o-&lt;br /&gt;nes.&lt;br /&gt;Dejad atrás la iglesia, la barricada, y entra réis en&lt;br /&gt;el barrio más animado, más bullicioso de la pobl a-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 16&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;17&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ción. A entrambos lados de la calle, muestras de&lt;br /&gt;tiendas y de fondas. Aquí, merca deres, mujeres t o-&lt;br /&gt;cadas con sombreros o pañue los, oficiales con vi s-&lt;br /&gt;tosos uniformes; todo os de muestra el valor, la&lt;br /&gt;confianza, la seguridad de los habitantes.&lt;br /&gt;Entrad a la derecha de este restaurant. Si ponéis&lt;br /&gt;atención a las conversaciones de los ma rinos y de&lt;br /&gt;los oficiales, oiréis contar los incidentes de la pasada&lt;br /&gt;noche, de la acción del 24, quejarse del alto precio&lt;br /&gt;de las chuletas mal pre paradas, y citar a los comp a-&lt;br /&gt;ñeros muertos últimamente.&lt;br /&gt;- ¡Que el demonio me lleve! ¡Deliciosamente&lt;br /&gt;está uno ahora en su casa! - dice con voz de bajo un&lt;br /&gt;oficial bisoño, rubio, casi albino, im berbe, con el&lt;br /&gt;cuello liado en una bufanda verde de lana.&lt;br /&gt;-¿Y dónde está eso, su casa de usted?  - le pr e-&lt;br /&gt;gunta otro.&lt;br /&gt;-En el cuarto baluarte -contesta el joven. Y ante&lt;br /&gt;esta contestación, lo contemplaréis con atención y&lt;br /&gt;aun con cierto respeto. Su negligen cia exagerada, su&lt;br /&gt;excesivo accionar, su risa de masiado estrepitosa,&lt;br /&gt;que os parecían hace un mo mento signo de de s-&lt;br /&gt;preocupación, conviértense a vuestros ojos en señal&lt;br /&gt;de cierta disposición de ánimo batalladora, habitual&lt;br /&gt;en todos los jóvenes que se han visto expuestos a&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 17&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;18&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;algún peligro, y os imagináis que os va a explicar&lt;br /&gt;cómo tienen la culpa las balas de cañón y las bo m-&lt;br /&gt;bas de que se viva tan mal en el cuarto baluarte.&lt;br /&gt;¡ De ningún modo! Se está mal porque el fan go&lt;br /&gt;es muy profundo.&lt;br /&gt;-Es imposible llegar hasta la batería  - dice, y en-&lt;br /&gt;seña sus botas sucias de lodo hasta el empeine.&lt;br /&gt;-A mi mejor jefe de pieza lo han dejado hoy en&lt;br /&gt;el sitio -responde uno de sus compañeros. - Un ba-&lt;br /&gt;lazo en la frente.&lt;br /&gt;-¿Quién? ¿Miteschin?&lt;br /&gt;-No, otro. Vamos, ¿vas a traerme o no la chul e-&lt;br /&gt;ta, bribón? -dice dirigiéndose al mozo.&lt;br /&gt;Era  Abrosnoff, un valiente de verdad; había&lt;br /&gt;tomado parte en seis salidas.&lt;br /&gt;En el otro extremo de la mesa vese a dos of i-&lt;br /&gt;ciales de infantería dispuestos a dar fin a sendas&lt;br /&gt;chuletas con guisantes, regadas con un  vinillo agrio&lt;br /&gt;de Crimea bautizado como Burdeos. El uno, joven,&lt;br /&gt;con cuello encarnado y dos estre llas en el capote,&lt;br /&gt;refiere a su vecino, que no lleva estrellas y sí negro&lt;br /&gt;el cuello, detalles sobre el combate de Alma. El pr i-&lt;br /&gt;mero está algo bebido; sus relatos, interrumpidos&lt;br /&gt;frecuentemente; su incierta mirada, que refleja la&lt;br /&gt;falta de confianza que éstos inspiran a su oyente, y&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 18&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;19&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;las valentías que se atribuye, así como el color recar-&lt;br /&gt;gadísimo de sus cuadros, hacen comprender que se&lt;br /&gt;aparta, por completo de la verdad. Pero no os d e-&lt;br /&gt;béis preocupar de esas relaciones que oiréis durante&lt;br /&gt;mucho tiempo de un extremo a otro de Rusia; no&lt;br /&gt;sentís ya más que un deseo: trasladaros directamente&lt;br /&gt;al cuarto baluarte, del que de tan diversos modos os&lt;br /&gt;vienen hablando. Habréis ob servado cómo todo&lt;br /&gt;aquel que refiere haber estado allí, hácelo con satis-&lt;br /&gt;facción y orgullo, y que quien se dispone a ir, deja&lt;br /&gt;ver ligera emoción o afecta exagerada sangre fría. Si&lt;br /&gt;se da broma a alguno, invariablemente se le dirá:&lt;br /&gt;-Anda, ve; vete al cuarto baluarte.&lt;br /&gt;Si encontramos un herido en camilla, y que-&lt;br /&gt;remos saber de dónde viene, la respuesta será casi&lt;br /&gt;siempre la misma:&lt;br /&gt;-Del cuarto baluarte.&lt;br /&gt;Sobre el terrible baluarte se han extendido dos&lt;br /&gt;opiniones distintas; primera, la de los que no pusi e-&lt;br /&gt;ron allí nunca los pies, y para los cuales es inevitable&lt;br /&gt;tumba de sus defensores; después, la de los que,&lt;br /&gt;como el oficialito rubio, viven allí, y al hablar, dicen&lt;br /&gt;sencillamente si está seco el piso o fangoso, si hace&lt;br /&gt;calor o frío. En la media hora que pasasteis en el&lt;br /&gt;restaurant ha cambiado el tiempo; la niebla que se&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 19&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;20&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;extendía sobre el mar se levantó; nubes apiñadas,&lt;br /&gt;grises, húmedas, ocultan el sol; el cielo está triste;&lt;br /&gt;cae una llovizna mezclada con menuda nieve, que&lt;br /&gt;moja los tejados, las aceras y los capotes de la tropa.&lt;br /&gt;Transponiendo otra barricada, subiréis por la calle&lt;br /&gt;principal; allí ya no hay muestras en las tiendas; las&lt;br /&gt;casas están inhabitables; las puertas cerradas con&lt;br /&gt;tablones; hendidas las ventanas;  ya la arista de un&lt;br /&gt;edificio desplomada, ya el muro perforado. Las c a-&lt;br /&gt;sas, semejantes a veteranos carcomidos por el dolor&lt;br /&gt;y la miseria, parecen contemplaros con altivez y aun&lt;br /&gt;diríase que con desprecio,. En el camino tropezáis a&lt;br /&gt;lo mejor con balas de cañón enterradas, o con ag u-&lt;br /&gt;jeros llenos de agua, perforados por las bombas en&lt;br /&gt;el suelo pedregoso. Dejáis atrás los grupos de of i-&lt;br /&gt;ciales y soldados: encontráis alguna que otra mujer o&lt;br /&gt;un niño, pero aquí no lleva sombrero la mujer. Y la&lt;br /&gt;del marino, envuelta en una raída capa de pie les&lt;br /&gt;viejas se calzó recias botas de soldado. La calle baja&lt;br /&gt;en suave pendiente, pero ya no hay casas; sólo un&lt;br /&gt;montón informe de arcilla, piedras, tablas y vigas.&lt;br /&gt;Ante, vosotros, sobre un cerro escarpado, extiénd e-&lt;br /&gt;se un espacio negro, fangoso, cortado por zanjas, y&lt;br /&gt;aquello es, precisamente, el baluarte número cuatro&lt;br /&gt;del recinto de Sebastopol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 20&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;21&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los transeúntes son más escasos; ya no se e n-&lt;br /&gt;cuentran mujeres;  los soldados caminan con paso&lt;br /&gt;vivo, algunas gotas de sangre manchan  el piso, y&lt;br /&gt;veis venir cuatro individuos que llevan una camilla,&lt;br /&gt;y sobre ella un rostro de amarillen ta palidez y un&lt;br /&gt;capote ensangrentado; si preguntáis a los camilleros&lt;br /&gt;dónde tiene la herida, os responderán secamente,&lt;br /&gt;con tono irascible, sin miraros:&lt;br /&gt;-En el brazo, en la pierna. - si está muerto, si un&lt;br /&gt;proyectil le arrancó la cabeza, guardarán feroz sile n-&lt;br /&gt;cio.&lt;br /&gt;El silbido más próximo ya de las balas y las&lt;br /&gt;bombas, os impresiona desagradablemente mientras&lt;br /&gt;subís al cerró, y de pronto apreciáis de diferente&lt;br /&gt;manera que antes lo que significan los cañonazos&lt;br /&gt;oídos en la ciudad. No sé qué re cuerdo apacible y&lt;br /&gt;dulce brillará entonces en vues tra memoria; vuestro&lt;br /&gt;yo intimo os ocupará tan vivamente,  que no pensa-&lt;br /&gt;réis en observar lo que os rodea. Ni os dejaréis s i-&lt;br /&gt;quiera invadir por el penoso sentimiento de la&lt;br /&gt;irresolución. Sin embargo, la vista de aquel soldado&lt;br /&gt;que, con los brazos tendidos, trepa cuesta arriba s o-&lt;br /&gt;bre el fango líquido y pasa corriendo y riéndose a&lt;br /&gt;vuestro lado, impone silencio, a la tenue voz int e-&lt;br /&gt;rior, consejero cobarde que se alzó en vuestro p e-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 21&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;22&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cho ante el peligro. Os erguís a pesar vuestro, y le-&lt;br /&gt;vantando la cabeza, escaláis también la pendien te&lt;br /&gt;resbaladiza de la arcillosa montaña. Y no habéis d a-&lt;br /&gt;do aún muchos pasos cuando dere cha e izquierda,&lt;br /&gt;zumban en vuestros oídos los proyectiles de la  fu-&lt;br /&gt;silería, y os preguntáis si no sería mejor marchar a&lt;br /&gt;cubierto por la trinchera que se alza paralelamente al&lt;br /&gt;camino; pero la trinchera está llena de barro líquido,&lt;br /&gt;amarillo y fétido, de tal modo, que por fuerza cont i-&lt;br /&gt;nuáis por donde ibais, y tanto más, cuanto que esta&lt;br /&gt;es la vereda de todo el mundo. Doscientos pasos&lt;br /&gt;mas allá, desembocareis en un terreno cubierto de&lt;br /&gt;terraplenes, cestones,  traveses, cañones de hierro&lt;br /&gt;fundido y un montón de proyectiles simé tricamente&lt;br /&gt;apilados. Aquel amontonamiento os produce la se n-&lt;br /&gt;sación del más extraño desorden  desprovisto de&lt;br /&gt;todo objeto. A una parte, sobre la batería, aparece&lt;br /&gt;un grupo de marineros; más allá, hacia el centro, y a-&lt;br /&gt;ce un cañón inútil sumergido en el lodo pegajoso,&lt;br /&gt;del cual un infante que , con el arma sobre el ho m-&lt;br /&gt;bro, se dirige a la batería, retira con esfuerzo los pies&lt;br /&gt;uno tras otro. Sólo veis por doquiera entre ese mi s-&lt;br /&gt;mo fango acuoso granadas sin estallar, cascos de&lt;br /&gt;bombas, balas de cañón, señales de toda suerte del&lt;br /&gt;campo de batalla... Os parece oír a corta dis tancia el&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 22&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;23&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ruido de un proyectil que cae, y por todas partes os&lt;br /&gt;llega el silbar de las granadas que, ora zumban como&lt;br /&gt;avispas, ora gimen y hienden los aires vibrando c o-&lt;br /&gt;mo una cuerda de instrumento, dominándolo todo&lt;br /&gt;el tronar siniestro del cañón, que os sacude de pies a&lt;br /&gt;cabeza aterrorizándoos.&lt;br /&gt;-Este es el cuarto baluarte; el lugar verda-&lt;br /&gt;deramente terrible -os decís, experimentando ligera&lt;br /&gt;emoción de orgullo y otra inmensa de mal compr i-&lt;br /&gt;mido miedo. No es verdad; sois el juguete de una&lt;br /&gt;ilusión. Aquello no es aún el ba luarte número cu a-&lt;br /&gt;tro; es el reducto de Jason, un puesto que, compara-&lt;br /&gt;tivamente no es ni de peligro ni espantoso. Para&lt;br /&gt;llegar al baluarte, tomad por aquella angosta trinche-&lt;br /&gt;ra que sigue agachándose el soldado. Podrá ser que&lt;br /&gt;halléis de nuevo camillas, marineros y soldados con&lt;br /&gt;azadones y palas; hilos conductores que van a las&lt;br /&gt;minas, abrigos de tierra, también fangosos, don de&lt;br /&gt;no pueden deslizarse arrastras más que dos ho m-&lt;br /&gt;bres y donde los  plastuny3 de los batallo nes del Mar&lt;br /&gt;Negro viven, comen, fuman y se calzan entre trozos&lt;br /&gt;de hierro fundido de todas forma, esparcidos por&lt;br /&gt;doquier. Otros cien pasos más y llegáis a la batería,,&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;3 Tiradores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 23&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;24&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;una planicie hendida por zanjas, rodeada de cest o-&lt;br /&gt;nes, cubierta de tierra, de traveses y de cañones s o-&lt;br /&gt;bre sus explanadas. Tal vez encontraréis allí a cuatro&lt;br /&gt;o cinco marineros que juegan a los naipes, proteg i-&lt;br /&gt;dos por el parapeto y un oficial de marina que, al&lt;br /&gt;ver aparecer una cara nueva, un curioso, se com-&lt;br /&gt;placerá en iniciaros en los detalles  de su domicilio y&lt;br /&gt;poderos dar todas las explicaciones que apetezcáis.&lt;br /&gt;Aquel oficial, sentado sobre un ca ñón, lía con tanta&lt;br /&gt;tranquilidad un cigarrillo de papel amarillento, pasa&lt;br /&gt;tan descuidadamente de una cañonera a otra y os&lt;br /&gt;habla con sangre fría tan natural, que recobráis la&lt;br /&gt;vuestra a despecho de las balas que silban aquí en&lt;br /&gt;mayor número. Lo preguntáis y aun atendéis a sus&lt;br /&gt;relatos. El os describirá, si se lo indicáis, el bomba r-&lt;br /&gt;deo del 5, el estado de su batería con un solo cañón&lt;br /&gt;útil, y sus sirvientes reducidos a ocho, y que, no&lt;br /&gt;obstante el día 6 por la mañana, volvía a hacer fuego&lt;br /&gt;con todas sus piezas. Os contará igual mente cómo&lt;br /&gt;penetró una bomba el día 5 en un abrigo y destrozó&lt;br /&gt;a once marineros. A través de una tronera os indica-&lt;br /&gt;rá los atrincheramientos y baterías del enemigo, del&lt;br /&gt;cual os separa únicamente unas treinta y tantas  sage-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 24&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;25&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nas4. Aunque, temo que si os Inclináis sobre el plano&lt;br /&gt;de la cañonera para mirar mejor las posiciones&lt;br /&gt;enemigas no veáis nada, o que, si por ventura di s-&lt;br /&gt;tinguís algo, os sorprendáis  al saber que aquel  mu-&lt;br /&gt;rallón alto, y peñascoso que parece estar dos pasos y&lt;br /&gt;sobre el cual surgen  nubecillas de humo, es prec i-&lt;br /&gt;samente el enemigo; él, como dicen soldados y m a-&lt;br /&gt;rineros.&lt;br /&gt;Es muy posible que el oficial, por vanidad o&lt;br /&gt;sencillamente sin propósito deliberado por en-&lt;br /&gt;tretenerse, quiera hacer fuego ante vos. A sus voces,&lt;br /&gt;el Jefe de pieza y los sirvientes, en total catorce m a-&lt;br /&gt;rineros, se aproximaran alegremente al cañón para&lt;br /&gt;cargarlo; unos mordiendo un tro zo de galleta, otros&lt;br /&gt;guardándose la negra y apes tosa pipa en el bolsillo,&lt;br /&gt;mientras que sus cla veteadas botas resuenan sobre&lt;br /&gt;la explanada.  Examinad los semblantes de esos&lt;br /&gt;hombres, su aire resuelto, su ademán, y reconoceréis&lt;br /&gt;en cada uno de los pliegues del curtido rostro de&lt;br /&gt;pómulos salientes, en cada músculo, en la a mplitud&lt;br /&gt;de los hombros, en el espesor de los pies, cal zados&lt;br /&gt;con botas colosales, en cada movimiento tranquilo y&lt;br /&gt;reposado, los principales elementos de que se co m-&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;4 Medida lineal rusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 25&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;26&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pone la fuerza de Rusia, la sim plicidad de espíritu y&lt;br /&gt;de obstinación, veréis asimismo, que el peligro, las&lt;br /&gt;miserias y las penalidades de la guerra, han impreso&lt;br /&gt;en aquellas fisonomías la conciencia de su dignidad,&lt;br /&gt;de una idea elevada, de un sentimiento noble.&lt;br /&gt;De súbito, formidable estrépitos os hace es-&lt;br /&gt;tremecer de pies a cabeza. Y oís enseguida sil bar el&lt;br /&gt;proyectil que va alejándose, mientras que la tupida&lt;br /&gt;humareda de la pólvora envuelve la explanada. y las&lt;br /&gt;negras caras de los marineros que entre ella se mu e-&lt;br /&gt;ven. Oíd sus dichos,  fijaos en su animación, y de s-&lt;br /&gt;cubriréis en ellos senti mientos que tal vez no&lt;br /&gt;esperabais encontrar: el del odio al enemigo, el de la&lt;br /&gt;venganza.&lt;br /&gt;-Ha caído de lleno en la tronera; dos muer tos;&lt;br /&gt;mira, ¡se los llevan!&lt;br /&gt;Y gritan de júbilo.&lt;br /&gt;-Pero míralo; le ha dolido, nos va a dar la vuelta&lt;br /&gt;- dice una voz, y en efecto, veis a poco brillar un f o-&lt;br /&gt;gonazo, seguir el humo, y que el centinela grita de s-&lt;br /&gt;de el parapeto.&lt;br /&gt;-¡Cañón! -Silba, un proyectil cerca de vosotros y&lt;br /&gt;entiérrase en el suelo, que perfora, lan zando en tor-&lt;br /&gt;no suyo, una lluvia de terrones y de piedras. El c o-&lt;br /&gt;mandante de la batería se  amosea, vuelve a ordenar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 26&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;27&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que carguen el segundo y el tercer cañón; contesta el&lt;br /&gt;enemigo, y experimentáis interesantes sensaciones.&lt;br /&gt;Veis y oís cosas  curiosísimas. El centinela avisa de&lt;br /&gt;nuevo «cañón» y el mismo fogonazo, igual ruido,&lt;br /&gt;igual golpe, salto igual de piedras se reproduce. Mas,&lt;br /&gt;si por el contrario grita, «mortero» os sentiréis i m-&lt;br /&gt;presionado por un silbido regular, quizá agra dable,&lt;br /&gt;que no podréis unir en vuestra mente a nada terr i-&lt;br /&gt;ble; va aproximándose, aumenta su rapidez, veis el&lt;br /&gt;globo negro caer en tierra y có mo estalla con crepi-&lt;br /&gt;tación metálica. Los cascos hienden los aires silba n-&lt;br /&gt;do y crujiendo las pie dras, sacudidas, chocan entre&lt;br /&gt;sí, y el fango os salpica todo. Ante rumores tan d i-&lt;br /&gt;versos, sentís extraña mezcla de gozo y de terror.&lt;br /&gt;Mientras veis el proyectil amenazando caer sobre&lt;br /&gt;vos, os acude a la imaginación infaliblemente la idea&lt;br /&gt;de que os ha de matar, pero el amor propio, os so s-&lt;br /&gt;tiene y a nadie dais a conocer el puñal que os tal a-&lt;br /&gt;dra, el corazón.&lt;br /&gt;Por eso, cuando pasó sin  tocaros, renacéis por&lt;br /&gt;un instante, cierta sensación de inaprecia ble dulzura&lt;br /&gt;apodérase de vos, hasta el punto de que encontráis&lt;br /&gt;encanto particular en el peligro, en el juego de la v i-&lt;br /&gt;da y de la muerte. Hasta qui sierais que la bala o la&lt;br /&gt;bomba cayese más cerca, muy cerca de donde estáis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 27&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;28&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero he aquí que el centinela anuncia con voz fuerte&lt;br /&gt;y llena:&lt;br /&gt;-¡Un mortero! - y repítense el silbido, el gol pe y&lt;br /&gt;la explosión, acompañados esta vez de un grito h u-&lt;br /&gt;mano. Os acercáis al herido a la vez que los camill e-&lt;br /&gt;ros. Revolcándose en el lodo mezcla do de sa ngre,&lt;br /&gt;ofrece extraño aspecto; parte del pecho le fue arran-&lt;br /&gt;cada por el casco. En el primer momento, su rostro,&lt;br /&gt;sucio de fango, no expresa más que el susto y la sen-&lt;br /&gt;sación prematura del dolor, sensación familiar al&lt;br /&gt;hombre en aquel estado; pero cuando traen la cami-&lt;br /&gt;lla, y en ella acuéstase él por sí mismo sobre el co s-&lt;br /&gt;tado libre, exaltada expresión, ráfaga de una idea&lt;br /&gt;elevada y contenida viene a iluminar sus facciones.&lt;br /&gt;Brillantes los ojos, apretados los dientes, levanta la&lt;br /&gt;cabeza con esfuerzo, y cuando los camilleros vacilan&lt;br /&gt;los detiene, y dirigiéndose a sus compañeros dice&lt;br /&gt;con voz temblorosa:&lt;br /&gt;         -¡Adiós; perdón  hermanos!&lt;br /&gt;        Quisiera hablar más aún; se ve que trata le decir&lt;br /&gt;algo afectuoso, pero se limita a repetir:&lt;br /&gt;         -¡Adiós, hermanos míos! ...&lt;br /&gt;Uno de sus compañeros aproxímase a él, coló-&lt;br /&gt;cale la gorra en la cabeza y torna, con indiferente&lt;br /&gt;ademán a su cañón. Y ante la expresión de vues tra&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 28&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;29&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aterrorizada fisonomía, dice el oficial boste zando,&lt;br /&gt;mientras lía su cigarrillo de amarillento papel:&lt;br /&gt;-Lo de cada día, de seis a siete hombres.&lt;br /&gt;..................................................................................................&lt;br /&gt;..........&lt;br /&gt;..................................................................................................&lt;br /&gt;..........&lt;br /&gt;¿Y ahora? Acabáis de ver a los defensores de&lt;br /&gt;Sebastopol en el lugar mismo de la defensa, y vo l-&lt;br /&gt;véis por vuestros mismos pasos, sin prestar, cosa&lt;br /&gt;extraña la menor atención a los proyectiles de cañón&lt;br /&gt;y de fusil que continúan cruzando, du rante todo el&lt;br /&gt;camino hasta que llegáis a las ruinas del teatro. Mar-&lt;br /&gt;cháis con tranquilidad, con el espíritu conmovido y&lt;br /&gt;confortado, pues poseéis ya la consoladora, certeza,&lt;br /&gt;de que nunca, en nin gún lugar será qu ebrantada la&lt;br /&gt;fuerza del pue blo ruso. Y esa seguridad la habéis&lt;br /&gt;sacado, no de la solidez de los parapetos y de las&lt;br /&gt;trincheras ingeniosamente combinadas, ni de las i n-&lt;br /&gt;numerables minas y cañones apilados unos sobre&lt;br /&gt;otros, y de todo aquello de que no comprendéis n a-&lt;br /&gt;da, sino de los ojos y las palabras y la actitud, de t o-&lt;br /&gt;do eso que se llama el espíritu de los de fensores de&lt;br /&gt;Sebastopol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 29&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;30&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay tanta sencillez y tan poco esfuerzo en&lt;br /&gt;cuanto, hacen, que os persuadís de que podrían, si&lt;br /&gt;fuera preciso, hacer cien veces más; que podrían ha-&lt;br /&gt;cerlo todo. Adivináis que los sentimientos que los&lt;br /&gt;impulsan no son los que habéis ex perimentado, va-&lt;br /&gt;nidosos, mezquinos, sino otros más potentes que&lt;br /&gt;obligan a los hombres a vivir  tranquilamente en el&lt;br /&gt;lodo, trabajando y en vela bajo los proyectiles, con&lt;br /&gt;cien suertes contra una de ser muertos, al revés de&lt;br /&gt;lo que constituye el lote común de sus semejantes. Y&lt;br /&gt;no es una cruz ni un ascenso; no es la fuerza de las&lt;br /&gt;amenazas lo que los somete a condiciones tan e s-&lt;br /&gt;pantosas de existencia,  es preciso que haya otro&lt;br /&gt;móvil más alto. Este móvil hállase en un sent i-&lt;br /&gt;miento, que se manifiesta muy poco, que se oculta&lt;br /&gt;con pudor, pero que está profundamente arraigado&lt;br /&gt;en el corazón de todo ruso: el amor a la patria. Aho-&lt;br /&gt;ra tan sólo es cuando se han convertido en realidad,&lt;br /&gt;en hechos, aquellas relaciones que cir culaban d u-&lt;br /&gt;rante el primer período del sitio de  Sebastopol;&lt;br /&gt;cuando no había, ni fortificaciones, ni soldados, ni&lt;br /&gt;posibilidad de mantenerse allí, no obstante, nadie&lt;br /&gt;admitía la idea de rendición, y aquellas palabras de&lt;br /&gt;Kordiloff, de ese héroe digno de la Grecia antigua,&lt;br /&gt;al decir a sus tro pas: «Hijos míos, moriremos , pero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 30&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;31&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no entregaremos a  Sebastopol!» Y la respuesta de&lt;br /&gt;los valientes soldados, incapaces de hacer frase a l-&lt;br /&gt;guna: «¡Moriremos, hurra!» ¡Así os representáis f á-&lt;br /&gt;cilmente, bajo las facciones de los que habéis visto,&lt;br /&gt;a los héroes de aquel período de prueba, que no&lt;br /&gt;perdieron el valor y que se aprestaron hasta con j ú-&lt;br /&gt;bilo a morir, no por la defensa de la ciudad, sino&lt;br /&gt;por la de la patria! ¡Rusia conservará durante mucho&lt;br /&gt;tiempo las señales su blimes de la epopeya de  Se-&lt;br /&gt;bastopol, de la que el pueblo ruso ha sido el héroe!&lt;br /&gt;... &lt;br /&gt;Declina la tarde; el sol, que va a desaparecer en&lt;br /&gt;el horizonte, hiende las nubes grises que lo ocultan&lt;br /&gt;e ilumina con sus rayos de púrpura el mar de verd o-&lt;br /&gt;sos reflejos, ondulado ligeramente, cubierto de n a-&lt;br /&gt;víos y otros buques, y las  casitas blancas de la&lt;br /&gt;ciudad y la población que  alli se mueve. En el bul e-&lt;br /&gt;var, la música de un regimiento toca un antiguo vals,&lt;br /&gt;a cuyas notas, que a lo lejos transmite el agua, únese&lt;br /&gt;el estampido de los cañonazos en acompañamiento&lt;br /&gt;extraño y sorprendente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 31&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;32&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SEBASTOPOL EN MAYO DE 1855.&lt;br /&gt;Seis meses han transcurrido desde que la pri-&lt;br /&gt;mera bomba lanzada de las fortificaciones de  Se-&lt;br /&gt;bastopol perforó la tierra, arrojándola sobre los tr a-&lt;br /&gt;bajos del enemigo; desde aquel día, miles de&lt;br /&gt;bombas, granadas y balas de cañón y de fusil no han&lt;br /&gt;cesado de cruzar de los baluartes a las trincheras y&lt;br /&gt;de las trincheras a los baluartes, cerniéndose el ángel&lt;br /&gt;de la muerte sobre aquel espacio.&lt;br /&gt;El amor propio de millares de seres, hase visto&lt;br /&gt;humillado en los unos, satisfecho en los otros, o&lt;br /&gt;apaciguado por el abrazo de la muerte. ¡Cuántos&lt;br /&gt;ataúdes color de rosa bajo envolturas de lienzo! Y&lt;br /&gt;siempre el mismo tronar en las mu rallas. Desde su&lt;br /&gt;campo, los franceses, impelidos por involuntario&lt;br /&gt;sentimiento de ansiedad y terror, examinan en una&lt;br /&gt;tarde serena el piso amarillento y hundido de los&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 32&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;33&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;baluartes de Sebastopol, sobre los cuales van y vi e-&lt;br /&gt;nen las obs curas siluetas de nuestros marinos;&lt;br /&gt;cuentan las troneras, de donde surgen cañones de&lt;br /&gt;hierro fundido de aspecto feroz; en la  torrecilla del&lt;br /&gt;telégrafo, un sargento observa con un anteojo a los&lt;br /&gt;soldados enemigos, sus baterías, sus tiendas, el m o-&lt;br /&gt;vimiento de sus columnas sobre el mamelón verde y&lt;br /&gt;el humo que sale de las trincheras; con igual ardor&lt;br /&gt;viene a converger de diferentes par tes del mundo,&lt;br /&gt;sobre aquel sitio fatal, multitud formada por razas&lt;br /&gt;heterogéneas y movida por los más contradictorios&lt;br /&gt;apetitos. La pólvora y la sangre no consiguen reso l-&lt;br /&gt;ver una cuestión que los diplomáticos no supieron&lt;br /&gt;zanjar. &lt;br /&gt;I&lt;br /&gt;En la sitiada  Sebastopol, la música de un re-&lt;br /&gt;gimiento toca en el bulevar. Muchedumbre de mil i-&lt;br /&gt;tares y mujeres vestidas con el traje de los domi n-&lt;br /&gt;gos, paséase por las avenidas. El sol  espléndido de&lt;br /&gt;primavera, salió por la mañana sobre las obras de&lt;br /&gt;sitio de los ingleses, pasó luego so bre los baluartes,&lt;br /&gt;sobre la ciudad y sobre el cuar tel Nicolás, espa r-&lt;br /&gt;ciendo alegremente para todos por igual su luz viv i-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 33&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;34&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ficadora; ahora ya, desciende hacia el lejano azul del&lt;br /&gt;mar, que ondula blan damente, rielando con facetas&lt;br /&gt;de plata.&lt;br /&gt;Un oficial de infantería, de elevada estatura, lige-&lt;br /&gt;ramente encorvado, sale, calzándose los guantes de&lt;br /&gt;dudosa blancura, pero presentables aún, de una de&lt;br /&gt;las casitas de marineros cons truidas a la izquie rda&lt;br /&gt;de la calle de la Marina. Dirígese hacia el bulevar&lt;br /&gt;mirándose las botas con aspecto distraído. La e x-&lt;br /&gt;presión de su rostro, francamente feo, no revela&lt;br /&gt;gran capacidad intelectual; pero la buena fe, el buen&lt;br /&gt;sentido, la honradez y el amor al orden se leen en él&lt;br /&gt;con claridad. Es poco airoso, y parece sentir alguna&lt;br /&gt;confusión por la torpeza de sus movimientos. C u-&lt;br /&gt;bierto con una gorra usada, viste capote de extraño&lt;br /&gt;color tirando a lila, bajo el cual se dis tingue la cade-&lt;br /&gt;na de oro del reloj; el pantalón es de trabillas y las&lt;br /&gt;botas limpias y relucientes, Si sus facciones no ate s-&lt;br /&gt;tiguaran su origen  puramente ruso, tomárasele por&lt;br /&gt;alemán, por un ayudante de campo o por el oficial&lt;br /&gt;de tren de un regimiento (es verdad que le faltan las&lt;br /&gt;espuelas), o bien por uno de aquellos oficiales de&lt;br /&gt;caballería que han permutado para tomar parte en la&lt;br /&gt;campaña. Esto era efectivamente, y al subir hacia el&lt;br /&gt;bulevar pensaba en la carta que había recibido poco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 34&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;35&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;antes de un  ex-compañero suyo, en la actualidad&lt;br /&gt;propietario en el Gobierno de F... y pensaba ta m-&lt;br /&gt;bién en la mujer de aquel compañero, la pá lida Na-&lt;br /&gt;tacha, de ojos azules, su gran amiga; recordando,&lt;br /&gt;sobre todo, el siguiente párrafo:&lt;br /&gt;«Cuando llega El  Inválido5, Pupka (así lla ma el&lt;br /&gt;ex-hulano a su mujer) precipítase a la antesala, se&lt;br /&gt;apodera del periódico y se arroja sobre el  dos-á-dos&lt;br /&gt;del berceau6 en el salón donde pasamos tan buenas&lt;br /&gt;veladas de invierno contigo cuando tu regimiento&lt;br /&gt;estuvo de guarni ción en esta ciudad. ¡No puedes&lt;br /&gt;figurarte con qué entusiasmo lee las relaciones de&lt;br /&gt;vuestras heroicas hazañas! ¡ Mikhailof, repite con&lt;br /&gt;frecuencia  hablando de ti, es una perle;  me arrojaré a&lt;br /&gt;su cuello cuando lo vea! Se bate en los baluartes: Il se&lt;br /&gt;bat sur les bastions, lui, y le darán la cruz de San Jorge,&lt;br /&gt;y hablarán de él todos los periódicos. En fin, que&lt;br /&gt;casi comienzo a sentir celos de ti. Los diarios tardan&lt;br /&gt;muchísimo en llegar, y a pesar de que mil noticias&lt;br /&gt;corren de boca en boca, no es posible dar a todas&lt;br /&gt;crédito. Por ejemplo, tus excelentes amigas las demoi-&lt;br /&gt;selles  a musique, referían ayer que  Napoleón, cogido&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;5 Periódico militar ruso.&lt;br /&gt;6 Enrejado de madera cubierto de hiedra, que fue de moda en los&lt;br /&gt;salones rusos en otro tiempo con esa denominación francesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 35&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;36&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;prisionero por nuestros cosacos, había sido llevado&lt;br /&gt;a Petersburgo. ¡Ya comprenderás que en eso no p u-&lt;br /&gt;de creer!... Poco después, un recién llegado de la c a-&lt;br /&gt;pital, un funcionario agregado al ministerio, joven&lt;br /&gt;encantador y el gran recurso para nuestra ciudad,&lt;br /&gt;ahora desierta, nos aseguraba que los nuestros h a-&lt;br /&gt;bían ocupado Eupatoria, lo que impido a los france-&lt;br /&gt;ses la comunicación con  Balaklava ; que habíamos&lt;br /&gt;perdido doscientos hombres en la em presa, y ellos&lt;br /&gt;cerca de quince mil. Mi mujer sintió tanta alegría,&lt;br /&gt;que ha bamboché7 toda la noche, y sus presentimie n-&lt;br /&gt;tos le dicen que has tomado parte en la expedición y&lt;br /&gt;te has distinguido..»&lt;br /&gt;           A pesar de las palabras, las expresiones sub-&lt;br /&gt;rayadas y el tono general de la carta, no podía m e-&lt;br /&gt;nos el capitán Mikhailof de transportarse en pens a-&lt;br /&gt;miento, con dulce y triste satisfacción, junto a su&lt;br /&gt;pálida amiga provinciana; recordan do sus conversa-&lt;br /&gt;ciones sobre los sentimientos en el  berceau del salón,&lt;br /&gt;y cómo su buen compañero el ex-hulano se enfada-&lt;br /&gt;ba y les ponía multas en las partidas de naipes a&lt;br /&gt;tanto de un kopek, cuando lograban organizar alg u-&lt;br /&gt;na en el gabinete, y cómo su mujer se burlaba de él&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;7 Bromeado, chanceado, alborotado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 36&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;37&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;riendo, recordaba la amistad que aquellas buenas&lt;br /&gt;gentes le demostraban siempre, y ¡quién sabe si h a-&lt;br /&gt;bía algo más que amistad por parte de su pálida&lt;br /&gt;amiga! Todas aquellas figuras evocadas de un cu a-&lt;br /&gt;dro familiar surgían en su imaginación, que les&lt;br /&gt;prestaba maravilloso y dulce encanto.  Veíalas de&lt;br /&gt;color de rosa, y sonriendo ante aquellas imá genes,&lt;br /&gt;oprimía cariñosamente con la mano la carta allá en&lt;br /&gt;el fondo del bolsillo.&lt;br /&gt;Tales recuerdos transportaron involuntaria-&lt;br /&gt;mente al capitán a sus esperanzas, a sus sueños.&lt;br /&gt;-¡Cuánto será - decíase mientras seguía por la&lt;br /&gt;angosta calleja, -el asombro y la alegría de  Natacha&lt;br /&gt;cuando lea en El Inválido que he sido el primero en&lt;br /&gt;coger un cañón y que me han dado la Cruz de San&lt;br /&gt;Jorge! Debo ascender a capitán mayor, ya hace m u-&lt;br /&gt;cho tiempo que estoy propuesto, y me será después&lt;br /&gt;muy fácil, en el trans curso del año, llegar a jefe de&lt;br /&gt;batallón (comandante de ejército); pues muchos son&lt;br /&gt;muertos y no pocos lo habrán de ser aún en esa&lt;br /&gt;campaña. Mas adelante, en cualquiera otra ac ción&lt;br /&gt;futura, cuando me haya dado bien a conocer, me da-&lt;br /&gt;rán un regimiento, y heme aquí ya teniente coronel,&lt;br /&gt;comendador de Santa Ana; luego coronel...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 37&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;38&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se veía ya General, honrando, con su visita a&lt;br /&gt;Natacha, la viuda de su compañero (el cual, para sus&lt;br /&gt;cálculos, debía morirse por entonces), cuando los&lt;br /&gt;acordes de la música militar llegaron distintamente a&lt;br /&gt;sus oídos; la multitud de paseantes atrajo sus mir a-&lt;br /&gt;das y encontróse en el bulevar tal y como era, es d e-&lt;br /&gt;cir, capitán de segunda clase de infantería.&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;Acercóse desde luego al pabellón junto al en&lt;br /&gt;que tocaban algunos músicos: unos cuantos sol-&lt;br /&gt;dados del mismo regimiento les servían de atri les,&lt;br /&gt;para lo cual mantenían abiertos ante ellos los pap e-&lt;br /&gt;les de música, y un no muy numeroso círculo los&lt;br /&gt;rodeaba:  furrieles, sargentos, criadas y chiquillos&lt;br /&gt;ocupados más en mirar que en oír. En torno del p a-&lt;br /&gt;bellón, marinos, ayudantes de oficiales con guante&lt;br /&gt;blanco, permanecían de pie o sentados, o paseaban;&lt;br /&gt;más lejos, en el paseo central,  veíase una mezcla de&lt;br /&gt;oficiales de todas armas y mujeres de todas clases,&lt;br /&gt;algunas con sombrero, la mayoría de pañuelo a la&lt;br /&gt;cabeza; otras no llevaban ni sombrero ni pañuelo,&lt;br /&gt;pero, cosa particular, no había viejas; todas eran j ó-&lt;br /&gt;venes. Más abajo, en las calles sombrías y olorosas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 38&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;39&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de acacias blancas,  distinguíanse algu nos grupos&lt;br /&gt;aislados, en reposo o en marcha. Al ver al capitán&lt;br /&gt;Mikhailof, nadie demostró el menor júbilo, a excep-&lt;br /&gt;ción quizá de los capitanes de su regimiento  Objo-&lt;br /&gt;gof y  Suslikof, que le estre charon la mano&lt;br /&gt;calurosamente; pero el primera no llevaba guantes,&lt;br /&gt;sino pantalón de piel de camello y capote raído, y su&lt;br /&gt;cara, encendida apa recía, cubierta de sudor; el s e-&lt;br /&gt;gundo hablaba a gritos, con un desenfado  molestí-&lt;br /&gt;simo. En fin, que no era muy halagüeño pasearse&lt;br /&gt;con tal compañía, sobre todo, en presencia de of i-&lt;br /&gt;ciales enguantados. Entre éstos se encontraba, un&lt;br /&gt;ayudante de campo con el que Mikhailof cambió un&lt;br /&gt;saludo, y un oficial de Estado Mayor, al que también&lt;br /&gt;hubiera podido saludar por haberse visto con él dos&lt;br /&gt;veces en casa de un amigo común. No sentía, pues,&lt;br /&gt;positivamente, ningún placer en pasear con aquellos&lt;br /&gt;dos compañeros, que encontraba cinco o seis veces&lt;br /&gt;al día, y a los cuales estrechaba todas ellas la mamo;&lt;br /&gt;no había venido al paseo para semejante cosa.&lt;br /&gt;Hubiera querido acercarse al ayudante de campo&lt;br /&gt;con el cual cambiara el saludo, y alternar con aqu e-&lt;br /&gt;llos caballeros, no para que los capita nes Objogof,&lt;br /&gt;Suslikof, el teniente Paschtezky y otros le vieran con&lt;br /&gt;ellos en conversación, sino sencillamente porque&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 39&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;40&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;eran personas agradables al corriente de las noticias,&lt;br /&gt;y que le habrían referido algo nuevo. ¿Por qué tiene&lt;br /&gt;miedo Mikhailof y no se decide a abordarlos? ¿Es&lt;br /&gt;que se pregunta con inquietud lo que hará si esos se-&lt;br /&gt;ñores no le devuelven el saludo; si continúan cha r-&lt;br /&gt;lando entre sí, haciendo como que no le han visto y&lt;br /&gt;si se alejan dejándolo solo entre los aris tócratas? La&lt;br /&gt;palabra aristócrata, en sentido de grupo escogido,&lt;br /&gt;entresacado del montón, perte neciente a cualquier&lt;br /&gt;clase, ha adquirido desde hace algún tiempo entre&lt;br /&gt;nosotros, en Rusia, donde no debiera haber echado&lt;br /&gt;raíces, a lo que parece, extraordinaria popularidad,&lt;br /&gt;penetrando en todas las capas sociales en donde la&lt;br /&gt;vanidad se infiltrara. ¿Y dónde no se infiltra tan l a-&lt;br /&gt;mentable flaqueza? En todas partes, entre los em-&lt;br /&gt;pleados, los comerciantes, los furrieles, los oficiales;&lt;br /&gt;en Saratof, en Mamadisch, en Venitsy, en tina pal a-&lt;br /&gt;bra, doquiera que haya hombres. Ahora bien: como&lt;br /&gt;en la ciudad sitiada de  Sebastopol hay muchos&lt;br /&gt;hombres, hay. también  muchísima vanidad; lo cual&lt;br /&gt;quiere decir que los aristócratas están en gran núme-&lt;br /&gt;ro, por más que la muerte se cierna constantemente&lt;br /&gt;sobre las cabezas de todos, aristócratas o no.&lt;br /&gt;Para el capitán  Objogof, el capitán de segun da,&lt;br /&gt;Mikhailof, es un aristócrata; para el capitán de s e-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 40&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;41&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;gunda, Mikhailof, el ayudante de campo  Kaluguin&lt;br /&gt;será un aristócrata, porque es tal ayu dante de ca m-&lt;br /&gt;po, y se trata con tal otro ayudante; en fin, para Ka-&lt;br /&gt;luguin, el conde Nordof será un aristócrata, porque&lt;br /&gt;es ayudante del Emperador.&lt;br /&gt;¡Vanidad, vanidad y sólo vanidad ¡Hasta junto&lt;br /&gt;al ataúd y entre gentes prontas a morir por una idea&lt;br /&gt;elevada! ¿No será, la vanidad el rasgo característico,&lt;br /&gt;la enfermedad que distin gue al siglo actual? ¿Por&lt;br /&gt;qué no se conocía en otro tiempo esta debilidad,&lt;br /&gt;más de lo que eran conocidos el cólera o las viru e-&lt;br /&gt;las? ¿Por qué no existen en nuestros días más que&lt;br /&gt;tres clases de hombres: unos que aceptan la vanidad&lt;br /&gt;como un hecho existente, necesario, y por cons e-&lt;br /&gt;cuencia justo, y que se someten a él libremente;&lt;br /&gt;otros que la consideran como un elemento nefasto,&lt;br /&gt;pero imposible de destruir, y los últimos que obran&lt;br /&gt;bajo su influencia con inconsciente servilismo? ¿Por&lt;br /&gt;qué los Homeros y los Shakespeare hablan de amor,&lt;br /&gt;de gloria y de sufrimientos mientras que la literatura&lt;br /&gt;de nuestro siglo abarca sólo la interminable historia&lt;br /&gt;del snobismo de la vanidad?&lt;br /&gt;Mikhailof, siempre indeciso, pasó dos veces por&lt;br /&gt;delante del grupito de aristócratas; a la ter cera, ha-&lt;br /&gt;ciéndose violencia, se aproximó a ellos. El grupo se&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 41&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;42&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;componía de cuatro oficiales, el ayu dante de campo&lt;br /&gt;Kaluguin, a quien  Mikhailof conocía; el también&lt;br /&gt;ayudante de campo príncipe Galtzin, aristócrata pa-&lt;br /&gt;ra el mismo Kaluguin; el coronel  Neferdof, uno de&lt;br /&gt;los ciento veintidós ( apellidábase así un grupo de&lt;br /&gt;oficiales de la bue na sociedad que habían vuelto al&lt;br /&gt;servicio para tomar parte en la guerra), y por último,&lt;br /&gt;el capitán de caballería, Praskunin, que también figu-&lt;br /&gt;raba entre los ciento veintidós. Afortunadamen te&lt;br /&gt;para Mikhailof, Kaluguin, estaba en la me jor dispo-&lt;br /&gt;sición de ánimo (acababa de hablar el General muy&lt;br /&gt;confidencialmente con él y el príncipe  Galtzin, re-&lt;br /&gt;cién llegado de Petersburgo, habíase detenido en su&lt;br /&gt;casa), así es que no creyó comprometerse tendiendo&lt;br /&gt;la mano a un capitán de segunda.  Praskunin no se&lt;br /&gt;decidió a tanto, aunque encontraba a menudo a  Mi-&lt;br /&gt;khailof en el baluarte y hubiese bebido mas de una&lt;br /&gt;vez de su vino y su aguardiente, y hasta le debiera&lt;br /&gt;además aún doce rublos y medio de una partida de&lt;br /&gt;favor. Como conocía poco al príncipe Galtzin, no le&lt;br /&gt;agradaba demostrar ante él su intimidad con un s e-&lt;br /&gt;gundo capitán de infantería; se limitó, pues a saludar&lt;br /&gt;a éste ligeramente.&lt;br /&gt;-Y bien, capitán  -dijo Kaluguin,- ¿cuándo vo l-&lt;br /&gt;vemos a ese baluarte de tres al cuarto? ¿Se acuerda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 42&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;43&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;usted de nuestro encuentro en el reduc to Schwarz?&lt;br /&gt;¡Se batía bien el cobre! ¿eh?&lt;br /&gt;- Sí, se batía  - respondió Mikhailof, recordando&lt;br /&gt;aquella noche en que, al subir por la trin chera hacia&lt;br /&gt;el baluarte, encontró a  Kaluguin que caminaba con&lt;br /&gt;desenvoltura haciendo sonar de firme su sable  - No&lt;br /&gt;me tocaba ir hasta mañana - prosiguió,  - pero tene-&lt;br /&gt;mos un oficial enfermo...&lt;br /&gt;Y se disponía a contar cómo, aunque no le co-&lt;br /&gt;rrespondiera el turno, había creído deber ocupar el&lt;br /&gt;puesto del teniente  Nepchissetzky, porque el c o-&lt;br /&gt;mandante de la compañía estaba también en fermo y&lt;br /&gt;sólo quedaba, un cadete; pero  Kaluguin no le dejó&lt;br /&gt;concluir.&lt;br /&gt;          -Presiento - dijo, volviéndose hacia el prín-&lt;br /&gt;cipe, Galtzin - que tendremos algo estos días.&lt;br /&gt;          -¿Y no pudiera ser que ese algo, ocurriese&lt;br /&gt;hoy?  - preguntó tímidamente  Mikhailof, miran do&lt;br /&gt;uno tras otro a Kaluguin y Galtzin.&lt;br /&gt;Nadie le contestó; el Príncipe hizo un ligero mohín,&lt;br /&gt;y dirigiendo una mirada por encima de la gorra de&lt;br /&gt;Mikhailof.&lt;br /&gt;-¡Qué bonita, muchacha!  - dijo tras unos mi-&lt;br /&gt;nutos de silencio,  -allá abajo, con el pañuelo co-&lt;br /&gt;lorado. ¿La conoce usted, capitán?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 43&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;44&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es hija de un marin ero; vive junto a mi casa&lt;br /&gt;-respondió éste.&lt;br /&gt;-Vamos a verla más de cerca.&lt;br /&gt;Y el príncipe Galtzin se cogió del brazo: por un&lt;br /&gt;lado a Galuguin, por el otro, al capitán de segunda,&lt;br /&gt;persuadido de que proporcionaba a éste, al proceder&lt;br /&gt;así, viva satisfacción. Y no se en gañaba. Mikhailof&lt;br /&gt;era supersticioso, y a sus ojos, gran pecado ocuparse&lt;br /&gt;de mujeres antes de en trar en fuego; pero aquel día&lt;br /&gt;se las echó de li bertino. Ni Kaluguin ni  Galtzin se&lt;br /&gt;dejaron engañar; la joven del pañuelo de color se&lt;br /&gt;sorprendió mucho, pues más de una vez había o b-&lt;br /&gt;servado que el capitán se ponía colorado al pasar&lt;br /&gt;ante su ventana. Praskunin iba detrás de los otros y&lt;br /&gt;daba con el codo al Príncipe, haciendo toda suer te&lt;br /&gt;de comentarios en francés, pero como el estre cho&lt;br /&gt;callejón de árboles no les permitía marchar los cu a-&lt;br /&gt;tro de frente, tuvo que quedarse atrás y cogerse, en&lt;br /&gt;la segunda vuelta, al brazo de Servraguine, oficial de&lt;br /&gt;marina, conocido por su bravura excepcional y muy&lt;br /&gt;deseoso de mezclarse al grupo de los aristócratas.&lt;br /&gt;Este valiente pasó con júbilo su mano honrada y&lt;br /&gt;musculosa sobre el brazo de  Praskunin, a pesar de&lt;br /&gt;saber que éste no era de lo más intachable ni mucho&lt;br /&gt;menos. Para explicar al príncipe  Galtzin su intim i-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 44&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;45&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;dad con aquel marino,  Praskunin murmuró a su o í-&lt;br /&gt;do que era un bravo de gran reputación; pero el&lt;br /&gt;Príncipe, que estuviera la víspera en el cuarto b a-&lt;br /&gt;luarte, y vio allí estallar una bomba a veinte pasos de&lt;br /&gt;su persona, considerábase igual en valor a aquel c a-&lt;br /&gt;ballero; así es que, convencido de que la mayor&lt;br /&gt;parte de las reputaciones son exagera das, no prestó&lt;br /&gt;la menor atención a Servraguine.&lt;br /&gt;Mikhailof se sentía tan gozoso al pasear con tan&lt;br /&gt;brillante compañía, que ya ni se acordaba de la pr e-&lt;br /&gt;ciada carta de F... ni de las lúgubres reflexiones que&lt;br /&gt;le asaltaran siempre que iba al baluarte. Permaneció,&lt;br /&gt;pues, con ellos hasta que lo excluyeron visiblemente&lt;br /&gt;de su conversación, evitando sus miradas como p a-&lt;br /&gt;ra darle a comprender  que podía continuar solo su&lt;br /&gt;camino. Por fin, lo plantaron. A pesar de esto estaba&lt;br /&gt;tan satisfecho, que, permaneció indiferente ante la&lt;br /&gt;expresión altanera con que el junker8 barón Pesth, se&lt;br /&gt;incorporó, descubriéndose delante de él. Aquel j o-&lt;br /&gt;ven se había vuelto muy orgulloso desde que pasara&lt;br /&gt;su primera noche bajo el blin daje del baluarte n ú-&lt;br /&gt;mero 5, lo cual lo transfor mó en un héroe  a sus&lt;br /&gt;propios ojos.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;8 Sargento o suboficial noble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 45&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;46&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Apenas hubo transpuesto  Mikhailof el umbral&lt;br /&gt;de su casa, cuando muy diferentes pensamientos&lt;br /&gt;asaltaron su imaginación. Volvió a contemplar su&lt;br /&gt;reducido cuarto, en el que la tierra apisonada fo r-&lt;br /&gt;maba el pavimento; sus ventanas deformes, cuyos&lt;br /&gt;cristales ausentes habían sido reemplaza dos por&lt;br /&gt;trozos de papel; su antigua cama, sobre la cual vel a-&lt;br /&gt;se clavado en la pared un tapiz viejo que represe n-&lt;br /&gt;taba una amazona; las dos pistolas de  Tula colgadas&lt;br /&gt;a la cabecera, y allí mismo, al lado, otra cama poco&lt;br /&gt;limpia cubierta con una colcha de percal; la del  jun-&lt;br /&gt;ker, que compartía con él el alojamiento. Y vio a su&lt;br /&gt;asistente Nikita que se levantó del suelo donde est a-&lt;br /&gt;ba sentado, rascándose la pelambrera grasienta y&lt;br /&gt;enmarañada, y la capa vieja, las botas de  servicio, y&lt;br /&gt;el paquete preparado para pasar la noche en el b a-&lt;br /&gt;luarte; una servilleta de la cual salía el canto de un&lt;br /&gt;trozo de queso, y el cuello de una botella de agua r-&lt;br /&gt;diente. De pronto se acordó que aquella misma n o-&lt;br /&gt;che debía conducir su compañía a las casasmatas.&lt;br /&gt;-Me matarán, es la. Fija  - díjose, -lo presiento;&lt;br /&gt;tanto más, cuanto que me he ofrecido yo mismo a ir,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 46&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;47&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y el que hace un servicio voluntario está siempre s e-&lt;br /&gt;guro de morir en él. ¿Y qué en fermedad será la de&lt;br /&gt;ese maldito  Nepchissetzky? ¿Quién sabe? ¡Puede&lt;br /&gt;ser que lo esté mucho!... Y gracias a él matarán a un&lt;br /&gt;hombre; sí, lo matarán, de seguro! Aunque... si no&lt;br /&gt;me matan, me incluirán en propuesta... Ya he visto&lt;br /&gt;la satisfacción del coronel cuando le pedí licencia&lt;br /&gt;para reemplazar a  Nepchissetzky, por estar enfe r-&lt;br /&gt;mo. ¡Si no es el empleo de mayor será la cruz de&lt;br /&gt;Vladimiro, seguramente! Y es la décima ter cera vez&lt;br /&gt;que voy al baluarte. ¡Oh, oh!, 13; mal número, me&lt;br /&gt;matarán de fijo; tengo la certeza, lo siento! Sin e m-&lt;br /&gt;bargo, la compañía no puede ir con un cadete. Y si&lt;br /&gt;ocurriera algo... la hon ra del regimiento, la del ejé r-&lt;br /&gt;cito, podría verse comprometida... Mi deber es ir...&lt;br /&gt;Sí; deber sagrado... Pero de todas maneras, tengo el&lt;br /&gt;presentimiento...&lt;br /&gt;Y el capitán olvidábase de que había tenido ese&lt;br /&gt;mismo presentimiento, con más o menos fuerza,&lt;br /&gt;cada vez que fue al baluarte, e ignoraba que todos&lt;br /&gt;cuantos han de entrar en fuego lo ex perimentan&lt;br /&gt;siempre, bien que con diferente in tensidad. Pero&lt;br /&gt;más tranquilo por la noción del deber que había d e-&lt;br /&gt;sarrollado particularmente,  sentóse a la mesa y e s-&lt;br /&gt;cribió una carta, de despedida a su padre; a los diez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 47&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;48&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;minutos, con los ojos húmedos, levantóse y comen-&lt;br /&gt;zó a vestirse, repitiendo mentalmente todas las or a-&lt;br /&gt;ciones que sabía de memoria. Su asistente, un&lt;br /&gt;animalote, medio borracho lo ayudó a ponerse la&lt;br /&gt;levita nueva, pues la vieja que usaba de ordinario&lt;br /&gt;para ir al baluarte no estaba recompuesta.&lt;br /&gt;-¿Por qué no has arreglado la levita?  -No pien-&lt;br /&gt;sas mas que en dormir, animal!&lt;br /&gt;-¡Dormir...- gruñó  Nikita,- cuando todo el día&lt;br /&gt;hay que correr como un perro; se revienta uno! ¡Y&lt;br /&gt;después de esto aun habrá que no dormir!&lt;br /&gt;-Vuelves a estar borracho, por lo que veo.&lt;br /&gt;-No he bebido con su dinero de usted, ¿por qué&lt;br /&gt;me regaña?...&lt;br /&gt;-¡Silencio, bruto!  -gritó el capitán, pronto a s a-&lt;br /&gt;cudir al asistente.&lt;br /&gt;Nervioso y agitado como estaba ya, la. estupidez&lt;br /&gt;de Nikita hacíale perder la paciencia. No obstante,&lt;br /&gt;apreciaba a aquel hombre, y aun lo to leraba más de&lt;br /&gt;lo debido. Teníalo junto  sí hacía más de doce años.&lt;br /&gt;-¡Bruto, bruto! -repetía el soldado. -¿Por qué me&lt;br /&gt;injuria usted, señor? ¡Y en qué momen to! ¡No está&lt;br /&gt;bien insultarme.&lt;br /&gt;Mikhailof recordó a qué lugar iba y le dio ve r-&lt;br /&gt;güenza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 48&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;49&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Harás perder la paciencia a un santo,  Nikita -&lt;br /&gt;dijo c</description>
            <pubDate>Sun, 27 May 2007 10:26:12 +0100</pubDate>
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            <title>sebastopol</title>
            <link>http://sebastopol.blogcindario.com/2007/05/00004-sebastopol.html</link>
            <description>-Sin embargo, me han dicho que los habéis r e-&lt;br /&gt;chazado - replicó con mal humor  Galtzin.  -¿Será&lt;br /&gt;quizá después que te retiraste?... ¿ Hace mucho?&lt;br /&gt;-Ahora mismo, Vuestra Nobleza; la trinchera&lt;br /&gt;debe ser suya; nos llevaban ventaja.&lt;br /&gt;-¿Pero, no os ha dado vergüenza? i Aban donar&lt;br /&gt;la trinchera! ¡Es horroroso!  -dijo Galtzin, indignado&lt;br /&gt;por la indiferencia de aquel hombre.&lt;br /&gt;_ ¿Y cómo no, cuando él es más fuerte?&lt;br /&gt;_ ¡Eh; Vuestra Nobleza!  -dijo entonces un so l-&lt;br /&gt;dado conducido en camilla.  -¿ Cómo no aban-&lt;br /&gt;donarla cuando nos matan a todos? ¡Ah! Sí hu-&lt;br /&gt;biéramos tenido la fuerza no la hubiésemos aban-&lt;br /&gt;donado nunca. ¿Pero qué hacer? Yo acababa de&lt;br /&gt;pinchar a uno cuando recibí el golpe. Con cui dado&lt;br /&gt;hermanos, con cuidado:  ¡ay¡ por favor  gemía el he-&lt;br /&gt;rido.&lt;br /&gt;-Vamos; se vuelve demasiada gente  -dijo&lt;br /&gt;Galtzin deteniendo otra vez al soldado de los dos&lt;br /&gt;fusiles. -¿Por qué te retiras tú, eh? i Alto!&lt;br /&gt;El soldado obedeció, quitándose la gorra con la&lt;br /&gt;mano izquierda.&lt;br /&gt;-¿ Adónde vas?  -siguió severamente el Prín cipe&lt;br /&gt;-¿Y quién te ha permitido retirarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 63&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;64&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces, habiéndose acercado más, vio&lt;br /&gt;que el brazo derecho del soldado estaba cubierto de&lt;br /&gt;sangre hasta el codo.&lt;br /&gt;-Estoy herido, Vuestra Nobleza.&lt;br /&gt;-¡Herido! ¿Dónde?&lt;br /&gt;-Aquí, de bala -y enseñó su brazo. -Pero no sé lo&lt;br /&gt;que me han roto también aquí.&lt;br /&gt;Y bajando la cabeza, dejó ver sobre la nuca m e-&lt;br /&gt;chones de cabellos pegados entre sí por la sangre&lt;br /&gt;coagulada.&lt;br /&gt;-Y ese fusil, ¿de quién es?&lt;br /&gt;-Es una carabina francesa, Vuestra Noble za; la&lt;br /&gt;he cogido. No me hubiera retirado, pera era preciso&lt;br /&gt;conducir a este  soldadillo; puede caerse  -y el hom-&lt;br /&gt;bre señaló a un infante que marchaba algunos pasos&lt;br /&gt;delante de ellos arras trando penosamente la pierna&lt;br /&gt;izquierda.&lt;br /&gt;El príncipe  Galtzin  sintióse cruelmente aver-&lt;br /&gt;gonzado de sus injustas sospechas, y conociendo&lt;br /&gt;que se turbaba, volvió el rostro, y sin pregun tar ni&lt;br /&gt;vigilar ya a los heridos dirigióse a la ambulancia.&lt;br /&gt;Abriéndose camino con trabajo hasta el portal, a&lt;br /&gt;través de los soldados, parihuelas, camilleros que&lt;br /&gt;entraban con heridos y salían con cadáveres, pen e-&lt;br /&gt;tró en la Primera sala, lanzó una ojea da, en torno&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 64&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;65&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;suyo, retrocedió involuntariamente y salió con apr e-&lt;br /&gt;suramiento a la calle. Lo que acaba de ver era dem a-&lt;br /&gt;siado horrible. &lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;La gran sala, sombría y de elevado techo, ilu-&lt;br /&gt;minada solamente por cuatro o cinco bujías que los&lt;br /&gt;médicos transportaban para examinar a los pacie n-&lt;br /&gt;tes, estaba, tal como suena, atestada de gente. Los&lt;br /&gt;camilleros traían sin cesar nuevos heridos y los d e-&lt;br /&gt;positaban uno junto a otro en tierra; la prisa era tal,&lt;br /&gt;que los infelices se em pujaban, bañándose en la&lt;br /&gt;sangre de sus vecinos. Charcos de ella se estancaban&lt;br /&gt;en los huecos vacíos; la respiración febril de algunos&lt;br /&gt;centenares de hombres, el sudor de los portadores&lt;br /&gt;de heridos, desprendía de si una atmó sfera pesada,&lt;br /&gt;espesa, pestífera, en la que ardían sin brillo las bujías&lt;br /&gt;encendidas en diferentes puntos de la sala;  sentíase&lt;br /&gt;murmullo confuso de gemidos, suspiros, ronquidos,&lt;br /&gt;que gritos penetrantes interrumpían. Algunas he r-&lt;br /&gt;manas, cuyos tranquilos rostros expresaban  no la&lt;br /&gt;compasión fútil y lacrimosa de la mujer, sino interés&lt;br /&gt;despierto y vivo, se deslizaban de acá para allá entre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 65&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;66&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los capotes y las camisas ensangrentadas, pasando a&lt;br /&gt;veces sobre los heridos para llevarles medicame n-&lt;br /&gt;tos, agua, ven dajes e hilas. Los médicos, con las&lt;br /&gt;mangas remangadas, arrod illados ante los heridos,&lt;br /&gt;bajo la luz de las teas que sus ayudantes sostenían,&lt;br /&gt;examinaban y sondaban las heridas sin hacer caso&lt;br /&gt;de los gritos espantosos y de las súplicas de los p a-&lt;br /&gt;cientes. Sentado sobre una manta junto a la  puerta&lt;br /&gt;un mayor inscribía el número 532.&lt;br /&gt;-Ivan  Bogosef, fusilero, de la 3º compañía, del&lt;br /&gt;regimiento, de C... fractura  femuris complicata -gritaba&lt;br /&gt;al otro extremo de la sala uno de los cirujanos,&lt;br /&gt;mientras curaba una pierna rota- ¡Volvedle!&lt;br /&gt;-¡Ay, ay! padres míos  -murmuraba roncamente&lt;br /&gt;el soldado, suplicando que lo dejaran tranquilo.&lt;br /&gt;-Perforatio capitis. Simón Neferdof, teniente coro-&lt;br /&gt;nel del regimiento N. Tenga usted un poco de p a-&lt;br /&gt;ciencia, coronel; no hay medio... tendré que dejarle a&lt;br /&gt;usted ahí -decía un tercero que sondaba con una e s-&lt;br /&gt;pecie de corchete en la cabe za al desventur ado ofi-&lt;br /&gt;cial.&lt;br /&gt;-¡En nombre del Cielo, conclu ya usted de una&lt;br /&gt;vez!&lt;br /&gt;-Perforatio pectoris. Sebastián Sereda, de infantería,&lt;br /&gt;¿qué regimiento? Por lo demás es inú til; no lo in s-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 66&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;67&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;criba usted,  moritur. Llevárselo  añadió el médico&lt;br /&gt;alejándose del moribundo, que con la vista vidriosa&lt;br /&gt;y extraviada agonizaba ya.&lt;br /&gt;Unos cuarenta soldados camilleros esperaban su&lt;br /&gt;carga a la puerta: de vivos enviados al hos pital y de&lt;br /&gt;muertos a la capilla. Aguardaban si lenciosos, y a ve-&lt;br /&gt;ces escapábaseles algún sus piro, mientras co ntem-&lt;br /&gt;plaban aquel cuadro. &lt;br /&gt;VIII&lt;br /&gt;Kaluguin encontró muchos más heridos al di-&lt;br /&gt;rigirse al baluarte. Conociendo prácticamente la i n-&lt;br /&gt;fluencia perjudicial que este espectáculo pro duce en&lt;br /&gt;el ánimo do todo hombre que va a entrar en fuego,&lt;br /&gt;no tan sólo no los detuvo para interro garlos, sino&lt;br /&gt;que se esforzó en no prestar aten ción a tales e n-&lt;br /&gt;cuentros.&lt;br /&gt;Al pie de la montaña se cruzó con un oficial de&lt;br /&gt;órdenes, que bajaba del baluarte a rienda suelta.&lt;br /&gt;-¡Zobkin, Zobkin! un momento.&lt;br /&gt; -¿Qué?&lt;br /&gt; -¿De dónde viene usted?&lt;br /&gt;-De los alojamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 67&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;68&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y bien, ¿qué pasa allí? ¿Arrecia la cosa ?&lt;br /&gt;-¡Oh! terriblemente.&lt;br /&gt;Y el oficial se alejó al galope. La fusilería parecía&lt;br /&gt;ir cesando; en cambio el cañoneo prose guía con&lt;br /&gt;nuevo vigor.&lt;br /&gt; -¡Hum! mal negocio- penso Kaluguin.&lt;br /&gt;Experimentaba una sensación indefinible muy&lt;br /&gt;desagradable; hasta llegó a tener un presentimiento,&lt;br /&gt;es decir, una idea muy común... la idea, de la muerte.&lt;br /&gt;Kaluguin tenía amor propio y nervios de ace ro;&lt;br /&gt;era, en una palabra, lo que se ha convenido en ap e-&lt;br /&gt;llidar un valiente. No se dejó, pues, dominar por&lt;br /&gt;aquella primera impresión, sino que reanimó su v a-&lt;br /&gt;lor recordando el caso de un ayu dante de Napoleón&lt;br /&gt;que regresó con la cabeza en sangrentada, de spués&lt;br /&gt;de transmitir una orden urgente.&lt;br /&gt;-¿Está usted herido? -le preguntó el Emperador.&lt;br /&gt;-Con permiso de Vuestra Majestad, ¡estoy&lt;br /&gt;muerto! -respondió el ayudante, que cayendo del ca-&lt;br /&gt;ballo expiró en el sitio.&lt;br /&gt;Aquella anécdota le gustaba. Colocándose, con&lt;br /&gt;la imaginación en el puesto de aquel ayudante, fust i-&lt;br /&gt;gó a su caballo, adoptó un aire más a la cosaca, al i-&lt;br /&gt;neándose con una mirada con el or denanza que lo&lt;br /&gt;seguía al trote apoyado en los estribos, llegó al&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 68&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;69&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;punto donde debía desmontar. Allí encontró a cu a-&lt;br /&gt;tro soldados que fumaban su pipa sentados sobre&lt;br /&gt;unas piedras.&lt;br /&gt;-¿Qué hacéis aqui? -les gritó.&lt;br /&gt;-Mire Vuestra Nobleza; hemos transportado un&lt;br /&gt;herido, y descansábamos un poco -dijo uno de ellos,&lt;br /&gt;ocultando su pipa tras de la espalda y quitándose el&lt;br /&gt;gorro.&lt;br /&gt;-¡Está bien!... ¡Descansáis! ¡Largo; a vuestros&lt;br /&gt;puestos!&lt;br /&gt;Y poniéndose a su frente avanzó con ellos por&lt;br /&gt;la trinchera, encontrando heridos a cada mo mento.&lt;br /&gt;En lo alto de la meseta giró a la izquier da, y encon-&lt;br /&gt;tróse, algunos pasos más allá, com pletamente solo.&lt;br /&gt;Un casco de bomba, silbó muy cerca de él, yendo a&lt;br /&gt;sepultarse en la trinchera;  una granada que se elevó&lt;br /&gt;por los aires parecía dirigirse recta contra su pecho;&lt;br /&gt;presa de terror, adelantó algunos pasos corriendo y&lt;br /&gt;se echó a tierra; pero cuando la granada hubo est a-&lt;br /&gt;llado bastante lejos, sintió violenta irritación contra&lt;br /&gt;sí mismo y levantóse; miró en torno suyo, por si a l-&lt;br /&gt;guien le había visto echarse al suelo, no había nadie.&lt;br /&gt;Cuando el miedo se apodera del alma, no deja&lt;br /&gt;ya lugar a otro sentimiento. Él, Kaluguin, que se va-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 69&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;70&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nagloriaba de no bajar nunca la cabeza, atravesó la&lt;br /&gt;trinchera con paso veloz y casi a gatas.&lt;br /&gt;-¡Alto! mala señal  -se dijo al dar un trope zón,-&lt;br /&gt;me matarán hoy, de seguro.&lt;br /&gt;Respiraba con dificultad; estaba empapado en&lt;br /&gt;sudor y admirábase de esto, sin hacer el menor e s-&lt;br /&gt;fuerzo para dominar su miedo. De pronto, al ruido&lt;br /&gt;de unos pasos que se acercaban,  incorporóse viva-&lt;br /&gt;mente, irguió la cabeza, hizo sonar con arrogancia&lt;br /&gt;su sable y acortó la rapidez de su marcha. Cruzáron-&lt;br /&gt;se entonces con él un oficial de zapadores y un m a-&lt;br /&gt;rinero; aquél le gritó:&lt;br /&gt;-¡A tierra!  -indicándole el punto luminoso de&lt;br /&gt;una bomba que caía con creciente velocidad y brillo.&lt;br /&gt;El proyectil dio junto a la trinchera; al grito del&lt;br /&gt;oficial, Kaluguin hizo un ligero saludo invo luntario;&lt;br /&gt;después continuó su camino sin pestañear.&lt;br /&gt;-¡He ahí un valiente!  -dijo el marinero, que&lt;br /&gt;contemplaba con sangre fría la caída de la bomba.&lt;br /&gt;Su vista ya acostumbrada había calculado que&lt;br /&gt;los cascos no alcanzarían a la trinchera.&lt;br /&gt;-¡No ha querido tumbarse!&lt;br /&gt;Para llegar al abrigo blindado del comandan te&lt;br /&gt;del baluarte, no le faltaba ya a  Kaluguin sino atrave-&lt;br /&gt;sar un espacio descubierto, cuando se sin tió de nue-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 70&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;71&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;vo invadido por terror estúpido, su corazón latía&lt;br /&gt;agitadamente; subiósele la sangre a la cabeza, y sólo&lt;br /&gt;a costa, de violentísimo esfuerzo sobre sí mismo lo-&lt;br /&gt;gró alcanzar corriendo el blindaje.&lt;br /&gt;-¿Por qué viene usted tan sofocado? - le pr e-&lt;br /&gt;guntó el General, después que le fue transmi tida la&lt;br /&gt;orden de que era portador el ayudante.&lt;br /&gt;-He venido muy de prisa, Excelencia.&lt;br /&gt;-¿Puedo ofrecerle a usted un vaso de vino?&lt;br /&gt;Kaluguin apuró un vaso lleno y encendió un c i-&lt;br /&gt;garrillo. La lucha había terminado, pero con tinuaba&lt;br /&gt;aún el recio cañoneo por ambas partes. En el bli n-&lt;br /&gt;daje se encontraban reunidos el jefe del baluarte y&lt;br /&gt;algunos oficiales, entre ellos  Praskunin; referían los&lt;br /&gt;pormenores de la acción. La casamata aparecía tap i-&lt;br /&gt;zada con papel de fon do azul, y  amueblábanla un&lt;br /&gt;canapé, una cama y una mesa cubierta de papelotes;&lt;br /&gt;reloj en la pared y una imagen ante la que ardía una&lt;br /&gt;lamparilla completaban el adorno. Sentado en ha-&lt;br /&gt;bitación tan confortable,  Kaluguin contemplaba to-&lt;br /&gt;dos aquellos indicios de una existencia  tranquíla, y&lt;br /&gt;midiendo a ojo las recias vigas del techo de una,  ar-&lt;br /&gt;china en cuadro, oía el tronar del cañón, apagado por&lt;br /&gt;los blindajes, y no podía com prender cómo pudo&lt;br /&gt;sucumbir dos veces a imperdonables accesos de de-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 71&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;72&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;bilidad. Indignado contra sí mismo, se hubiera qu e-&lt;br /&gt;rido exponer otra vez a los riesgos de antes, para&lt;br /&gt;ponerse así a prueba.&lt;br /&gt;Un oficial de marina, muy bigotudo y con la&lt;br /&gt;cruz de San Jorge sobre su capote de Estado Mayor,&lt;br /&gt;llegó en aquel momento a pedirle al General obreros&lt;br /&gt;para poner en estado de servicio dos cañoneras&lt;br /&gt;desmoronadas de su batería.&lt;br /&gt;-Me felicito de verlo, capitán  -dijo Kaluguin al&lt;br /&gt;recién venido; - el General me ha encargado pr e-&lt;br /&gt;guntar a usted si sus cañones pueden dispa rar me-&lt;br /&gt;tralla contra las trincheras.&lt;br /&gt;-Sólo una pieza -respondió él con aire indolente.&lt;br /&gt;-Vamos a examinarlas...&lt;br /&gt;El oficial frunció las cejas, y dijo medio re-&lt;br /&gt;funfuñando -Acabo de pasar allá toda la  noche, y&lt;br /&gt;vengo a descansar un poco. ¿No puede ir usted s o-&lt;br /&gt;lo?  Allí encontrará a mi segundo, el teniente  Kratz,&lt;br /&gt;ese le enseñará a usted todo.&lt;br /&gt;El capitán venía mandando desde hacia  seis meses&lt;br /&gt;aquella batería, una de las más peligrosas; desde que&lt;br /&gt;comenzó el sitio, y mucho antes de que se constr u-&lt;br /&gt;yeran los abrigos blindados, no había abandonado&lt;br /&gt;el baluarte, lo que le hiciera adquirir entre los mar i-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 72&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;73&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nos una reputación de valor a toda prueba, así es&lt;br /&gt;que su negativa, sorprendió vivamente a Kaluguin.&lt;br /&gt;-¡He aquí lo que son las reputaciones!  -se dijo.&lt;br /&gt;-Entonces iré solo, con su permiso  -añadió con&lt;br /&gt;cierto retintín, al cual el otro no prestó atención&lt;br /&gt;ninguna.&lt;br /&gt;Kaluguin olvidábase que aquel hombre lleva ba&lt;br /&gt;seis meses completos de vida de baluarte, mientras&lt;br /&gt;él, ajustando bien las cuentas, no ha bía pasado allí,&lt;br /&gt;en varias veces, arriba de unas cincuenta horas. La&lt;br /&gt;vanidad, el deseo de brillar, de obtener una reco m-&lt;br /&gt;pensa, de crearse una reputación, hasta el placer del&lt;br /&gt;peligro le aguijoneaban aún, mientras que el capitán&lt;br /&gt;sentía ya indiferencia por todo eso. También había&lt;br /&gt;alardeado, hecho demostraciones de valor, expuesto&lt;br /&gt;inútilmente su vida, esperado y recibido r ecom-&lt;br /&gt;pensas, adquirido su reputación de oficial valien te;&lt;br /&gt;pero hoy todos aquellos estimulantes perdie ron ya&lt;br /&gt;su poder sobre él; apreciaba las cosas de otra man e-&lt;br /&gt;ra, comprendiendo bien que le que daban pocas&lt;br /&gt;probabilidades de escapar a la muer te. Tras una&lt;br /&gt;permanencia de más de seis me ses en los baluartes,&lt;br /&gt;no se arriesgaba a la lige ra y  limitábase a cumplir&lt;br /&gt;estrictamente su de ber, de tal modo que el bisoño&lt;br /&gt;teniente Kratz, que estaba a sus órdenes en la bat e-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 73&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;74&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ría, sólo des de la semana anterior, y  Kaluguin, a&lt;br /&gt;quien aquél iba enseñando en detalle las obras, p a-&lt;br /&gt;recían diez veces más valientes que el capitán. S o-&lt;br /&gt;brepujándose el uno al otro, se asomaban al exterior&lt;br /&gt;de las cañoneras y trepaban sobre las banquetas y&lt;br /&gt;traveses.&lt;br /&gt;Terminada la visita, y de vuelta  ya al blin daje,&lt;br /&gt;tropezóse Kaluguin con el General, que se dirigía&lt;br /&gt;hacia la torrecilla de atalaya, seguido de sus ayuda n-&lt;br /&gt;tes.&lt;br /&gt;-Capitán  Praskunin - dijo en aquel momento&lt;br /&gt;-haga usted el favor de bajar a los alojamientos de la&lt;br /&gt;derecha, al segundo batallón de M.... que está traba-&lt;br /&gt;jando allí: que cese en los traba jos, y se retire sin&lt;br /&gt;ruido a unirse a su regimiento en la reserva, al pie de&lt;br /&gt;la montaña. ¿Se en tera usted? Condúzcalo usted&lt;br /&gt;mismo al regimiento.&lt;br /&gt;-¡A la orden! - respondió Praskunin, que se alejó&lt;br /&gt;a escape.&lt;br /&gt;El cañoneo iba cesando.&lt;br /&gt;IX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 74&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;75&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es este el segundo batallón de M...? -preguntó&lt;br /&gt;Praskunin a un soldado que transportaba sacos ll e-&lt;br /&gt;nos de tierra.&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¿Dónde está el jefe?&lt;br /&gt;Mikhailof, suponiendo que preguntaban por el c a-&lt;br /&gt;pitán de la compañía, salió del hoyo donde estaba&lt;br /&gt;resguardado; llevóse la mano a la visera de la gorra y&lt;br /&gt;acercóse a Praskunin, a quien había tomado por un&lt;br /&gt;jefe.&lt;br /&gt;-De parte del General... en retirada... inmedi ata-&lt;br /&gt;mente... sin ruido... a retaguardia... ya lo sabe usted...&lt;br /&gt;a la reserva...  -le dijo  Praskunin, mirando de reojo&lt;br /&gt;en dirección de los fuegos del enemigo.&lt;br /&gt;Mikhailof, que a todo esto reconociera a su&lt;br /&gt;compañero, bajo la mano, y haciéndose bien cargo&lt;br /&gt;de la maniobra, dio las órdenes necesa rias a  su tro-&lt;br /&gt;pa. Cogieron los soldados sus fusiles alinearon sus&lt;br /&gt;capotes y emprendieron la marcha.&lt;br /&gt;Quien no lo haya experimentado alguna vez, no&lt;br /&gt;podrá apreciar nunca la intensidad del júbi lo, que&lt;br /&gt;siente un hombre al alejarse, después de tres horas&lt;br /&gt;de bombardeo, de lugar tan peligro so como los&lt;br /&gt;alojamientos de una obra de forti ficación. Durante&lt;br /&gt;esas tres horas,  Mikhailof, que no sin motivo pe n-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 75&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;76&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;saba en la muerto como en cosa inevitable, había&lt;br /&gt;tenido tiempo de ha bituarse a la idea de que sería&lt;br /&gt;irremisiblemente muerto y de que no pertenecía ya&lt;br /&gt;al mundo de los vivos. A pesar de esto,  costóle ha-&lt;br /&gt;cer un esfuerzo violento para no correr, cuando s a-&lt;br /&gt;lió do los alojamientos a la cabeza de su compañía y&lt;br /&gt;al lado de Praskunin.&lt;br /&gt;-¡Hasta la vista! ¡Buen viaje!  -gritóle el mayor&lt;br /&gt;que mandaba el batallón que había que dado en los&lt;br /&gt;alojamientos.&lt;br /&gt;Míkhailof había compartido con él su queso,&lt;br /&gt;sentados los dos en el hoyo al abrigo del parapeto.&lt;br /&gt;-Lo mismo digo. ¡Buena suerte! Me parece que&lt;br /&gt;la cosa va amainando.&lt;br /&gt;Pero apenas había pronunciado estas pala bras,&lt;br /&gt;cuando el enemigo, que reparó sin duda el mov i-&lt;br /&gt;miento, volvió a tirar de firme; los nues tros contes-&lt;br /&gt;taron, y el fuego de cañón se reanudó con violencia.&lt;br /&gt;Brillaban las estrellas, pero sin resplandor; la noche&lt;br /&gt;era muy obscura; tan sólo el fulgor de los fogonazos&lt;br /&gt;y la explosión de las granadas iluminaban, durante&lt;br /&gt;unos segundos los objetos próximos; los soldados,&lt;br /&gt;en silencio, caminando rápidamente,  adelantábanse&lt;br /&gt;unos a otros; se oía tan sólo el ruido regular de sus&lt;br /&gt;pasos sobre el piso endurecido, acompañado por el&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 76&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;77&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;estampido incesante del cañoneo, el choque metál i-&lt;br /&gt;co de las bayonetas al chocar entre sí, y el suspiro, o&lt;br /&gt;la plegaria de algún soldado.&lt;br /&gt;-¡Señor, Señor!&lt;br /&gt;De vez en cuando gemía un herido y oíase pedir&lt;br /&gt;una camilla. En la compañía mandada por  Mikhai-&lt;br /&gt;lof, el fuego de la artillería llevaba ya puestos fuera&lt;br /&gt;de combate veintiséis hombres des de la tarde ant e-&lt;br /&gt;rior. Un fogonazo iluminó las lejanas tinieblas del&lt;br /&gt;horizonte; el centinela gritó desde el baluarte&lt;br /&gt;¡Ca... ñón!&lt;br /&gt;Y un proyectil, silbando por encima de  Ia com-&lt;br /&gt;pañía, fue a hundirse en tierra, socavándola y h a-&lt;br /&gt;ciendo saltar mil terrones y pedruscos.&lt;br /&gt;-¡Que el demonio se los lleve! ¡Qué despa cio&lt;br /&gt;andan!  -decíase  Praskunin, mirando hacia atrás a&lt;br /&gt;cada momento, y sin dejar de seguir a  Mikhailof.-&lt;br /&gt;Podría adelantarme, puesto que ya comuniqué o r-&lt;br /&gt;den...   ¡Pero... no, no; en el acto irían diciendo que&lt;br /&gt;era una gallina!... Pase lo que pase, iré con ellos.&lt;br /&gt;-¿Por qué me sigue éste?  -decíase por su parte&lt;br /&gt;Mikhailof. -He reparado que siempre trae consigo la&lt;br /&gt;desgracia, Y otra bomba que viene... derecha hacia&lt;br /&gt;nosotros... me parece...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 77&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;78&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos pasos más allá encontraron a Kaluguin,&lt;br /&gt;que hacía golpear airosamente su sable contra las&lt;br /&gt;piedras; iba a los alojamientos; el General lo enviaba&lt;br /&gt;a preguntar si avanzaban los trabajos; pero a la vista&lt;br /&gt;de Mikhailof, se dijo que en lugar de exponerse a&lt;br /&gt;aquel fuego terrible, lo cual no le había sido orden a-&lt;br /&gt;do, podía muy bien informarse interrogando al of i-&lt;br /&gt;cial que regresaba de allí. Mikhailof le dio, en efecto,&lt;br /&gt;todos los detalles precisos;  Kaluguin lo acompañó&lt;br /&gt;un rato, y por último, volvió a seguir la trinchera&lt;br /&gt;que conducía al abrigo blindado&lt;br /&gt;-¿Qué hay de nuevo? Pregunto el oficial que c e-&lt;br /&gt;naba solo dentro de este reducto.&lt;br /&gt;-Nada; creo que no habrá más fuego esta noche.&lt;br /&gt;-¡Cómo! ¿Qué no habrá? Al contrario, el Gen e-&lt;br /&gt;ral acaba de subir al baluarte; ha venido otro reg i-&lt;br /&gt;miento. Ademas oiga usted, otra vez  la  fusilería.&lt;br /&gt;-No vaya usted, ¿para qué añadió viendo a Kaluguin&lt;br /&gt;hacer un movimiento.&lt;br /&gt;Debería ir, no obstante,  decíase éste, pero por&lt;br /&gt;otra parte, ¿no me he expuesto bastante al pe ligro&lt;br /&gt;por hoy? El fuego es terrible.&lt;br /&gt;-Es verdad – dijo en alta voz  -será mejor que&lt;br /&gt;me espere aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 78&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;79&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinte  rninutos después volvió el General&lt;br /&gt;acompañado por sus oficiales, entre los que esta ba&lt;br /&gt;el   junker barón  Pesth. Pero  Praskunin  no venía.&lt;br /&gt;Los alojamientos habían sido tomados y vueltos a&lt;br /&gt;recuperar por nuestra gente.&lt;br /&gt;Y tras de oír los detalles circunstanciados de la&lt;br /&gt;empresa, Kaluguin salió con Pesth del abrigo.&lt;br /&gt;X&lt;br /&gt;-Tiene usted sangre en el capote; ¿se ha ba tido&lt;br /&gt;usted al arma blanca? -le preguntó Kaluguin.&lt;br /&gt;-¡Oh! He sido atroz; figúrese usted...&lt;br /&gt;Y Pesth se puso a referirle cómo había con-&lt;br /&gt;ducido al fuego su compañía, después de muerto el&lt;br /&gt;comandante de ella, y de que modo sin él se hubiera&lt;br /&gt;perdido la acción. El fondo del relato, es decir, la&lt;br /&gt;pérdida del comandante y lo del fran cés muerto por&lt;br /&gt;Pesth, era verídico; pero el  junker, al precisar los&lt;br /&gt;pormenores, los amplificaba vanidosamente.&lt;br /&gt;Pero se envanecía sin premeditación; durante&lt;br /&gt;todo el fuego, se había sentido rodeado de bru mas&lt;br /&gt;fantásticas, hasta tal punto, que todo lo ocurrido pa-&lt;br /&gt;recíale cosas vagamente acaecidas Dios sabe dónde&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 79&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;80&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y Dios sabe cuando, y referen tes a otro cua lquiera,&lt;br /&gt;que no fuese él. Y naturalmente, intentaba crear i n-&lt;br /&gt;cidentes en honra suya. He aquí, sin embargo, lo su-&lt;br /&gt;cedido:&lt;br /&gt;El batallón al cual fue agregado para tomar parte&lt;br /&gt;en la salida, hubo de permanecer dos ho ras bajo el&lt;br /&gt;fuego enemigo; después, su coman dante había pro-&lt;br /&gt;nunciado algunas palabras; los de las compañías se&lt;br /&gt;movieron; la tropa, salió de su abrigo en el parapeto&lt;br /&gt;y se formó en línea de columnas cien pasos más allá.&lt;br /&gt;Pesth recibió orden de colocarse al flanco exterior&lt;br /&gt;de la segunda compañía.&lt;br /&gt;Sin darse cuenta del lugar, ni de la operación, el&lt;br /&gt;junker, con  la respiración comprimida, presa de un&lt;br /&gt;escalofrío nervioso, que le corría por la es palda,&lt;br /&gt;colocóse en el sitio indicado, y miró ma quinalmente&lt;br /&gt;ante sí en la obscuridad, esperando algo muy terr i-&lt;br /&gt;ble. A pesar de todo, no era el miedo la impresión&lt;br /&gt;dominante en él, pues ya no se hacía fuego; lo que le&lt;br /&gt;parecía extraño, inquie tante, era verse en pleno&lt;br /&gt;campo, fuera de las fortificaciones.&lt;br /&gt;El comandante del batallón pronunció de nue-&lt;br /&gt;vo, algunas palabras que fueron repetidas otra vez&lt;br /&gt;en voz baja por los oficiales, y de súbito la muralla&lt;br /&gt;negra, formada por la primera compañía, se hundió;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 80&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;81&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;había recibido la orden de echar se a tierra; la segun-&lt;br /&gt;da compañía hizo lo propio, y Pesth, al tumbarse, se&lt;br /&gt;pinchó en la mano con algo puntiagudo. Sólo se&lt;br /&gt;veía la silueta del capitán de la segunda, que pe rma-&lt;br /&gt;necía de pie, blan diendo su espada y sin cesar de&lt;br /&gt;hablar y de moverse ante los soldados.&lt;br /&gt;-Atención, muchachos;  portaos bien, valien tes,&lt;br /&gt;nada de tiros, vamos sobre esa canalla a la bayoneta.&lt;br /&gt;Cuando yo grite ¡hurra! seguidme todos de cerca y&lt;br /&gt;bien juntos. Así verán de lo que somos capaces.  -&lt;br /&gt;No nos cubriremos de vergüen za, ¿no es verdad,&lt;br /&gt;hijos míos? ¡Por el Czar, nuestro padre!&lt;br /&gt;-¿Cómo se llama el capitán?  -preguntó Pesth a&lt;br /&gt;otro junker su vecino.- ¡Es un valiente!&lt;br /&gt;-Sí, en el fuego siempre esta así; se llama  Lissin&lt;br /&gt;Kovosky.&lt;br /&gt;En aquel momento brotó una llamarada, seguida&lt;br /&gt;de ensordecedora detonación; cascos y pie dras vo-&lt;br /&gt;laron por el aire; cincuenta segundos des pués, una&lt;br /&gt;de las piedras cayó de gran altura, y aplastó el pie a&lt;br /&gt;un soldado. Había caído una bomba en medio de la&lt;br /&gt;compañía, lo que probaba  que los franceses repar a-&lt;br /&gt;ron en la columna.&lt;br /&gt;¡Ah! nos tiras bombas ahora. Déjanos sólo a l-&lt;br /&gt;canzarte, probarás las bayonetas rusas ¡mal dito!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 81&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;82&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el capitán gritaba tan recio, que el comandante&lt;br /&gt;del batallón lo mandó callar.&lt;br /&gt;La primera compañía se incorporó, y tras ella la,&lt;br /&gt;segunda; la tropa recogió los fusiles y el batallón&lt;br /&gt;avanzó. Pesth, poseído de terror, no pudo acordarse&lt;br /&gt;jamás de si marcharon mucho tiempo; iba como bo-&lt;br /&gt;rracho. De súbito, por todas partes surgieron mu l-&lt;br /&gt;titud de fogonazos, entre silbidos y crepitaciones&lt;br /&gt;horrorosas, dio un grito y corrió hacia adelante,&lt;br /&gt;porque corrían y gritaban todos ;después tropezó,&lt;br /&gt;cayendo sobre alguien. Era el capitán herido al&lt;br /&gt;frente de la compañía, que to mando al  junker por&lt;br /&gt;francés, le cogió por una pierna.  Desprendióse&lt;br /&gt;Pesth y se levantó; un bulto se arrojó sobro él en la&lt;br /&gt;obscuridad, y poco le faltó para  no caer de nuevo.&lt;br /&gt;Una voz le gritó:&lt;br /&gt;¡Dale!, ¿Qué esperas?&lt;br /&gt;Sintió que una mano sujetaba su fusil y que la&lt;br /&gt;punta de su bayoneta se hundía en cuerpo blando.&lt;br /&gt;-¡ Ah! ¡Dios!...&lt;br /&gt;Estas palabras fueron dichas en francés con&lt;br /&gt;acento de dolor y espanto. El junker comprendió que&lt;br /&gt;acababa de matar a un francés. Frío sudor humed e-&lt;br /&gt;ció su cuerpo, sintió temblor ex traño y dejó caer el&lt;br /&gt;fusil. Pero esto duró sólo un segundo; la  idea de&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 82&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;83&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que era un héroe acudió a su imaginación. Rec o-&lt;br /&gt;giendo el arma, se alejó del muerto corriendo, y gr i-&lt;br /&gt;tando: ¡hurra! con los demás. Veinte pasos más allá,&lt;br /&gt;alcanzó la trinchera donde se encontraban los&lt;br /&gt;nuestros y el comandante del batallón.&lt;br /&gt;- ¡He matado a uno! -dijo a éste.&lt;br /&gt;-Es usted un valiente, Barón -le fue contestado.&lt;br /&gt;XI&lt;br /&gt;-¿Sabe usted que  Praskunin ha muerto?  -dijo&lt;br /&gt;Pesth a Kaluguin, al acompañarlo a su casa.&lt;br /&gt;- No es posible.&lt;br /&gt;- ¿Cómo que no? ¡Lo he visto yo!&lt;br /&gt;-Adiós, tengo prisa.&lt;br /&gt;-¡Buena jornada!  -se decía Kaluguin al volver a&lt;br /&gt;su morada,  -¡he tenido suerte por prim era vez! La&lt;br /&gt;acción ha sido brillante y he salido sano y salvo; h a-&lt;br /&gt;brá muchas propuestas, lo me nos que me pueden&lt;br /&gt;dar es un sable de honor. Y a fe mía que lo he mere-&lt;br /&gt;cido.&lt;br /&gt;Y después de dar parte al General de cuanto&lt;br /&gt;viera, se dirigió a su cuarto; el príncipe  Galtzin, le-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 83&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;84&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yendo un libro que cogió de sobre la me sa, lo espe-&lt;br /&gt;raba desde hacía mucho tiempo.&lt;br /&gt;Inexplicable sensación de alegría fue la de  Kalu-&lt;br /&gt;guin al volverse a encontrar en su casa, lejos del p e-&lt;br /&gt;ligro. Con la camisa de dormir, echa do sobre su&lt;br /&gt;cama, refirió a  Galtzin los inciden tes del combate;&lt;br /&gt;los incidentes los arre glaba, como es natural, para&lt;br /&gt;demostrar que él, Kaluguin, era un oficial experto y&lt;br /&gt;valiente. Tocaba esto, no obstante, con suma discre-&lt;br /&gt;ción, así a la ligera, deslizándose sobre ello, ya que&lt;br /&gt;nadie debía de ignorarlo ni tenía derecho a dudar,&lt;br /&gt;excepto, quizá, el difunto capitán  Praskunin quien,&lt;br /&gt;aunque se sentía muy favorecido al ir de bracete con&lt;br /&gt;el ayudante, había contado la vís pera, precisamente&lt;br /&gt;al oído de uno de sus cole gas, que Kaluguin, exce-&lt;br /&gt;lente chico aparte de esto, no era  inuy amigo de vi-&lt;br /&gt;sitar los baluartes.&lt;br /&gt;Quedó Praskunin de vuelta con  Mikhailof; ha-&lt;br /&gt;bían llegado a un lugar de menos exposición, y c o-&lt;br /&gt;menzaban a sentir renacer sus alientos, cuando&lt;br /&gt;divisaron, al volver la cabeza, el súbito resplandor&lt;br /&gt;de un fogonazo; el vigía gritó:&lt;br /&gt;-¡Mor...te... ro!&lt;br /&gt;Y uno de los soldados que le seguían, añadió:&lt;br /&gt;-¡Viene derecha al baluarte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 84&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;85&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MÍkhailof observó. El punto luminoso de la&lt;br /&gt;bomba parecía fijo en el cenit, mientras la di rección&lt;br /&gt;que había de seguir hacíase imposible de determ i-&lt;br /&gt;nar; duró aquello el espacio de un segundo. De&lt;br /&gt;pronto, redoblando la velocidad, fue acercándose&lt;br /&gt;más y más el proyectil;  veíanse ya saltar las chispas&lt;br /&gt;de la mecha y se oía el lúgubre silbido; iba a caer&lt;br /&gt;precisamente en medio del batallón.&lt;br /&gt;-¡A tierra! -gritó una voz.&lt;br /&gt;Mikhailof y  Praskunin obedecieron. El últi mo,&lt;br /&gt;con los ojos cerrados, oyó caer la bomba por allí,&lt;br /&gt;muy cerca de él, sobre la dura tierra. Un segundo,&lt;br /&gt;que le pareció una hora, transcurrió; la bomba no&lt;br /&gt;estallaba. Praskunin se aterrorizó después pensó si&lt;br /&gt;tenía motivos para aterrorizar se; quizá había caído&lt;br /&gt;más lejos y equivocábase al sentir silbar la mecha a&lt;br /&gt;su lado. Abriendo los ojos, miró con satisfacción a&lt;br /&gt;Mikhailof, tendido sin moverse, a sus pies; pero al&lt;br /&gt;mismo tiempo divisó, a una   archina de distancia, la&lt;br /&gt;espoleta inflamada de la bomba girando como una&lt;br /&gt;peonza.&lt;br /&gt;Terror glacial, que anulaba toda idea y todo&lt;br /&gt;sentimiento, se apoderó de su ser; cubrióse el rostro&lt;br /&gt;con las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 85&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;86&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó otro segundo, durante el cual un mun do&lt;br /&gt;entero de ideas, de esperanzas, de recuerdos y de&lt;br /&gt;sensaciones acudió a su mente.&lt;br /&gt;-¿A quién matará? ¿A mí o a  Mikhailof? ¿O a&lt;br /&gt;los dos juntos? Y si es a mí, ¿en dónde me dará?&lt;br /&gt;¿En la cabeza? Y todo habrá concluido; ¿en un&lt;br /&gt;pie?... me lo cortarán, y yo insistiré pa ra que me den&lt;br /&gt;cloroformo y poder seguir con Vida. Quizá muera&lt;br /&gt;sólo Mikhailof, y contaré des pués quo estábamos&lt;br /&gt;juntos y que me roció con su sangre. ¡No, no, está&lt;br /&gt;más cerca de mí! ¡Seré yo! ...&lt;br /&gt;-Y aquí se acordó de los doce rublos que debía a&lt;br /&gt;Mikhailof y de otra deuda de  Petersburgo que hu-&lt;br /&gt;biera debido pagar a su tiempo; una canción zíngana&lt;br /&gt;que cantó la víspera,  acudióle a la memoria.  Pre-&lt;br /&gt;sentóse también a su imagi nación la mujer a quien&lt;br /&gt;amaba, con una gorra de cintas, color lila en la c a-&lt;br /&gt;beza; el hombre que le ofendió cinco años antes y&lt;br /&gt;del que no se ha bía vengado; pero entre todos&lt;br /&gt;aquellos recuerdos y otros muchos más, el sent i-&lt;br /&gt;miento de lo presente (la espera de la muerte) no le&lt;br /&gt;abandonaba.  Si no estallase, se decía, y estuvo a&lt;br /&gt;punto de abrir los ojos con audacia,  desesperadísi-&lt;br /&gt;mo; pero en aquel instante, a través de sus párpados&lt;br /&gt;entreabiertos, una llamarada roja hirió sus pupi las&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 86&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;87&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;algo le golpeó, con estruendo terrible, en mitad del&lt;br /&gt;pecho, salió corriendo al azar, se le enredaron los&lt;br /&gt;pies en el sable, vaciló y cayó de costado.&lt;br /&gt;-¡Gracias a Dios! Sólo tengo una contusión.&lt;br /&gt;Esta fue su primera idea, y quiso tocarse el pecho;&lt;br /&gt;pero le, pareció que tenía las manos ata das; una&lt;br /&gt;prensa le oprimía el cráneo, ante su vista corrían los&lt;br /&gt;soldados contábalos maquinalmente.&lt;br /&gt;        - Uno, dos, tres soldados; ahí va un oficial que&lt;br /&gt;pierde la capa.&lt;br /&gt;Brilló otro fogonazo, y  preguntóse qué ha bían&lt;br /&gt;disparado; era mortero o cañón sin duda. Tiraron&lt;br /&gt;de nuevo, otra vez soldados; cinco, seis, siete; s i-&lt;br /&gt;guen adelante, y de pronto sintió miedo horrible de&lt;br /&gt;ser pisoteado por ellos. Quiso gritar, decir que est a-&lt;br /&gt;ba contusionado, pero tenía seca la boca: se le peg a-&lt;br /&gt;ba la lengua al paladar y sentía sed ardiente;&lt;br /&gt;conociendo que su pecho estaba mojado, la sens a-&lt;br /&gt;ción de aquella, humedad hacíale pensar en el agua;&lt;br /&gt;hubiera querido beber lo que le mojaba...&lt;br /&gt;-He debido desollarme al caerse dijo, y cada vez&lt;br /&gt;más asustado, ante la idea de que lo aplastasen los&lt;br /&gt;soldados que corrían en masa ante él, trató de gritar&lt;br /&gt;de nuevo -¡ Recogedme!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 87&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;88&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en vez de esto, lanzó un gemido tan te-&lt;br /&gt;rrible, que él mismo se asustó. Luego, mil chis pas&lt;br /&gt;luminosas comenzaron a danzar ante sus ojos;  pare-&lt;br /&gt;cíale que los soldados amontonaban piedras sobre&lt;br /&gt;él; las chispas danzaban cada vez con menor viveza;&lt;br /&gt;hizo un violento esfuerzo para librarse de ellas, se&lt;br /&gt;extendió, cesó de ver, de oír, de pensar, de sentir.&lt;br /&gt;Había sido muerto en el sitio por un casco que le&lt;br /&gt;dio en mitad del pecho. &lt;br /&gt;XII&lt;br /&gt;Mikhailof, por su parte, también se echó a tierra&lt;br /&gt;al ver la bomba; como Praskunin, había pensado en&lt;br /&gt;multitud de cosas durante los dos segundos que&lt;br /&gt;precedieron a la explosión. Roga ba a Dios menta l-&lt;br /&gt;mente, repitiendo:&lt;br /&gt;-¡Hágase tu voluntad! ¿Por qué soy mili tar, Se-&lt;br /&gt;ñor? ¿por qué he permutado para infantería por v e-&lt;br /&gt;nir a campaña? ¿por qué no he per manecido en el&lt;br /&gt;regimiento de hulanos en el Gobierno de F... junto a&lt;br /&gt;mi amiga Natacha? ¡Y ahora, lo que me espera!...&lt;br /&gt;Y se puso a contar: uno, dos, tres, cuatro, d i-&lt;br /&gt;ciéndose que si la bomba reventaba en núme ro par&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 88&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;89&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;viviría, y si era en impar perecería. -¡Todo concluyó!&lt;br /&gt;¡ Soy muerto!  -pensó al oír la explosión, sin aco r-&lt;br /&gt;darse de lo de pares o nones.&lt;br /&gt; Herido en la cabeza, sintió violentísimo dolor.&lt;br /&gt;-¡ Señor, perdona mis pecados!  -murmuró jun-&lt;br /&gt;tando las manos.&lt;br /&gt;Trató de levantarse y volvió a caer desvane cido,&lt;br /&gt;de cara al suelo.&lt;br /&gt;Su primera sensación, cuando tornó en sí, fue la&lt;br /&gt;de la sangre que le brotaba de la nariz; el dolor de la&lt;br /&gt;cabeza no era tan fuerte, ¡Es el alma que se va! ...&lt;br /&gt;¿Qué habrá allá?... Dios mío,  recibid mi alma en&lt;br /&gt;gracia! No, obstante, es extraño  -reflexionaba, -me&lt;br /&gt;muero, y oigo di stintamente el andar de los sol-&lt;br /&gt;dados, y los tiros...&lt;br /&gt;-Aquí una camilla; el comandante de la com-&lt;br /&gt;pañía  ha muerto  -gritó, por encima de él, una voz&lt;br /&gt;en la que reconoció la del tambor Ignatief.&lt;br /&gt;Sintióse levantado por los hombros, abrió los&lt;br /&gt;párpados con esfuerzo y vio sobre su cabeza el cielo&lt;br /&gt;azul obscuro, miríadas de estrellas y dos bombas&lt;br /&gt;que cruzaban el espacio, como si tra taran de ad e-&lt;br /&gt;lantarse una a otra. Divisó  a Ignatief, a los soldados&lt;br /&gt;conductores de camillas y fusiles, el talud de la tri n-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 89&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;90&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;chera, y de pronto comprendió que pertenecía aún a&lt;br /&gt;este mundo.&lt;br /&gt;Habíale herido ligeramente una piedra en la c a-&lt;br /&gt;beza. Su inmediata, impresión fue para él casi de pe-&lt;br /&gt;sar; tan bien y tranquilamente preparado estaba para&lt;br /&gt;irse allá, que la vuelta a la vida, la vista de las bo m-&lt;br /&gt;bas, de las trincheras y de la sangre le fue penosa. La&lt;br /&gt;segunda impresión fue el gozo involuntario de se n-&lt;br /&gt;tirse vivo, y la tercera el deseo de dejar el baluarte en&lt;br /&gt;seguida. El tambor vendó la cabeza a su capitán y se&lt;br /&gt;lo llevó hacia la ambulancia, sosteniéndolo por el&lt;br /&gt;brazo.&lt;br /&gt;-¿Adónde voy y para qué?  -pensó Mikhailof al-&lt;br /&gt;go repuesto ya;- mi deber es quedarme con la co m-&lt;br /&gt;pañía; tanto más -añadióle una voz inte rior- cuanto&lt;br /&gt;que muy pronto estará libre del fuego enemigo.&lt;br /&gt;-Es inútil, amigo  -díjole al tambor, retiran do el&lt;br /&gt;brazo. -No voy a la ambulancia me que daré con la&lt;br /&gt;compañía.&lt;br /&gt;-Es mejor dejarse curar como corresponde,&lt;br /&gt;Vuestra Nobleza. En el primer momento parece que&lt;br /&gt;no es nada, pero luego puede empeorar. De verdad,&lt;br /&gt;Vuestra Nobleza.&lt;br /&gt;El capitán se había detenido con indecisión , pe-&lt;br /&gt;ro acordóse del gran número de heridos que atest a-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 90&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;91&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ban la ambulancia, casi todos graves. Pue de ser que&lt;br /&gt;el médico se burle de esta  descalabradura, se dijo, y&lt;br /&gt;sin atender a los argumentos del tambor,  dirigióse&lt;br /&gt;con paso firme al encuentro de su compañía.&lt;br /&gt;-¿Dónde está el oficial Praskunin, que venía ha-&lt;br /&gt;ce poco a mi lado?  -preguntó al subteniente, que se&lt;br /&gt;había puesto al frente de la fuerza.&lt;br /&gt;-No sé; creo que ha muerto - respondió va-&lt;br /&gt;cilando.&lt;br /&gt;-¿Muerto, o herido? ¿Y cómo no lo sabe us ted?&lt;br /&gt;Venía con nosotros. ¿Por qué no lo han recogido?&lt;br /&gt;No ha sido posible en aquel infierno!&lt;br /&gt;¡Cómo,  Mikhail  Ivanitch! -dijo  Mikhailof con&lt;br /&gt;acento irritado,-  ¿abandonar a un vivo? y si estaba&lt;br /&gt;muerto, se ha debido recoger el cuerpo.&lt;br /&gt;-¡Sí, vivo!... ¿ No le digo a usted que me he acer-&lt;br /&gt;cado a él y lo he visto?... ¡Qué quiere usted! ¡Gracias&lt;br /&gt;que podamos transportar a los nuestros!...&lt;br /&gt;-¡Ah! ¡Los canallas ahora, tiran con bala rasa!...&lt;br /&gt; -Mikhailof se había sentado y sujetábase con las&lt;br /&gt;manos la cabeza; al andar  habíase aumen tado la&lt;br /&gt;violencia del dolor.&lt;br /&gt;-¡No! -dijo-es preciso ir a recogerlo; pue de que&lt;br /&gt;viva aún; ese es nuestro deber, Mikhail Ivanitch!&lt;br /&gt;Mikhail Ivanitch no respondió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 91&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;92&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se le ha ocurrido recogerlo, y ahora ha brá&lt;br /&gt;que destacar unos soldados... ¿Cómo man darlos&lt;br /&gt;bajo este fuego infernal a una muerte sin objeto?&lt;br /&gt;-reflexionaba Mikhailof.&lt;br /&gt;-Muchachos, hay que ir allá abajo a buscar aquel&lt;br /&gt;oficial herido; allá, al foso  -dijo sin alzar la voz y en&lt;br /&gt;tono que nada tenía de imperativo, pues adivinaba&lt;br /&gt;hasta qué punto la ejecución de aquella orden debía&lt;br /&gt;desagradar a su gente.&lt;br /&gt;Como no se dirigía a nadie en particular, nin-&lt;br /&gt;guno atendió al llamamiento.&lt;br /&gt;-¿Quién sabe? Puede que esté muerto, y no vale&lt;br /&gt;en tal caso la pena de exponer inútilmente ningún&lt;br /&gt;hombre. La culpa es mía; debí pensar lo. Iré solo; es&lt;br /&gt;mi obligación. Mikhail Ivanitch -añadió en alta voz-&lt;br /&gt;conduzca usted la compañía; ya la alcanzaré.&lt;br /&gt;Y recogiendo con una mano los pliegues  de su&lt;br /&gt;capa, oprimió con la otra la imagen de San  Mitro-&lt;br /&gt;phano que llevaba al pecho siempre por devoción&lt;br /&gt;especial hacia este bienaventurado.&lt;br /&gt;El capitán retrocedió el camino hecho;  cercio-&lt;br /&gt;róse de que Praskunin estaba bien muerto, y volvió&lt;br /&gt;sujetándose con la mano el vendaje, me dio de s-&lt;br /&gt;prendido, de su cabeza. El batallón  encontrábase ya&lt;br /&gt;al pie de la montaña y casi fuera del alcance de los&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 92&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;93&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;proyectiles, cuando  Mikhailof se incorporó a él.&lt;br /&gt;Sólo algunas bombas perdidas llegaban aún.&lt;br /&gt;-Será preciso que vaya mañana a inscribir me en&lt;br /&gt;la ambulancia -díjose el capitán, mien tras el médico&lt;br /&gt;militar le aplicaba un apósito.&lt;br /&gt;XIII&lt;br /&gt;Centenares de cuerpos  mutilados entre arro yos&lt;br /&gt;de sangre, que dos horas atrás hallábanse aún llenos&lt;br /&gt;de esperanzas y de voluntad, ya  sublime o ya me z-&lt;br /&gt;quina, yacían, rígidos los miem bros en el barranco&lt;br /&gt;florido y bañado de rocío que separa el baluarte de&lt;br /&gt;la trinchera, o sobre el suelo compacto de la capillita&lt;br /&gt;de los muertos en  Sebastopol; los secos labios de&lt;br /&gt;todos aquellos hombres murmuran plegarias, mald i-&lt;br /&gt;ciones o gemidos;  se incorporan y se retuercen;&lt;br /&gt;abandonados los unos entre los cadáveres de la fl o-&lt;br /&gt;rida hondonada, los otros en las camillas, las camas&lt;br /&gt;y el piso húmedo de la ambulancia. A pesar de esto,&lt;br /&gt;el cielo, como en los días ante riores, enciéndese de&lt;br /&gt;luz boreal hacia el monte  Sapun; palidecen las te m-&lt;br /&gt;blorosas estrellas; blanca neblina se eleva sobre el&lt;br /&gt;oleaje sombrío y quejumbroso del mar; el crepú s-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 93&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;94&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;culo tiñe de púrpura el oriente; prolongados arr e-&lt;br /&gt;boles surcan el horizonte azul, y como los días ante-&lt;br /&gt;riores, el inmenso  luminar reaparece con lentitud,&lt;br /&gt;potente y majestuoso, ofreciendo al mundo, en su&lt;br /&gt;nuevo despertar, la alegría, la felicidad y el amor.&lt;br /&gt;XIV&lt;br /&gt;A la tarde siguiente, la música del regimiento de&lt;br /&gt;cazadores tocaba de nuevo en el bulevar; en torno&lt;br /&gt;del pabellón, oficiales,  junkers, soldados y mujeres&lt;br /&gt;jóvenes se pasean con aspecto de fiesta por las c a-&lt;br /&gt;lles de acacias blancas en flor.&lt;br /&gt;Kaluguin, el príncipe  Galtzin y otro coronel,&lt;br /&gt;caminan cogidos del brazo y hablando del com bate&lt;br /&gt;del día anterior. El objeto dominante en la conve r-&lt;br /&gt;sación es, como siempre, no el suceso en sí mismo,&lt;br /&gt;sino la parte que han tomado en él los interlocut o-&lt;br /&gt;res; la expresión de sus rostros, el sonido de su voz,&lt;br /&gt;tienen algo de serio, de triste, y pudiera suponerse&lt;br /&gt;muy bien que las pérdidas sufridas los afligen pr o-&lt;br /&gt;fundamente; pero, a decir verdad, como ninguno de&lt;br /&gt;ellos ha experimentado la de un ser querido,  impó-&lt;br /&gt;nense aquella expresión oficial de duelo por guardar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 94&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;las conveniencias.  Kaluguin y el coronel, aunque&lt;br /&gt;eran excelentes sujetos, no hubieran deseado otra&lt;br /&gt;cosa sino asistir cada día a una acción semejante p a-&lt;br /&gt;ra recibir cada vez una espada de honor o el grado&lt;br /&gt;de General Mayor. Cuando oigo calificar de mon s-&lt;br /&gt;truo a un conquistador que envía a la muerte mill o-&lt;br /&gt;nes de hombres para satisfacer su ambición, me dan&lt;br /&gt;ganas siempre de reír;  interrogad un poco a los&lt;br /&gt;subtenientes Petruchef, Antonof y otros, y veréis en&lt;br /&gt;cada uno de ellos un  Napoleón  en pequeño, un&lt;br /&gt;monstruo presto a cometer una batalla, a matar una&lt;br /&gt;centena de hombres para obtener alguna estrella&lt;br /&gt;mas o una mejora de sueldo.&lt;br /&gt;-Con perdón de usted - decía el coronel,- el e n-&lt;br /&gt;cuentro comenzó por la derecha. Estaba yo...&lt;br /&gt; -Podrá ser -respondió Kaluguin,- pues todo el&lt;br /&gt;tiempo permanecí en el flanco izquierdo. Fui dos&lt;br /&gt;veces: primero a buscar al General, luego sencill a-&lt;br /&gt;mente porque sí, por curiosidad. Allí sí que se batía&lt;br /&gt;el cobre.&lt;br /&gt; - Si lo aseguraba Kaluguin, es positivo- dijo a su&lt;br /&gt;vez el coronel volviéndose hacia  Galtzin.- ¿Sabes&lt;br /&gt;que hoy mismo me ha asegurado  N... que eres un&lt;br /&gt;valiente? ¿Nuestras pérdidas son en realidad horr o-&lt;br /&gt;rosas en mi regimiento, cuatrocientos hombres fu e-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;96&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ra de combate. ¡No comprendo cómo he escapado&lt;br /&gt;con vida!&lt;br /&gt;En el extremo opuesto del bulevar vieron surgir&lt;br /&gt;la cabeza vendada de  Mikhailof, que venía a su e n-&lt;br /&gt;cuentro.&lt;br /&gt;-¿Está usted herido, capitán?- le preguntó  Kalu-&lt;br /&gt;guin.&lt;br /&gt;-Sí, ligeramente; por una piedra.&lt;br /&gt;-¿Han arriado ya el pabellón? - preguntó el prín-&lt;br /&gt;cipe Galtzin, mirando por encima de la gorra del&lt;br /&gt;capitán y sin dirigirse en particular a ninguno.&lt;br /&gt;- No, pas encore- dijo Mikhailof, deseoso de  d e-&lt;br /&gt;mostrar que sabía francés.&lt;br /&gt;-¿Dura, pues, el armisticio? - volvió a preguntar&lt;br /&gt;Galtzin, dirigiéndole políticamente la palabra en r u-&lt;br /&gt;so; lo que parecía querer decir: «Sé que habla usted&lt;br /&gt;con dificultad el francés; ¿por qué no usar sencill a-&lt;br /&gt;mente el ruso?» Y tras esto, los ayudantes de campo&lt;br /&gt;separáronse de Mikhailof, que se sintió, como el día&lt;br /&gt;antes, muy aislado, y no queriendo alternar con los&lt;br /&gt;unos,  limitóse a saludar a algunos y se sentó junto&lt;br /&gt;al monumento de  Kazarsky a fumar un cigarrillo.&lt;br /&gt; El barón Pest apareció asimismo en el bu levar,&lt;br /&gt;donde refirió que había tomado parte en la negoci a-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 96&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;97&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ción del armisticio, que había hablado con oficiales&lt;br /&gt;franceses, y que uno de ellos le había dicho:&lt;br /&gt;-Si hubiese tardado una hora mas en ser de día,&lt;br /&gt;hubiéramos vuelto a apoderarnos de las em-&lt;br /&gt;boscadas.&lt;br /&gt;A lo cual contestó él:&lt;br /&gt;-Caballero, no os digo que no por no  daros un&lt;br /&gt;mentís.&lt;br /&gt;Esta réplica, llenábale de orgullo.&lt;br /&gt;Y en realidad, aunque el joven asistió a la firma&lt;br /&gt;del armisticio, con grandes deseos de ha blar con los&lt;br /&gt;franceses, cosa muy divertida, no había dicho nada&lt;br /&gt;de particular. El junker, barón Pesth, habíase pasea-&lt;br /&gt;do mucho tiempo por las líneas, preguntando a los&lt;br /&gt;franceses más próximos&lt;br /&gt;-¿ De qué regimiento es usted?&lt;br /&gt;Contestábanle, y he aquí todo. Pero como hu-&lt;br /&gt;biese avanzado un poco más allá del terreno neutral,&lt;br /&gt;un centinela francés, no figurándose que aquel ruso&lt;br /&gt;comprendía su lengua,  dirigióle una interjección&lt;br /&gt;formidable.&lt;br /&gt;-Viene a espiar nuestros trabajos  ¡ce sacré! De tal&lt;br /&gt;modo, que después de esto, no encon trando interés&lt;br /&gt;alguno en su excursión, el  junker, barón Pesth, se&lt;br /&gt;había vuelto a su casa, com poniendo por el camino&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 97&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;98&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;las frases francesas que había esparcido entre sus&lt;br /&gt;relaciones.&lt;br /&gt;Veíase también en el paseo al capitán  Zobkin,&lt;br /&gt;hablando a voces; al capitán  Objogof con su uni-&lt;br /&gt;forme destrozado; al capitán de artillería que no&lt;br /&gt;busca favores de nadie; al  Junker enamoradizo y&lt;br /&gt;afortunado; en una palabra, a todos los per sonajes&lt;br /&gt;de siempre, obrando todos bajo el im pulso de los&lt;br /&gt;mismos eternos móviles. Sólo falta ban Praskunin,&lt;br /&gt;Neferdof y algunos otros; nadie se acordaba de&lt;br /&gt;ellos, sin embargo de que sus cuerpos aun perman e-&lt;br /&gt;cían sin lavar ni vestir, y sin sepultura.&lt;br /&gt;XV&lt;br /&gt;En nuestros baluartes y en las trincheras fran-&lt;br /&gt;cesas flotan banderas blancas; en el barranco, c u-&lt;br /&gt;bierto de flores, yacen en pilas y descalzos, vestidos&lt;br /&gt;de azul o de gris, mutilados cuerpos  que los trabaja-&lt;br /&gt;dores transportan para depositarlos en las carretas;&lt;br /&gt;la atmósfera se halla apestada por el olor de los c a-&lt;br /&gt;dáveres. De Sebastopol y del campo francés la mu l-&lt;br /&gt;titud afluye para contemplar el espectáculo, y ávida y&lt;br /&gt;complaciente curiosidad es el sentimiento que d o-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 98&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;99&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mina, en unos y otros al encontrarse en aquel terr e-&lt;br /&gt;no. &lt;br /&gt;Oigamos las frases que se cambiaban entre ellos.&lt;br /&gt;Allá, en aquel reducido grupo de rusos y fran-&lt;br /&gt;ceses, un oficial joven examina una cartuchera; au n-&lt;br /&gt;que habla mal el francés, se hace compren der lo&lt;br /&gt;bastante.&lt;br /&gt;-¿Y esto, para qué es... este pájaro? -pregunta,.&lt;br /&gt;-Porque esta cartuchera es de un regimiento de&lt;br /&gt;la Guardia, señor oficial; lleva el águila imperial.&lt;br /&gt;-¿,'Usted es de la Guardia?&lt;br /&gt;-No, señor; del sexto de línea.&lt;br /&gt;-Y esto, ¿dónde compra? -El oficial indica el tu-&lt;br /&gt;bito de madera que sostiene el cigarrillo del francés&lt;br /&gt;(una boquilla).&lt;br /&gt;En Balaklava, señor oficial, es sólo un pe dazo&lt;br /&gt;de madera de palma.&lt;br /&gt;-¡Bonito! -replica el oficial, obligado a em plear&lt;br /&gt;las pocas palabras que conoce y que bien o mal se&lt;br /&gt;imponen en la conversación.&lt;br /&gt;-Si tiene usted la bondad de aceptarlo en re-&lt;br /&gt;cuerdo, se lo agradeceré.&lt;br /&gt;Y el francés arroja su cigarro, sopla en la boqu i-&lt;br /&gt;lla y la presenta galantemente al oficial saludándole,&lt;br /&gt;este le da a su vez, la suya; todos los presentes, fran-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 99&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;100&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ceses y rusos, sonríen, parecien do muy compl aci-&lt;br /&gt;dos.&lt;br /&gt;He aquí un soldado de infantería de avispada f i-&lt;br /&gt;sonomía, con camisa de color de rosa, el capote&lt;br /&gt;echado sobre los hombros; su cara respira la ale gría&lt;br /&gt;y la curiosidad; seguido por dos compañe ros suyos&lt;br /&gt;y con las manos a la espalda, aproxímase, pide fuego&lt;br /&gt;al frances; éste sopla, sacude su pipa de tierra y ofre-&lt;br /&gt;ce lumbre al ruso.&lt;br /&gt;-Tabac bonn -dice el soldado de la camisa rosa, y&lt;br /&gt;los espectadores se ríen.&lt;br /&gt;-Sí, buen tabaco;  tabaco turco  -respondió el&lt;br /&gt;francés, -y vosotros, ¿tabaco ruso bueno?&lt;br /&gt;-Rous bonn -contesta el soldado de la camisa rosa,&lt;br /&gt;y ahora todos los presentes ríen a carcajadas. -&lt;br /&gt;¡Francais pas bonn; bonn jour, mousiou!- prosigue el so l-&lt;br /&gt;dado haciendo alarde de todos sus conocimientos&lt;br /&gt;en francés, riendo y dando palmadas en el vientre a&lt;br /&gt;su interlocutor. Los franceses ríen también.&lt;br /&gt;-No son nada guapos, hermosos b... de ru sos&lt;br /&gt;-dice un zuavo.&lt;br /&gt;-¿De qué se ríen?  -pregunta otro con fuerte&lt;br /&gt;acento italiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 100&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;101&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Le  caftan bonn -vuelve a comenzar el tra vieso&lt;br /&gt;soldado, examinando la chaquetilla borda da del&lt;br /&gt;zuayo.&lt;br /&gt;-A vuestro sitio ¡ sacré nom! -grita en aquel m o-&lt;br /&gt;mento un cabo francés.&lt;br /&gt;Y los soldados  se dispersan de mala gana, mien-&lt;br /&gt;tras nuestro joven teniente de caballería se pavonea&lt;br /&gt;en un grupo de oficiales enemigos.&lt;br /&gt;-Conocí mucho al conde  Sasonof -dice Uno de&lt;br /&gt;éstos;- es un Conde ruso  de los verdaderos, tales&lt;br /&gt;como a nosotros nos gustan.&lt;br /&gt;-También he conocido un  Sasonof  -replica  el&lt;br /&gt;oficial de caballería- pero no era Conde, se gún ten-&lt;br /&gt;go entendido; un chico moreno, bajo, de su edad de&lt;br /&gt;usted sobre poco más o menos.&lt;br /&gt;-Ese es, caballero, él es. ¡Cuanto me alegraría de&lt;br /&gt;verlo! Si usted lo ve, salúdelo en mi nombre. El c a-&lt;br /&gt;pitán Latour -añade saludando cortésmente.&lt;br /&gt;-¡Qué triste oficio el nuestro! L a cosa iba de&lt;br /&gt;firme esta noche, ¿no es verdad?  -prosigue el oficial&lt;br /&gt;de caballería deseoso de sostener la conversación e&lt;br /&gt;indicando los cadáveres.&lt;br /&gt;-Sí señor, es terrible; pero, ¡qué moceto nes los&lt;br /&gt;soldados rusos! Es un placer batirse con bravos así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 101&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;102&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay que confesar que los vuestros no se suenan&lt;br /&gt;tampoco con el pie10 -responde en francés siempre&lt;br /&gt;el jinete ruso saludando, persuadido de que ha repli-&lt;br /&gt;cado perfectamente bien.&lt;br /&gt;Pero, basta de este asunto; contemplad en ca m-&lt;br /&gt;bio a aquel rapaz de diez años, con una gorra vieja,&lt;br /&gt;usada, perteneciente sin duda a su padre, desnudas&lt;br /&gt;las piernas y calzados los pies con gran des zapato-&lt;br /&gt;nes, y que viste un pantalón de lienzo sostenido por&lt;br /&gt;un solo tirante. Salió de las fortificaciones al princ i-&lt;br /&gt;pio de la tregua; desde entonces se pasea por aquel&lt;br /&gt;terreno acribillado y examina, con curiosidad est ú-&lt;br /&gt;pida a los franceses, y los cuerpos tendidos en tierra,&lt;br /&gt;recogiendo las  florecillas azules de los campos de&lt;br /&gt;que está sembrado el valle. El  chicuelo regresa con&lt;br /&gt;un gran ramo y se tapa la nariz para no sentir el i n-&lt;br /&gt;fecto olor que el viento le envía;  detiénese ante a l-&lt;br /&gt;gunos cadáveres amontonados, y contempla durante&lt;br /&gt;mucho rato a un muerto a quien le falta la cabeza, y&lt;br /&gt;que es horroroso de mirar. Tras de larga contempla-&lt;br /&gt;ción, aproxímase y le toca con el pie el brazo rígido,&lt;br /&gt;tendido, y como lo empuje con más fuerza, muévese&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;10 Ne se mouchent pas du pied, non plus . -Modismo francés sin equivalente&lt;br /&gt;castellano, usado por el oficial ruso como alarde de sus conocimientos&lt;br /&gt;en la lengua francesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 102&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;103&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el brazo y cae a plomo. El rapaz lanza un grito,&lt;br /&gt;oculta el rostro entre las flores y vuelve a entrar en&lt;br /&gt;las fortificaciones corriendo a todo correr.&lt;br /&gt;¡ Sí, sobre los baluartes y las trincheras flotan&lt;br /&gt;banderas blancas; espléndido el sol descien de sobre&lt;br /&gt;la mar azul, y esa mar ondula y brilla bajo sus rayos&lt;br /&gt;de oro ; millares de personas se agrupan, se miran,&lt;br /&gt;charlan y se sonríen unas a otras, y aquellos ho m-&lt;br /&gt;bres, que son cristianos, que profesan la gran ley de&lt;br /&gt;amor y sacrificio, contemplan su obra sin arrojarse&lt;br /&gt;arrepentidos a los pies de Aquel que les dio vida y&lt;br /&gt;con la vida el temor de la muerte, el amor al bien y a&lt;br /&gt;lo bello! ¡Y aquellas gentes no se abrazan como&lt;br /&gt;hermanos vertiendo lágrimas de gozo y felicidad! ...&lt;br /&gt;Consolémonos al menos con la idea de que no s o-&lt;br /&gt;mos nosotros los autores de esta gue rra que nos l i-&lt;br /&gt;mitamos a defender nuestro país, nuestro suelo&lt;br /&gt;natal. Arríanse las banderas blancas; los ingenios&lt;br /&gt;mortíferos y dolorosos retumban de nuevo; de nue-&lt;br /&gt;vo corre a oleadas sangre inocente, y vuelven a e s-&lt;br /&gt;cucharse gemidos y maldiciones.&lt;br /&gt;He dicho todo, cuanto quería decir, por lo me-&lt;br /&gt;nos esta vez; pero duda  penosísima viene a ag o-&lt;br /&gt;biarme. Tal vez hubiera, sido mejor callar, pues qu i-&lt;br /&gt;zá lo que dije esté en el número de las verdades&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 103&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;104&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;perniciosas, obscuramente sepultadas en el alma de&lt;br /&gt;cada cual, y que para proseguir siendo inofensivas&lt;br /&gt;no deben ser reveladas, así como no hay que agitar&lt;br /&gt;el vino viejo por miedo de que los posos no se r e-&lt;br /&gt;vuelvan y suban y el líquido se enturbie.&lt;br /&gt;¿ Dónde, pues, veremos en este relato el mal&lt;br /&gt;que es preciso evitar y el bien hacia que debemos&lt;br /&gt;tender? ¿Dónde esta el traidor? ¿Dónde el héroe?&lt;br /&gt;Todos son buenos y todos son malos. No serán&lt;br /&gt;Kaluguin con su valor brillante, su arrojo caball e-&lt;br /&gt;resco y su vanidad, principal motor de todas sus a c-&lt;br /&gt;ciones... ni Praskimin, nulo e inofensivo a pesar de&lt;br /&gt;haber caído en el campo de ba talla por la fe, el tr o-&lt;br /&gt;no y la patria... mi  Mikhailof, tan tímido; ni  Pesth,&lt;br /&gt;aquella criatura sin convicciones y sin sentido m o-&lt;br /&gt;ral, quienes puedan pasar por  desleales o por h é-&lt;br /&gt;roes.&lt;br /&gt;No; el héroe de mis relatos, aquel  a quien amo&lt;br /&gt;con todas las fuerzas de mi espíritu; el que he trat a-&lt;br /&gt;do de reproducir con toda su hermosura; el que ha&lt;br /&gt;sido y es y será siempre bello, ¡es la verdad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 104&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;105&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SEBASTOPOL EN AGOSTO DE 1855&lt;br /&gt;A fines del mes de agosto, por la carretera p e-&lt;br /&gt;ñascosa de Sebastopol entre Duvanka11 y Baktchisa-&lt;br /&gt;rai avanzaba al paso, entre el cálido y espe so polvo,&lt;br /&gt;una telega de oficial, de extraña forma, por entonces&lt;br /&gt;desconocida, que venía a ser algo entre el cesto, la&lt;br /&gt;britchka Judía y la carreta rusa.&lt;br /&gt;En aquel carruaje, sentado sobre los talones, un&lt;br /&gt;asistente, con levita militar de lienzo y gorra de of i-&lt;br /&gt;cial vieja y deformada, conducía el tiro. Tras él, r e-&lt;br /&gt;clinado sobre paquetes y sacos cubiertos con un&lt;br /&gt;capote de tropa, veíase a un oficial con capa de v e-&lt;br /&gt;rano; de pequeña estatura, por lo que podía juzgarse&lt;br /&gt;en aquella posición, y que chocaba, al pronto, m e-&lt;br /&gt;nos por la maciza anchura de hombro a hombro,&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;11 Ultima estacion antes de llegar a Sebastopol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 105&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;106&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que por el espesor de su busto entre el pecho y la&lt;br /&gt;espalda; la nuca, y el cuello gruesos y fuertes, ofr e-&lt;br /&gt;cían también gran desarrollo a lo ancho, y sus mú s-&lt;br /&gt;culos aparecían en vigora tensión. Lo que hemos&lt;br /&gt;convenido en llamar cintura no existía, ni vientre&lt;br /&gt;tampoco, pero a pesar de todo no era posible co n-&lt;br /&gt;siderarlo obeso, y su rostro, sobre el cual se exte n-&lt;br /&gt;día un paño amarillento y enfermizo, llamaba la&lt;br /&gt;atención  por lo demacrado. Hubiera podido pasar&lt;br /&gt;por guapo mozo sin cierta hinchazón de las carnes y&lt;br /&gt;la piel plegada y con arrugas profundas que, al co n-&lt;br /&gt;fundirse unas con otras, desvanecían las facciones,&lt;br /&gt;quitándoles toda frescura y les daban expresión gr o-&lt;br /&gt;sera. La de sus ojos pequeños, pardos, extraordin a-&lt;br /&gt;riamente vivos, rayaba en imprudencia, el bigote,&lt;br /&gt;muy espeso, y siempre medio mordido por costu m-&lt;br /&gt;bre, no se extendía mucho a lo ancho; las mejillas y&lt;br /&gt;la barba, sin afeitar hacía dos días,  cubríalas vello&lt;br /&gt;negro y áspero. Herido el 10 de Mayo por un casco,&lt;br /&gt;de granada en la cabeza, la cual traía vendada aún,&lt;br /&gt;encontrábase, sin embargo, completamente rest a-&lt;br /&gt;blecido ya, y salía del hospital de  Sympheropol para&lt;br /&gt;incorporarse a su regimiento, situado no sabía dó n-&lt;br /&gt;de, allá en la dirección en que se oían los cañonazos;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 106&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;107&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pero aun no había podido averiguar si estaba en el&lt;br /&gt;mismo Sebastopol, en la Severnaia o en Inkerman.&lt;br /&gt;Oíase distintamente el cañoneo que parecía muy&lt;br /&gt;próximo cuando las montañas no interceptaban el&lt;br /&gt;fragor traído por el viento; ora violenta explosión&lt;br /&gt;hacía vibrar el aire  haciéndoos estremecer a pesar&lt;br /&gt;vuestro; ora estampidos menos violentos, semeja n-&lt;br /&gt;tes al redoble del tambor  seguíanse a cortos inte r-&lt;br /&gt;valos, interrumpidos por algún trueno&lt;br /&gt;ensordecedor, o bien confundíase todo, en un rugir&lt;br /&gt;contínuo de tableteos prolongados, parecido al de la&lt;br /&gt;tormenta cuando rompe a llover violentamente. C a-&lt;br /&gt;da ruido decía, y entendíase bien, que el bombardeo&lt;br /&gt;era horroroso. El oficial daba prisa a su asistente&lt;br /&gt;para llegar pronto; a su encuentro venía una fila de&lt;br /&gt;carros conducidos por campesinos rusos que h a-&lt;br /&gt;bían llevado víveres a  Sebastopol, y que regresaban&lt;br /&gt;conduciendo enfermos y heridos; sold ados con ca-&lt;br /&gt;pote gris, marineros con negros chaquetones, v o-&lt;br /&gt;luntarios con fez 12 rojo, y barbudos milicianos. El&lt;br /&gt;vehículo se vio obligado a detenerse, y el oficial,&lt;br /&gt;guiñando los ojos y parpadeando entre aque lla nube&lt;br /&gt;de polvo impenetrable levantado por los carros y&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;12 Gorro oriental tronco cónico. –(N.del T)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 107&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;108&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que se le introducía en los ojos y las orejas, examinó&lt;br /&gt;las caras de los que iban pasando.&lt;br /&gt;-Ahí va un soldado de nuestra compañía -dijo el&lt;br /&gt;asistente, volviéndose a su amo e indicándole uno&lt;br /&gt;de los heridos.&lt;br /&gt;En el pescante, sentado de medio perfil, un&lt;br /&gt;campesino ruso, con toda la barba y gorro de fieltro,&lt;br /&gt;iba haciendo un nudo en el enorme látigo que ret e-&lt;br /&gt;nía por la vara, sujetándolo por el codo contra su&lt;br /&gt;cuerpo. Volvía la espalda a cuatro o cinco soldados&lt;br /&gt;sacudidos y traqueteados en el carretón. Uno de&lt;br /&gt;ellos, con el brazo en cabestrillo, el capote echado&lt;br /&gt;sobre la camisa, y en actitud firme y erguida, aunque&lt;br /&gt;pálido y demacrado, iba en el centro. Al distinguir al&lt;br /&gt;oficial, llevóse instintivamente la mano a la cabeza,&lt;br /&gt;pero acordándose de su herida, hizo ademán de&lt;br /&gt;quererse rascar; otro aparecía recostado al lado suyo&lt;br /&gt;en el fondo de la  telega, no viéndose de él más que&lt;br /&gt;las dos manos asidas a los barrotes de madero, y las&lt;br /&gt;rodillas dobladas, oscilando sin resistencia como&lt;br /&gt;dos copos de cáñamo, y otro más atrás, que con la&lt;br /&gt;cara hinchada, envuelta en un pañuelo la cabeza y&lt;br /&gt;sobre ésta su gorro de uniforme, sentado de través y&lt;br /&gt;con las piernas col gantes y r ozando las ruedas,&lt;br /&gt;dormitaba con las manos sobre las rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 108&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;109&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Doljikoff -le gritó el viajero.&lt;br /&gt;-Presente -respondió aquél, abriendo los ojos y&lt;br /&gt;descubriéndose  su voz de bajo era tan llena, tan&lt;br /&gt;formidable, que parecía salir de vein te soldados&lt;br /&gt;juntos.&lt;br /&gt;-¿Cuándo te han herido?&lt;br /&gt;-Saludo a Vuestra Nobleza 13 -contestó con su&lt;br /&gt;voz seca, animá ndose sus ojos vidriosos e in-&lt;br /&gt;flamados al ver a su superior.&lt;br /&gt;- ¿Dónde está el regimiento?&lt;br /&gt;-En Sebastopol, Vuestra Nobleza; se cree que&lt;br /&gt;saldrá el miércoles.&lt;br /&gt;-¿ Para dónde?...&lt;br /&gt;-No se sabe...para la  Severnaia, de seguro,&lt;br /&gt;Vuestra Nobleza.  Ahora-añadió expresándose con&lt;br /&gt;lentitud, - él14 tira sobre todo!... Con bombas, pri n-&lt;br /&gt;cipalmente; ¡tira que es un horror! ...&lt;br /&gt;Y añadió algunas palabras que no pudieron e n-&lt;br /&gt;tendérsele; pero en su rostro y en su ademán  adivi-&lt;br /&gt;nabase que, con el resentimiento del hombre que&lt;br /&gt;sufre, decia cosas poco halagüenas.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;13 Traducción literal del saludo habitual del soldado ruso a sus&lt;br /&gt;superiores.&lt;br /&gt;14 El enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 109&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;110&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El subteniente Koseltzoff que acababa de  inte-&lt;br /&gt;rrogartlo, no era un oficial adocenado ni de aquellos&lt;br /&gt;que viven de cierto modo porque los demás vivan y&lt;br /&gt;obren así. Su naturaleza hallábase dotada con abun-&lt;br /&gt;dancia de cualidades relativamente superiores. Ca n-&lt;br /&gt;taba y tocaba con habilidad la guitarra; hablaba y&lt;br /&gt;escribía con facilidad, sobre todo la corresponde n-&lt;br /&gt;cia oficial, con la cual se ha bía familiarizado en su&lt;br /&gt;servicio de ayudante del batallón. Era notable su&lt;br /&gt;energía, pero ésta no recibía impulso sino del amor&lt;br /&gt;propio. A pesar de estar como injertada sobre aqu e-&lt;br /&gt;lla capacidad de segundo orden, constituía por sí&lt;br /&gt;sola el - trazo más saliente v característico de su&lt;br /&gt;temperamento. Aquel género de amor propio que se&lt;br /&gt;desarrolla más  comunmente entre los hombres, en&lt;br /&gt;particular los militares,  habíase infiltrado de tal&lt;br /&gt;suerte en su existencia, que no se concebía elec ción&lt;br /&gt;posible sino entre «sobresalir o aniquilar se»; el amor&lt;br /&gt;propio era, pues, el motor de sus acciones más ínt i-&lt;br /&gt;mas; hasta solo, consigo mismo gustaba de darse la&lt;br /&gt;primacía entre aquellos con quienes se comparaba.&lt;br /&gt;-¡Vamos! No seré yo, quien escuche la charla de&lt;br /&gt;este «Moskú»15 -murmuró el subteniente, en cuyas&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;15 En algunos regimientos del ejercito, los oficiales denominan a los&lt;br /&gt;soldados Mosku, mote entre despreciativo y cariñoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 110&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;111&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ideas, el encuentro con el convoy de he ridos, intro-&lt;br /&gt;dujo la perturbación gravitándolo so bre el corazón&lt;br /&gt;las palabras del soldado, cuya importancia acrecía y&lt;br /&gt;confirmaba a cada paso el estampido del cañón.&lt;br /&gt;-¡Son divertidos estos « Moskú!...» Vamos, Nicolaief,&lt;br /&gt;adelante. ¿Duermes, por lo visto?  -gritó malhumo-&lt;br /&gt;rado a su sirviente, recogiendo los pliegues de su&lt;br /&gt;capa.&lt;br /&gt;Nicolaief sacudió las riendas; de sus labios sa lió&lt;br /&gt;un chasquido azuzando el tiro, y el carruaje partió al&lt;br /&gt;trote.&lt;br /&gt;-No nos vamos  a detener sino para dar pienso&lt;br /&gt;a los caballos -le dijo el oficial -, y ahora en marcha;&lt;br /&gt;¡adelante! &lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;Al ir a entrar en la calle de Duvanka, montón de&lt;br /&gt;ruinas, el subteniente Koseltzoff vióse detenido por&lt;br /&gt;un convoy de balas y de bombas dirigido hacia  Se-&lt;br /&gt;bastopol, y que permanecía, es tacionado en mitad&lt;br /&gt;del camino.&lt;br /&gt;Dos soldados de infantería, sentados en el pol-&lt;br /&gt;vo sobre las piedras de una pared desplomada, d a-&lt;br /&gt;ban cuenta de una sandía con pan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 111&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;112&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Van ustedes muy lejos, paisano?  -dijo uno de&lt;br /&gt;ellos, mordiendo una rala de sandía.&lt;br /&gt;Dirigíase a otro soldado, que estaba de pie junto&lt;br /&gt;a los otros dos y con el morral a cuestas.&lt;br /&gt;-Vamos a nuestra compañía; venimos de allá, de&lt;br /&gt;nuestro país  -respondió el soldado, apar tando los&lt;br /&gt;ojos de la sandía y su</description>
            <pubDate>Sun, 27 May 2007 10:25:11 +0100</pubDate>
        </item>
        <item>
            <title>sebastopol</title>
            <link>http://sebastopol.blogcindario.com/2007/05/00003-sebastopol.html</link>
            <description>ciéndole uno al oficial manco, que buscaba su pet a-&lt;br /&gt;ca. &lt;br /&gt;El entusiasmo del joven hacia él  traslucíase en&lt;br /&gt;las menudas atenciones que le prodigaba.&lt;br /&gt;-¿Viene usted también  de  Sebastopol?&lt;br /&gt;-prosiguió.- ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Es asombroso!&lt;br /&gt;En Petersburgo no hacíamos sino acordarnos de&lt;br /&gt;ustedes, de ustedes los héroes  -añadió volviéndose&lt;br /&gt;con naturalidad y respeto hacia Koseltzoff.&lt;br /&gt;-¿Y si tienen ustedes que volver atrás?  -le pre-&lt;br /&gt;guntó éste.&lt;br /&gt;- Eso es precisamente lo que tememos; pues&lt;br /&gt;después de comprar el caballo y lo que nos era más&lt;br /&gt;indispensable, por ejemplo esta cafetera y algunos&lt;br /&gt;otros objetos menudos, nos hemos quedado sin un&lt;br /&gt;céntimo -añadió en voz más baja, y dirigiendo una&lt;br /&gt;mirada de reojo a su compañero- de manera que no&lt;br /&gt;sé cómo saldremos del paso.&lt;br /&gt;-¿No han recibido ustedes los auxilios de ma r-&lt;br /&gt;cha? -añadió Koseltzoff.&lt;br /&gt; -No- murmuró el  joven- pero han prome tido&lt;br /&gt;dárnoslo aquí.&lt;br /&gt;-¿Traen ustedes el certificado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 120&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;121&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya sé que el certificado es lo más esencial. Un&lt;br /&gt;tío mío, senador en  Moscou, hubiera podido dá r-&lt;br /&gt;melo; pero me han asegurado que lo recibi ría aquí&lt;br /&gt;sin falta. Me lo facilitarán, ¿no es verdad?&lt;br /&gt;-Sin duda alguna.&lt;br /&gt;-Así lo creo  -replicó el mozo con acento que&lt;br /&gt;probaba cómo a la fuerza de repetir la misma pre-&lt;br /&gt;gunta en treinta sitios diferentes y haber recibido las&lt;br /&gt;contestaciones mas contradictorias, ya no daba cr é-&lt;br /&gt;dito a nadie. &lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;-¿Quién ha pedido  borchtch18   -interrumpió en&lt;br /&gt;aquel momento la dueña de la casa, gruesa moceto-&lt;br /&gt;na, de unos cuarenta años, no muy limpiamente&lt;br /&gt;vestida, que traía una enorme cazuela.&lt;br /&gt;Nadie contestó; todos los ojos se volvieron h a-&lt;br /&gt;cia la mujer, hasta uno de los oficiales llegó a gu i-&lt;br /&gt;ñarle el ojo, cambiando con su compañero una&lt;br /&gt;mirada que tenía a la matrona por objetivo.&lt;br /&gt;-Sí, Koseltzoff es quien la ha pedido  -repuso el&lt;br /&gt;oficial joven, - hay que despertarlo, vamos; ven a&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;18 Sopa polaca y de la Pequeña Rusia, hecha con jugo de remolacha,&lt;br /&gt;carne y legumbres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 121&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;122&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;comer -añadió, acercándose al que dormía y sac u-&lt;br /&gt;diéndolo por un hombro.&lt;br /&gt;Un jovenzuelo de diecisiete años, con ojos n e-&lt;br /&gt;gros, vivos, brillantes y mejillas coloradas, se l e-&lt;br /&gt;vantó de un salto, y como empujara&lt;br /&gt;involuntariamente al doctor:&lt;br /&gt;-Dispense usted  -le dijo, frotándose los ojos y&lt;br /&gt;permaneciendo plantado en medio de la sala. El&lt;br /&gt;subteniente Koseltzoff reconoció en seguida a su&lt;br /&gt;hermano menor y acercóse a él.&lt;br /&gt;-¿ Me reconoces? -le dice.&lt;br /&gt;-¡Ah, ah! ¡Esto es asombroso!  -exclamó el man-&lt;br /&gt;cebo abrazando a su hermano.&lt;br /&gt;Sonaron dos besos, pero al irse a abrazar por&lt;br /&gt;tercera vez, como exige el uso, vacilaron un segu n-&lt;br /&gt;do; hubiérase dicho, que ambos se preguntaban por&lt;br /&gt;qué habían de abrazarse tres veces precisamente.&lt;br /&gt;-¡Cuánto me alegro de encontrarte!  -dijo el ma-&lt;br /&gt;yor, llevándose fuera a su hermano- hablemos un&lt;br /&gt;poco.&lt;br /&gt;-Vamos, vamos, ya no quiero  borchtch; cómetelo&lt;br /&gt;tú, Fedorow -dijo a su compañero.&lt;br /&gt;-Pero tú tenías gana.&lt;br /&gt;-No, ya no quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 122&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;123&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez fuera y en el vestíbulo, tras de las pr i-&lt;br /&gt;meras efusiones del mozalbete que no cesaba de&lt;br /&gt;interrogar a su hermano sin hablarle de lo que a él le&lt;br /&gt;concernía, el último, aprovechando unos segundos&lt;br /&gt;de silencio, le preguntó por fin, cómo no había e n-&lt;br /&gt;trado en la Guardia, según esperaban.&lt;br /&gt;-Porque quiero ir a  Sebastopol. Si todo ter mina&lt;br /&gt;bien, ganaré más que si hubiera permane cido en la&lt;br /&gt;Guardia; allí hay que pasar diez años hasta llegar a&lt;br /&gt;coronel, mientras que aquí  Todtleben, de teniente&lt;br /&gt;coronel ha llegado a General en dos años. ¿Y si me&lt;br /&gt;matan? Entonces... pues...  ¡qué se le ha de hacer!&lt;br /&gt;-¡ Qué modo de razonar!  -dijo el hermano m a-&lt;br /&gt;yor sonriendo.&lt;br /&gt;-Y además, lo que te acabo de decir no tiene im-&lt;br /&gt;portancia, la razón principal...  -y se detuvo vac ilan-&lt;br /&gt;do, sonriendo a su vez y poniéndose colorado&lt;br /&gt;como si fuese a decir algo vergonzoso,  la razón&lt;br /&gt;principal... es que mi conciencia me daba que hacer,&lt;br /&gt;sentía escrúpulos de vivir en  Petersburgo mientras&lt;br /&gt;aquí se muere por la pa tria. Deseaba también e n-&lt;br /&gt;contrarte -añadió con más timidez.&lt;br /&gt;-¡El demonio del chiquillo! -dijo su hermano sin&lt;br /&gt;mirarlo y buscando su petaca. - Y siento que no p o-&lt;br /&gt;damos permanecer juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 123&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;124&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos, te lo ruego, dime la verdad, eso de los&lt;br /&gt;baluartes ¿es verdaderamente tan espantoso?&lt;br /&gt;-Sí, al principio, después  se acostumbra uno, ya&lt;br /&gt;lo verás.&lt;br /&gt;-Dime, además, te lo suplico, ¿crees que  Se-&lt;br /&gt;bastopol será tomado? Me parece que eso no suc e-&lt;br /&gt;derá.&lt;br /&gt;-¡ Sólo Dios lo sabe!&lt;br /&gt;-Si supieses qué aburrido estoy. Figúrate mi des-&lt;br /&gt;gracia; en el camino me han robado varias cosas,&lt;br /&gt;entro ellas el casco, y me encuentro en una situación&lt;br /&gt;tremenda. ¿Cómo me las arreglaré para presentarme&lt;br /&gt;al jefe?&lt;br /&gt;Vladimiro Koseltzoff, el menor,  parecíase mu-&lt;br /&gt;chísimo a su hermano Miguel, por lo menos tanto&lt;br /&gt;como una flor de  agabanzo que se entreabre a otra&lt;br /&gt;deshojada. Tenía también rubio el Cabello, más p o-&lt;br /&gt;blado y en rizos sobre las sienes mientras que sobre&lt;br /&gt;la nuca, blanca y delicada,  perdíase un largo m e-&lt;br /&gt;chón, signo de felicidad según las comadres. Sangre&lt;br /&gt;generosa, y joven coloreaba a cada impresión del&lt;br /&gt;espíritu su cutis, habitualmente mate. Sobre sus ojos,&lt;br /&gt;parecidos a los de su hermano, pero más abiertos y&lt;br /&gt;más límpidos, extendíase a menudo un baño de hu-&lt;br /&gt;medad. Fino bozo rubio comenzaba a sombrear sus&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 124&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;125&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mejillas y sus labios, éstos eran de rojo púr pura y se&lt;br /&gt;plegaban con frecuencia en sonrisa tímida, dejando&lt;br /&gt;ver la dentadura de un blanco deslumbrador. Tal&lt;br /&gt;como aparecía allí, con el ca pote desabrochado,&lt;br /&gt;bajo el cual llevaba camisa roja de cuello ruso; e s-&lt;br /&gt;belto, ancho de hombros, con un cigarrillo entre los&lt;br /&gt;dedos, apoyado contra la balaustrada del peristilo, el&lt;br /&gt;rostro iluminado por franca alegría, los ojos fijos&lt;br /&gt;sobre su hermano, era a  buen seguro el adolescente&lt;br /&gt;más simpático que se pudiera contemplar,  apartába-&lt;br /&gt;se de él la mirada con pena. Sinceramente feliz al&lt;br /&gt;encontrar a su hermano, a quien consideraba con&lt;br /&gt;respeto y orgullo, como a un héroe, sentía, sin e m-&lt;br /&gt;bargo, algo de vergüenza por ese hermano, a causa&lt;br /&gt;de su propia educación más cultivada, de sus con o-&lt;br /&gt;cimientos en francés, del trato con personas de alta&lt;br /&gt;posición, y encontrándose supe rior a él, esperaba&lt;br /&gt;llegar a civilizarlo.&lt;br /&gt;Sus impresiones, sus juicios se habían formado&lt;br /&gt;en Petersburgo bajo la  influencla de cierta dama,&lt;br /&gt;que débil por los rostros lindos, hacíale pasar los&lt;br /&gt;días de fiesta en su casa.  Moscou contribuyó tam-&lt;br /&gt;bién por su parte, pues allí había bailado en gran  soi-&lt;br /&gt;rée en casa de su tío el senador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 125&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;126&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;Después de hablar hasta saciarse, hasta demo s-&lt;br /&gt;trar cosa que sucede con frecuencia, que sin dejar de&lt;br /&gt;quererse mucho tenían muy pocos intereses com u-&lt;br /&gt;nes, los dos hermanos permane cieron silenci osos&lt;br /&gt;durante algún tiempo.&lt;br /&gt;-Bueno, bien, recoge tu equipaje y partamos.&lt;br /&gt;El joven enrojeció turbándose.&lt;br /&gt;-¿A Sebastopol directamente? -preguntó por fin.&lt;br /&gt;-Claro está. Me parece que no tienes mucha  im-&lt;br /&gt;pedimenta. Ya te haremos sitio.&lt;br /&gt;-Bueno, vamos -replicó Vladimiro, que entró en&lt;br /&gt;la casa lanzando un suspiro.&lt;br /&gt;Al abrir la puerta de la sala se detuvo e inclinó la&lt;br /&gt;cabeza.&lt;br /&gt;-Ir directamente a  Sebastopol  -se dijo- ¡-&lt;br /&gt;exponerse a las bombas es terrible! Pero por  otra&lt;br /&gt;parte, ¿no da lo mismo que sea hoy u otro día? Al&lt;br /&gt;menos, con mi hermano.&lt;br /&gt;A decir verdad, ante la idea de que la  telega lo&lt;br /&gt;condujese de un tirón hasta Sebastopol, de que nin-&lt;br /&gt;gún nuevo incidente lo detendría en el camino, fue&lt;br /&gt;tan sólo cuando se dio cuenta del peligro que había&lt;br /&gt;venido a buscar y cuya proximidad lo emocionó&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 126&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;127&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;profundamente. Tranquilo por fin se reunió a sus&lt;br /&gt;compañeros, permaneció tanto rato con ellos, que&lt;br /&gt;su hermano, impaciente, abrió la puerta y lo vio&lt;br /&gt;cuadrado delante del oficial que lo amonestaba c o-&lt;br /&gt;mo a un escolar. A la vista de, su hermano. perdió&lt;br /&gt;todo el aplomo.&lt;br /&gt;-Voy en seguida - le gritó haciendo un ade mán&lt;br /&gt;con la mano,- espérame, ahora voy.&lt;br /&gt;Un segundo después fue a su encuentro.&lt;br /&gt;- Imagínate -le dijo suspirando  profundamente-&lt;br /&gt;que no me puedo marchar contigo.&lt;br /&gt;-¡ Qué tontería! ¿Por qué?&lt;br /&gt;-Voy a decirte la verdad, Micha, no tenemos un&lt;br /&gt;céntimo, por lo contrario, le debemos dinero a aquel&lt;br /&gt;capitán, al que está allí, y eso es terri blemente ver-&lt;br /&gt;gonzoso.&lt;br /&gt;El hermano mayor frunció el entrecejo y no&lt;br /&gt;respondió.&lt;br /&gt;-¿ Debes mucho? - le preguntó por fin sin m i-&lt;br /&gt;rarlo.&lt;br /&gt;No, mucho no; pero me mortifica sobremanera.&lt;br /&gt;Ha pagado por mí en tres casas de posta, utilizo su&lt;br /&gt;azúcar y además hemos jugado a la preferencia, y le&lt;br /&gt;he quedado a deber un pico...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 127&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;128&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eso está mal, Volodia! ¿Qué hubieras he cho a&lt;br /&gt;no encontrarme? -le dijo el primogénito con sever i-&lt;br /&gt;dad, siempre sin mirarlo.&lt;br /&gt;-Pero ya sabes que espero recibir mis auxilios de&lt;br /&gt;marcha en  Sebastopol, entonces lo paga ré. Esto&lt;br /&gt;puede hacerse aún, por eso es mejor que llegue con&lt;br /&gt;él mañana.&lt;br /&gt;Miguel sacó en aquel momento del bolsillo un&lt;br /&gt;portamonedas del cual extrajo, con mano vaci lante&lt;br /&gt;dos asignados de diez rublos y uno de tres.&lt;br /&gt;-He, aquí todo lo que tengo - dijo.- ¿Cuánto n e-&lt;br /&gt;cesitas? -Exageraba un poco al decir que era aquel&lt;br /&gt;todo su caudal, pues poseía además cuatro monedas&lt;br /&gt;de oro cosidas entre las vueltas de su uniforme, p e-&lt;br /&gt;ro a las cuales habíase prometido no tocar.&lt;br /&gt;Resultó, ajustadas las cuentas, que Koseltzoff no&lt;br /&gt;debía más que ocho rublos, incluyendo lo perdido al&lt;br /&gt;Juego y el azúcar.  Dióselos su hermano, advirtié n-&lt;br /&gt;dole tan sólo que no se debe jugar nunca&lt;br /&gt;cuando no se tiene dinero. El mozo no replicó, la&lt;br /&gt;advertencia de su hermano mayor parecía conte ner&lt;br /&gt;dudas sobre su delicadeza. Irritado, avergonzándose&lt;br /&gt;por haber cometido un acto que podía dar lugar a&lt;br /&gt;sospechas mortificantes para él por parte de Miguel,&lt;br /&gt;a quien quería, su naturaleza impresionable  sintióse&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 128&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;129&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;trastornada con tal violencia, que conociendo la im-&lt;br /&gt;posibilidad de re tener los sollozos que le oprimían&lt;br /&gt;la garganta,  tomó el asignado sin replicar y se lo ll e-&lt;br /&gt;vó a su compañero de viaje.&lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;Nikolaieff, después de entonarse en  Duvanka&lt;br /&gt;con dos vasos de aguardiente, que vendía un&lt;br /&gt;so1dado en el puente, sacudió las riendas y la  telega&lt;br /&gt;comenzó su traqueteo sobre el pedregoso cami no&lt;br /&gt;en el que sólo a largos espacios aparecía algún trozo&lt;br /&gt;de sombra, y que conduce a lo largo del  Belbek&lt;br /&gt;hasta Sebastopol, mientras que los  dos hermanos,&lt;br /&gt;tan juntos que sus piernas se to caban, permanecían&lt;br /&gt;en obstinado silencio sin dejar de pensar uno en el&lt;br /&gt;otro.&lt;br /&gt;-¿Por qué me ha ofendido?  -decíase el man-&lt;br /&gt;cebo.- ¿Me tomará realmente por un estafa dor? Pa-&lt;br /&gt;rece que está aún enojado. Henos aquí peleados p a-&lt;br /&gt;ra siempre, y sin embargo, los dos, en  Sebastopol,&lt;br /&gt;¡qué dichosos hubiéramos sido! ¡Dos hermanos&lt;br /&gt;bien unidos entre sí los dos batiéndose contra el&lt;br /&gt;enemigo! el mayor, falto quizá de un poco de cultura&lt;br /&gt;pero militar biza rro, y el menor, tan valiente c omo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 129&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;130&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;él, pues al cabo de una semana habré demostrado a&lt;br /&gt;todos que ya no soy tan niño, no me pondré color a-&lt;br /&gt;do, mi cara será varonil, y él bigote tendrá tiempo de&lt;br /&gt;crecerme hasta  aquí - decía pellizcándose con los&lt;br /&gt;dedos el bozo que nacía junto a la comisura de los&lt;br /&gt;labios.- ¡Podrá suceder que llegu emos hoy mismo y&lt;br /&gt;podamos tomar parte en alguna ac ción! ¡Mi herm a-&lt;br /&gt;no debe ser muy bravo y muy tenaz! Es de aquellos&lt;br /&gt;que hablan poco y se por tan mejor que los demás,&lt;br /&gt;pero, ¿hará a  propósito eso de empujarme hacia el&lt;br /&gt;borde de la  telega? Debe de conocer que me inc o-&lt;br /&gt;moda y hace como si no lo notara. Llegaremos de&lt;br /&gt;seguro hoy - prosiguió mentalmente, estrechándose&lt;br /&gt;contra el borde del carruaje por temor, si se removía&lt;br /&gt;de demostrar a su hermano que iba incómodo. Lle-&lt;br /&gt;garemos directamente al baluarte, yo con los ca-&lt;br /&gt;ñones, mi hermano con su compañía. De pronto los&lt;br /&gt;franceses se arrojan sobre nosotros; tiro sin cesar,&lt;br /&gt;mato a una porción, pero así y todo vie nen sobre&lt;br /&gt;mí, y he aquí  mi hermano se lanza sable en mano,&lt;br /&gt;yo cojo mi fusil y corremos juntos, los soldados nos&lt;br /&gt;siguen. Los franceses se precipitan sobre él, corro,&lt;br /&gt;mato primero a uno, lue go a otro, y salvo a Micha.&lt;br /&gt;Estoy herido en un brazo, cojo el fusil con la otra&lt;br /&gt;mano Y adelante, sin parar, mi hermano es muerto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 130&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;131&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de un balazo  junto a mí, me detengo un segundo, lo&lt;br /&gt;miro con tristeza, me incorporo y grito: ¡Seguidme!&lt;br /&gt;¡Adelante! ¡Venguémoslo! Y añadiré: Yo que ría a mi&lt;br /&gt;hermano sobre todas las cosas, lo he perdido. Ve n-&lt;br /&gt;guémoslo, demos muerte a nuestros enemigos o&lt;br /&gt;muramos todos juntos. Todos me si guen gritando.&lt;br /&gt;Pero he aquí al ejército francés entero, con Pellissier&lt;br /&gt;a la cabeza concluimos con todos, Pero  soy herido&lt;br /&gt;una vez, dos veces, y a la tercera mortalmente; me&lt;br /&gt;rodean todos.  Gostschakoff viene, me pregunta lo&lt;br /&gt;que deseo. Respondo que no deseo nada, sólo una&lt;br /&gt;cosa, que me lleven junto a mi hermano y morir con&lt;br /&gt;él. Me transportan, me acuestan junto a su cadáver&lt;br /&gt;ensangrentado, me incorporo y les digo: Sí, no h a-&lt;br /&gt;béis sabido apreciar a dos hombres que ama ban&lt;br /&gt;sinceramente a su patria,  vedlos aquí mo rir... ¡Que&lt;br /&gt;Dios os perdone! Y después... expiro.&lt;br /&gt;¡Quién hubiera podido decir hasta qué punto&lt;br /&gt;tales ensueños se habían de realizar!&lt;br /&gt;-¿Has esta do alguna vez en un combate? -&lt;br /&gt;preguntó de súbito a su hermano, olvidándose por&lt;br /&gt;completo que no quería hablarle.&lt;br /&gt;-No, nunca hemos perdido dos mil hombres de&lt;br /&gt;nuestro regimiento, pero todos durante los trabajos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 131&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;132&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;, allí me hirieron. La guerra no se hace como tú te&lt;br /&gt;figuras, Volodia.&lt;br /&gt;Este diminutivo enterneció al adolescente, y&lt;br /&gt;quiso explicarse con su hermano, que no se ima-&lt;br /&gt;ginaba haberlo ofendido.&lt;br /&gt;-¿Estas enfadado conmigo, Micha? -1e preguntó&lt;br /&gt;al cabo de algunos instantes.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Es que... nada... creí que había habido entre no-&lt;br /&gt;sotros.&lt;br /&gt;-Nada de eso -replicó su hermano, volvién dose&lt;br /&gt;hacia él y dándole una palmada  amistosa en la rod i-&lt;br /&gt;lla. &lt;br /&gt;-¡Perdón, Micha, si te he ofendido!  -contestó el&lt;br /&gt;otro, volviendo la cabeza para ocultar la s lagrimas&lt;br /&gt;que llenaban sus ojos. &lt;br /&gt;VIII&lt;br /&gt;-¿Pero es este, y de verdad,  Sebastopol?  -pre-&lt;br /&gt;guntó Volodia cuando llegaron a la cúspide de la&lt;br /&gt;montaña.&lt;br /&gt;Ante ellos apareció la bahía con su bosque de&lt;br /&gt;mástiles; el mar con la escuadra enemiga a lo lejos,&lt;br /&gt;las blancas baterías de la costa, los cuarteles, los&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 132&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;133&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;acueductos, los  docks, los edificios del a ciudad.&lt;br /&gt;Nubes de humo, blanco y violáceo cla ro elevábanse&lt;br /&gt;sin cesar sobre las amarillentas que rodean la pobl a-&lt;br /&gt;ción y se dibujaban sobre el cielo azul, iluminado&lt;br /&gt;por los rayos ro jizos del sol, reflejados  luminosa-&lt;br /&gt;mente por las ondas, mientras que el astro rey de s-&lt;br /&gt;cendía en el horizonte hacia el obscuro mar.&lt;br /&gt;Sin el más leve estremecimiento de temor co n-&lt;br /&gt;templó Volodia aquel lugar temible en que tanto&lt;br /&gt;pensara; por lo contrario experimentaba, cierto g o-&lt;br /&gt;zo estético, un sentimiento de satisfacción heroica,&lt;br /&gt;al considerar que, antes de me dia hora se encontr a-&lt;br /&gt;ría él mismo, allí, y atención profunda puso al co n-&lt;br /&gt;templar con persistencia aquel cuadro de original&lt;br /&gt;atractivo, hasta el momento de llegar a la  Severnaia,&lt;br /&gt;donde estaban los bagajes del regimiento de su&lt;br /&gt;hermano y donde debía informarse del sitio en que&lt;br /&gt;se encontraba su propio regimiento y su batería.&lt;br /&gt;El oficial del tren 19 vivía, a lo que llamaban la&lt;br /&gt;Pequeña Ciudad Nueva, formada por barracones&lt;br /&gt;construidos con tablazón por las familias de los m a-&lt;br /&gt;rineros. En una tienda de campaña contigua a un&lt;br /&gt;cobertizo de grandes dimensiones, hecho de ramas&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;19 Encargado de los bagajes y administración del regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 133&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;134&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de encina sin deshojar y que aun no habían tenido&lt;br /&gt;tiempo de secarse, los dos hermanos encontraron al&lt;br /&gt;oficial, sentado, en mangas de camisa, y ésta de un&lt;br /&gt;amarillo sucio ante una mesa no muy limpia, sobre&lt;br /&gt;la cual se enfriaba un vaso de te Junto a una fuen te&lt;br /&gt;vacía y una garrafa de aguardiente, algunas migas de&lt;br /&gt;pan y de caviar veíanse esparcidas: estaba contando&lt;br /&gt;un paquete de asignados. Pero antes de sacarlo a e s-&lt;br /&gt;cena nos es indispensable examinar de cerca el int e-&lt;br /&gt;rior de su campamen to, sus ocupaciones y su&lt;br /&gt;manera de vivir. La barraca, recién construida, era&lt;br /&gt;grande, cómoda y de gran solidez, provista de m e-&lt;br /&gt;sas y de bancos cubiertos de césped, como no se&lt;br /&gt;construyen sino para los Generales, y a fin de imp e-&lt;br /&gt;dir la caída de la hojarasca, tres tapices de mal gusto,&lt;br /&gt;aunque nuevos, y probablemente muy caros, apar e-&lt;br /&gt;cen extendidos sobre las paredes y en lo alto del b a-&lt;br /&gt;rracón. Sobre una cama de hierro, colocada bajo el&lt;br /&gt;tapiz principal, que representa la eterna ama zona,&lt;br /&gt;vense un cobertor rojo afelpado, una al mohada&lt;br /&gt;manchada y rota, una pelliza de gineta20 y sobre una&lt;br /&gt;mesa, revueltos, una palmatoria, un espejo con ma r-&lt;br /&gt;co de plata, un cepillo del mismo metal de suciedad&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;20 Especie de gato salvaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 134&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;135&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;extraordinaria, un peine roto de asta lleno de p e-&lt;br /&gt;lambre, grasiento, una botella de licor adornada con&lt;br /&gt;enorme marbete rojo y oro, un reloj de bolsillo,&lt;br /&gt;también de oro, con el retrato de Pedro I, pinzas&lt;br /&gt;doradas, cajas conteniendo cápsulas, una corteza de&lt;br /&gt;pan y nai pes viejos esparcidos en deso rden, y por&lt;br /&gt;último, sobre la cama, una porción de botellas, v a-&lt;br /&gt;cías unas y llenas las demás. Aquel of icial tenía a&lt;br /&gt;cargo el tren de equipaje y la aliment ación del gana-&lt;br /&gt;do. Uno de sus amigos, que se ocupaba de opera-&lt;br /&gt;ciones financieras, compartía su habitación, y en&lt;br /&gt;aquel momento dormía en la tienda, mientras él&lt;br /&gt;ajustaba las cuentas del mes con el dinero de la C o-&lt;br /&gt;rona; su exterior era agradable y marcial, gran est a-&lt;br /&gt;tura, recio bigote y corpulencia de bue na  le y le&lt;br /&gt;distinguían, pero poseía dos cosas poco favorables&lt;br /&gt;que saltaban al punto a la vista; primero, un sudor&lt;br /&gt;continuo en la cara, junto con el  abotagamiento que&lt;br /&gt;ocultaba casi sus ojuelos grises dándolo la aparie n-&lt;br /&gt;cia de un odre lleno, y extremada suciedad, que se&lt;br /&gt;extendía desde sus cabellos escasos y canosos hasta&lt;br /&gt;sus enormes pies desnudos, calzados con zapatillas&lt;br /&gt;forradas de armiño.&lt;br /&gt;¡Cuánto dinero! ¡Cuánto dinero, Dios mío!  -dijo&lt;br /&gt;Koseltzoff primero, que al entrar lanzó una mirada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 135&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;136&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de codicia a los asignados.  -¡ Si me prestara usted la&lt;br /&gt;mitad, Vassili Mikhailovitch!...&lt;br /&gt;El oficial del tren hizo un rnohín al ver a sus v i-&lt;br /&gt;sitantes, y recogiendo el dinero, los saludó sin l e-&lt;br /&gt;vantarse.&lt;br /&gt;-¡Oh, si fuera mío; pero es dinero de la Corona!&lt;br /&gt;¡batiuchka! Mas ¿ qué trae usted ahí?&lt;br /&gt;Y miraba a  Volodia, mientras ordenaba los pa-&lt;br /&gt;peles, encerrándolos en una  cajita, abierta que tenía&lt;br /&gt;junto a sí.&lt;br /&gt;-Es mi hermano; sale de la escuela militar. V e-&lt;br /&gt;nimos a preguntar dónde está el regimiento.&lt;br /&gt;-Siéntense ustedes, señores  -les dijo, levan-&lt;br /&gt;tándose para pasar a la tienda. - ¿Tomarán uste des&lt;br /&gt;un vaso de porter?21&lt;br /&gt; -Vé por el porter, Vassili Mikkhailovitch.&lt;br /&gt;Volodia, al cual el aire de importancia del ofi cial&lt;br /&gt;de tren produjo profunda impresión, así co mo su&lt;br /&gt;abandono y el respeto que le demostraba a su he r-&lt;br /&gt;mano, decíase, al tomar asiento en el bor de del di-&lt;br /&gt;ván : «Este oficial a quien todo el mundo respeta, es&lt;br /&gt;sin duda un buen muchacho  y de seguro muy v a-&lt;br /&gt;liente»&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;21 Cerveza Inglesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 136&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;137&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde está, pues, nuestro regimiento? -&lt;br /&gt;preguntó el hermano mayor al oficial.&lt;br /&gt;-¿Qué dice usted? -le gritó éste. -He visto hoy a&lt;br /&gt;Seiffer -contestó- me ha dicho que está en el quinto&lt;br /&gt;baluarte.&lt;br /&gt;-¿Es eso seguro?&lt;br /&gt;-Lo que digo es cierto: ahora bien; ¡que el diablo&lt;br /&gt;se lo lleve, no le cuesta gran trabajo mentir! Diga&lt;br /&gt;usted -añadió,- ¿quiere usted porter?&lt;br /&gt;-Con mucho gusto -respondió Koseltzoff .&lt;br /&gt;-Y usted, Ossip Ignatievitch -continuó la misma&lt;br /&gt;voz dentro, de la tienda, dirigiéndose a1 negociante&lt;br /&gt;que dormía,- ¿quiere usted beber? Basta de dormir;&lt;br /&gt;son cerca de las cinco.&lt;br /&gt;Concluya usted de machacar. Ya ve usted que&lt;br /&gt;no duermo -respondióle una voz atiplada y perez o-&lt;br /&gt;sa. &lt;br /&gt;-Entonces levántese usted, ¡que ya me voy fa sti-&lt;br /&gt;diando!&lt;br /&gt;Y el oficial del tren se incorporó a sus huésp e-&lt;br /&gt;des.&lt;br /&gt;-Sirve porter de Sympheropol -gritó a su criado.&lt;br /&gt;Este, empujando aVolodia, sacó de debajo del&lt;br /&gt;banco, con desprecio, según le pareció al joven, una&lt;br /&gt;botella del porter pedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 137&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;138&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo hacía que vaciaran la botella, y la co n-&lt;br /&gt;versación seguía sostenida, cuando se abrió la&lt;br /&gt;puerta de la tienda para dar paso a un hombre de&lt;br /&gt;corta estatura, vestido de bata azul con cordones y&lt;br /&gt;borlas, y gorro con cenefa encarnada, adornado con&lt;br /&gt;una escarapela.&lt;br /&gt;-Dame un vaso -dijo, sentándose junto a  la m e-&lt;br /&gt;sa. -¿Viene usted, sin duda, de Petersburgo, joven? -&lt;br /&gt;añadió, dirigiéndose con amabilidad a Volodia.&lt;br /&gt;-Sí, y voy a Sebastopol.&lt;br /&gt;-¿A petición propia?&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¿Y a qué demonios va usted? Señores, en ve r-&lt;br /&gt;dad, no comprendo esto  -prosiguió el negociante.-&lt;br /&gt;Me parece que si pudiera regresaría a pie a  Pe-&lt;br /&gt;tersburgo.&lt;br /&gt;-Pero ¿de qué se queja usted?  -le preguntó el&lt;br /&gt;mayor de los Koseltzoff.- Lleva usted aquí una vida&lt;br /&gt;muy envidiable.&lt;br /&gt;-Este peligro constante, estas privaciones (pues&lt;br /&gt;no puede uno procurarse nada), todo esto es terr i-&lt;br /&gt;ble. No los comprendo a ustedes, seño res. Y si s i-&lt;br /&gt;quiera se obtuvieran algunas ventajas; pero, ¿es&lt;br /&gt;agradable, pregunto yo, quedar inútil a su edad para&lt;br /&gt;toda la vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 138&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;139&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Unos tratan de hacer su negocio, otros vi ven&lt;br /&gt;por el honor  -replicó con aspereza  Kozeltzoff ma-&lt;br /&gt;yor.&lt;br /&gt;-¡Qué vale el honor cuando uno no tiene qué&lt;br /&gt;llevarse a la boca!  -repuso el negociante con cierta&lt;br /&gt;risita desdeñosa y volviéndose hacia el oficial del&lt;br /&gt;tren, que siguió su ejemplo. - Da cuerda a la música&lt;br /&gt;-añadió, señalando con el dedo una  caja- oiremos&lt;br /&gt;Lucía, que tanto me gusta.&lt;br /&gt;-¿Es buena, persona ese  Vassilli Mikhailovitch?&lt;br /&gt;-preguntó Volodia a su hermano, cuando a la caída&lt;br /&gt;de la tarde rodaba su coche de nuevo por la carret e-&lt;br /&gt;ra de Sebastopol.&lt;br /&gt;-Ni bueno ni malo, sino de avaricia terrible. En&lt;br /&gt;cuanto al negociante, no puedo verlo ni en pintura.&lt;br /&gt;El mejor día le rompo el alma.&lt;br /&gt;IX&lt;br /&gt;Cuando llegaron, ya al obscurecer, al puente&lt;br /&gt;grande sobre la bahía,  Volodia no se encontraba&lt;br /&gt;precisamente disgustado pero sentía terrible peso en&lt;br /&gt;el corazón; todo lo que veía, todo lo que es cuchaba&lt;br /&gt;aveníase muy poco con las últimas impresiones que&lt;br /&gt;le dejaran el salón de exámenes, claro y entarimado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 139&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;140&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;las voces de sus compañeros y la alegría, de su si m-&lt;br /&gt;pático reír, el uniforme nuevo; su  Czar adorado, a&lt;br /&gt;quien acostumbróse a ver durante siete años, y que&lt;br /&gt;al despedirlos, con lágrimas en los ojos,  habíalos&lt;br /&gt;apellidado «sus hijos.» Sí, todo lo que veía se arm o-&lt;br /&gt;nizaba muy poco con sus ilusiones de mil facetas.&lt;br /&gt;-Hemos llegado  -le dijo su hermano, al des-&lt;br /&gt;cender del carruaje ante la batería. de M....- SI nos&lt;br /&gt;dejan atravesar el puente iremos desde luego a los&lt;br /&gt;cuarteles de Nicolás; allí te quedarás hasta por la&lt;br /&gt;mañana; en cuanto a mí, volveré al regimiento para&lt;br /&gt;saber dónde está la batería; te iré a buscar temprano.&lt;br /&gt;-¿Para qué? Mejor será que vayamos jun tos&lt;br /&gt;-contestó Volodia.- Iré, contigo al baluarte. ¿No da&lt;br /&gt;lo mismo? Es preciso acostumbrarse. Si vas tú, ¿por&lt;br /&gt;qué no he de ir yo?...&lt;br /&gt;-Harás mejor en quedarte.&lt;br /&gt;-Déjame ir, te lo ruego; así al menos veré lo que&lt;br /&gt;es...&lt;br /&gt;-Te aconsejo que no vayas; pero sin embargo...&lt;br /&gt;El cielo, sin nubes estaba sombrío; las estre llas,&lt;br /&gt;los fogonazos de las descargas y los surcos de las&lt;br /&gt;bombas, que cruzaban el espacio, lucían en la ob s-&lt;br /&gt;curidad, la cabeza del puente y la gran Construcción&lt;br /&gt;blanca de la batería  destacábase en la negrura de la&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 140&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;141&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;noche. Los dos hermanos se aproximaron al puente,&lt;br /&gt;donde un miliciano, preparando torpemente el fusil,&lt;br /&gt;les gritó- ¿Quién vive?&lt;br /&gt;-¡Soldados!&lt;br /&gt;-No se puede pasar.&lt;br /&gt;-¡Imposible! Es preciso que pasemos.&lt;br /&gt;-Decídselo al oficial.&lt;br /&gt;-El oficial dormitaba;  levantóse y dio la orden&lt;br /&gt;de que los dejaran pasar.&lt;br /&gt;-Se puede ir, no se puede volver. ¡Atención!&lt;br /&gt;¿Dónde os metéis todos a la vez?  -gritó a los c a-&lt;br /&gt;rruajes detenidos a la entrada del puente, y en los&lt;br /&gt;cuales se apilaban los cestones.&lt;br /&gt;En el primer pontón encontraron a algunos so l-&lt;br /&gt;dados que hablaban en voz alta.&lt;br /&gt;-Ha recibido su equipo. Lo ha recibido todo,&lt;br /&gt;¡Eh, amigos!  -dijo otra voz .- Cuando se llega a la&lt;br /&gt;Severnaia se renace. El aire es otro, de verdad.&lt;br /&gt;-¿Qué canturreas ahí?  -dijo el primero.- El otro&lt;br /&gt;día una maldita bomba se les llevó las piernas a dos&lt;br /&gt;marineros...&lt;br /&gt;El agua invadía en algunos sitios el segundo&lt;br /&gt;pontón, donde ambos hermanos se detuvieron para&lt;br /&gt;esperar su carruaje; el viento que parecía débil en&lt;br /&gt;tierra, soplaba aquí más violentamente y a ráfagas;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 141&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;142&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;balanceábase el puente, y las olas, chocando con f u-&lt;br /&gt;ria inundaban el piso; el mar mugía sordamente,&lt;br /&gt;formando una línea negra, unida, sin fin, que se&lt;br /&gt;destacaba en el horizonte estrellado, donde lucían&lt;br /&gt;plateados fulgores. En lontananza  veíanse las luces&lt;br /&gt;en la escuadra enemiga; a la derecha un vapor pr o-&lt;br /&gt;cedente de la  Severnaia acercábase rápida y ruid o-&lt;br /&gt;samente. Estalló una bomba, iluminando durante un&lt;br /&gt;segundo el montón de cestones, la cubierta del b u-&lt;br /&gt;que y en ella a hombres de Pie; a un tercero que en&lt;br /&gt;mangas de camisa, sentado, con las piernas colga n-&lt;br /&gt;do, ocupábase en una reparación junto al borde&lt;br /&gt;mismo del puente, y la espuma blanquecina de las&lt;br /&gt;olas de verdosos reflejos, hendidas por el vapor en&lt;br /&gt;marcha.&lt;br /&gt;Los mismos trazos luminosos continuaban su r-&lt;br /&gt;cando el cielo sobre  Sebastopol, y los ruidos que&lt;br /&gt;inspiraban espanto iban aproximándose; una ola,&lt;br /&gt;venida del mar, reventó contra el costado derecho&lt;br /&gt;del puente, mojando los pies de Volodia; dos solda-&lt;br /&gt;dos, arrastrando sus piernas con ruido por el agua,&lt;br /&gt;pasaron por su inmediación. De pronto, algo estalló&lt;br /&gt;con estrépito e iluminó la parte del puente que se&lt;br /&gt;extendía ante ellos y por la cual rodaba un carruaje,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 142&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;143&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;seguido de un militar a caballo. Los cascos cayeron&lt;br /&gt;silbando en el agua, haciéndola saltar a chorros.&lt;br /&gt;-¡Ah, Mikhail Semenovitch! -dijo el jinete, dete-&lt;br /&gt;niéndose ante  Koseltzoff mayor. - ¿Ya está usted&lt;br /&gt;restablecido?&lt;br /&gt;-Sí, como puede usted ver. ¿ Adónde le  envía a&lt;br /&gt;usted Dios?&lt;br /&gt;-A la  Severnaia, por cartuchos; me mandan en&lt;br /&gt;lugar del ayudante del regimiento. Se espera de un&lt;br /&gt;momento a otro el asalto.&lt;br /&gt;-¿Y Martzeff, dónde está?&lt;br /&gt;-Ha perdido una pierna ayer; en la ciudad en su&lt;br /&gt;cuarto... dormía. ¿Le conocía usted?&lt;br /&gt;-El regimiento está en el quinto... ¿no es verdad?&lt;br /&gt; -Sí; ha relevado a los de M... Pase usted a la&lt;br /&gt;ambulancia; allí encontrará usted a algunos de los&lt;br /&gt;nuestros que lo conducirán.&lt;br /&gt;-¿Y mi alojamiento de la  Morskaia, se ha libr a-&lt;br /&gt;do?&lt;br /&gt;-¡Ja¡¡Ja!...¡ batiuchka! hace mucho tiempo que lo&lt;br /&gt;arrasaron las bombas. No reconocerá usted a  Se-&lt;br /&gt;bastopol; no queda un alma: ni mujeres, ni música,&lt;br /&gt;ni fondistas; el último se marchó ayer. ¡Ha quedado&lt;br /&gt;todo más triste!... ¡Adiós!&lt;br /&gt;Y el oficial partió al trote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 143&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;144&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miedo terrible se apoderó de pronto de  Volo-&lt;br /&gt;dia; parecióle que una bomba iba a caer sobre él y&lt;br /&gt;que alguno de sus cascos le daría irremediablemente&lt;br /&gt;en la cabeza. Aquellas tinieblas húmedas, aquellos&lt;br /&gt;sones siniestros, el rumor constan te de las olas irr i-&lt;br /&gt;tadas, todo parecía sujetarle para que no diese un&lt;br /&gt;paso más y decirle que nada bueno le esperaba allí;&lt;br /&gt;que haría bien en vol verse atrás, en huir deprisa l e-&lt;br /&gt;jos de aquellos lugares terribles en que reinaba la&lt;br /&gt;muerte. -¿Quién sabe? Tal vez es muy tarde ya... ¡mi&lt;br /&gt;suerte está decidida!...  -He aquí lo que él se decía,&lt;br /&gt;temblando ante esa idea y también por el agua, que&lt;br /&gt;penetraba en sus botas. Lanzó un suspiro y se&lt;br /&gt;apartó un poco de su hermano.&lt;br /&gt;-¡Dios mío! Verdaderamente moriré; pre-&lt;br /&gt;cisamente yo... ¡Dios mío, ten piedad de mí! -&lt;br /&gt;murmuró persignándose.&lt;br /&gt;-Y bien, Volodia, adelante  -le dijo su hermano&lt;br /&gt;cuando el vehículo los alcanzó. - ¿Has visto la bo m-&lt;br /&gt;ba?&lt;br /&gt;Más lejos encontraron otra vez carruajes que&lt;br /&gt;transportaban heridos y cestones; uno de ellos, lleno&lt;br /&gt;de muebles, iba conducido por una mujer.&lt;br /&gt;Arrimándose instintivamente contra la muralla&lt;br /&gt;de la batería Nicolás, los dos hermanos si guieron&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 144&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;145&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;junto a ella en silencio, poniendo oído a la deton a-&lt;br /&gt;ción de las bombas que reventaban sobre sus cab e-&lt;br /&gt;zas, al rugir de los cascos esparcidos desde arriba, y&lt;br /&gt;llegaron, por fin, al sitio de la batería en que estaba&lt;br /&gt;la Santa imagen. Allí supieron que la quinta, batería,&lt;br /&gt;ligera, a la cual debía unirse  Volodia, se encontraba&lt;br /&gt;en la Korabelnaia. Decidieron, en su consecuencia, a&lt;br /&gt;pesar del peligro, irse a dormir al quinto baluarte y&lt;br /&gt;de allí pasar al día siguiente a la batería. Penetraron,&lt;br /&gt;pues, por el estrecho pasadizo, y pasando sobre los&lt;br /&gt;hombres que dormían al pie del muro, arribaron&lt;br /&gt;por fin a la ambulancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 145&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;146&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;X&lt;br /&gt;Al entrar en la primera sala, provista de ca mas&lt;br /&gt;en las que había heridos, les impresionó el olor p e-&lt;br /&gt;sado y nauseabundo particular de los hospitales; dos&lt;br /&gt;hermanas de la caridad vinieron a su encuentro;&lt;br /&gt;una, de cincuenta años de edad próximamente y de&lt;br /&gt;severa fisonomía, llevaba en las manos un paquete&lt;br /&gt;de vendajes e hilas y daba órdenes a un practicante&lt;br /&gt;muy joven que la seguía; la otra, linda joven de,&lt;br /&gt;veinte años, tenía el rostro de rubia, pálida y delic a-&lt;br /&gt;da. Esta parecía singularmente gentil y tímida, seguía&lt;br /&gt;a su compañera con las manos en el bolsillo del de-&lt;br /&gt;lantal y  veíase que tenía miedo de quedarse re-&lt;br /&gt;zagada.&lt;br /&gt;Koseltzoff preguntó dónde estaba  Martzeff,&lt;br /&gt;aquel que el día antes había perdido una pierna.&lt;br /&gt;-¿ Del regimiento, de P...?  -preguntó la de más&lt;br /&gt;edad- ¿Es usted pariente suyo?&lt;br /&gt;-¡No, su compañero!...&lt;br /&gt;-Condúzcalos usted  -dijo en  francés a la otra&lt;br /&gt;hermana,- y los d ejo, acompañada del practi-&lt;br /&gt;cante, para acercarse a un herido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 146&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;147&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya, veamos, ¿qué miras tanto?  -dijo  Ko-&lt;br /&gt;seltzoff a Volodia, que, parado, fruncida la fren te e&lt;br /&gt;impregnados los ojos de simpatía dolorosa, no p o-&lt;br /&gt;día apartar la mirada de los pacientes, a los que no&lt;br /&gt;cesaba de examinar mientras seguía a su hermano,&lt;br /&gt;repitiendo a pesar suyo:&lt;br /&gt;-¡Dios mío, Dios mío!...&lt;br /&gt;-Acaba de llegar, ¿no es cierto?  -preguntó la&lt;br /&gt;hermana de la caridad señalando a Volodia.&lt;br /&gt;-Sí, acaba de llegar.&lt;br /&gt;La joven lo contempló de nuevo y rompió a ll o-&lt;br /&gt;rar, repitiendo con  desesperación- ¡Dios mío, Dios&lt;br /&gt;mío! ¿Cuándo acabará esto?...&lt;br /&gt;Entraron en la sala de oficiales.  Martzeff yacía&lt;br /&gt;acostado de espaldas, con los brazos musculosos&lt;br /&gt;descubiertos hasta el codo y cruzados tras de la c a-&lt;br /&gt;beza. La expresión de su rostro amarillento era la de&lt;br /&gt;un hombre que aprieta los dientes para no gritar de&lt;br /&gt;dolor. Su pierna sana calzada con un calcetín, salía&lt;br /&gt;por debajo del co bertor, y los dedos del pie  con-&lt;br /&gt;traíanse convulsivamente.&lt;br /&gt;-Y bien ¿cómo está usted? - le preguntó la he r-&lt;br /&gt;mana levantando la cabeza, algo caliente del herido&lt;br /&gt;y arreglándole la almohada, con sus dedos delic a-&lt;br /&gt;dos, sobre uno de los cuales distinguió  Volodia una&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 147&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;148&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sortija de oro.- He aquí a dos compañeros que vi e-&lt;br /&gt;nen a verlo.&lt;br /&gt;-¡Sufro,  claro está!  -replicó con rabia; - no, no&lt;br /&gt;toque usted, está bien así  -y los dedos del pie se&lt;br /&gt;agitaban en el calcetín con movimientos nerviosos. -&lt;br /&gt;¡Buenos días! ¿Cómo se llama usted? ¡Ah, perdón&lt;br /&gt;cuando Koseltzoff se dio a conocer- Aquí se olvida&lt;br /&gt;uno de todo, y, sin embargo, ¡hemos vivido juntos!&lt;br /&gt;-añadió mientras miraba a  Volodia con aspecto de&lt;br /&gt;curiosidad.&lt;br /&gt;-Es mi hermano; viene de Petersburgo.&lt;br /&gt;-¡Ah! Y yo he concluido, me parece. ¡Cuánto su-&lt;br /&gt;fro! ¡Si esto pudiera terminar cuanto antes!...&lt;br /&gt;Y con un movimiento convulsivo retiró la pie r-&lt;br /&gt;na. Sus dedos saltaron con redoblada agitación;  cu-&lt;br /&gt;brióse la cara con las manos.&lt;br /&gt;-Hay que dejarle tranquilo; está muy malo  -les&lt;br /&gt;dijo, al oído la hermana con los ojos llenos de  lá-&lt;br /&gt;grirnas.&lt;br /&gt;Los dos hermanos, que habían decidido ir al&lt;br /&gt;quinto baluarte, cambiaron de opinión al salir de la&lt;br /&gt;ambulancia, y convinieron, sin comunicarse la ve r-&lt;br /&gt;dadera razón, en irse cada uno por su lado para no&lt;br /&gt;exponerse a un peligro inútil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 148&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;149&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Encontrarás el camino,  Volodia? -le preguntó&lt;br /&gt;el mayor.- Por lo demás, Nikolaieff te conducirá a la&lt;br /&gt;Korabelnaia; ahora me voy solo y mañana me reuni-&lt;br /&gt;ré contigo.&lt;br /&gt;Y no se dijeron nada más en aquella última e n-&lt;br /&gt;trevista. &lt;br /&gt;XI&lt;br /&gt;El cañón tronaba con igual violencia, pero la&lt;br /&gt;calle Ekatherinenskaia que seguía Volodia, acompa-&lt;br /&gt;ñado del silencioso  Nikolaieff, permanecía desierta&lt;br /&gt;y tranquila. No distinguía en la obscuridad sino p a-&lt;br /&gt;redes blancas, en pie, entre grandes edificios de s-&lt;br /&gt;plomados, y las losas de la acera por donde&lt;br /&gt;caminaba; cruzábase a veces con soldados y ofici a-&lt;br /&gt;les, y al pasar a la izquierda, próximo al Almiranta z-&lt;br /&gt;go, divisó, a la viva luz de una hoguera que ardía,&lt;br /&gt;tras el cercado, una fila, de acacias plantadas hacía&lt;br /&gt;poco a lo largo de la acera y sostenidas por sus tuto-&lt;br /&gt;res pintados de verde. Sus pasos y los de  Nicolaieff,&lt;br /&gt;que respiraba estrepitosamente, interrumpían tan&lt;br /&gt;sólo el silencio. Sus ideas eran vagas; la linda he r-&lt;br /&gt;mana de la caridad, la pierna de  Martzeff con sus&lt;br /&gt;dedos dentro del calcetín, la obscuridad, las bo m-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 149&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;150&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;bas, las diferentes imágenes de la muerte, cruzaban&lt;br /&gt;confusamente entre sus recuerdos: su alma, joven e&lt;br /&gt;impresionable,  sentíase inquieta y dolorida en su&lt;br /&gt;aislamiento, por la absoluta indiferencia de cada uno&lt;br /&gt;hacia su propia suerte, aunque esté expuesta al pel i-&lt;br /&gt;gro. -¡Sufriré, perderé la vida, y nadie me llorará!  -se&lt;br /&gt;decía.&lt;br /&gt;¿Dónde estaba, pues, la vida del héroe llena de&lt;br /&gt;ardor enérgico, y de simpatías en la cual tanto soñ a-&lt;br /&gt;ra? Las bombas silbaban y estallaban , aproximán-&lt;br /&gt;dose cada vez más, y  Nikolaieff suspiraba con más&lt;br /&gt;frecuencia sin romper el silencio. Al atravesar el&lt;br /&gt;puente que conduce a la  Korabelnaia, vio a dos p a-&lt;br /&gt;sos de él sumergirse un objeto, silbando, en el golfo;&lt;br /&gt;iluminar con fulgor purpúreo las olas de matiz vi o-&lt;br /&gt;láceo y rebotar, lanzando al aire el agua en menuda&lt;br /&gt;lluvia.&lt;br /&gt;¡Maldita!... la bribona está viva aún –murmuró&lt;br /&gt;Nikolaieff.&lt;br /&gt;-Sí -replicó Volodia a pesar suyo y sorprendido,&lt;br /&gt;por el eco de su voz, agudo y chillón.&lt;br /&gt;A su encuentro venían heridos transportados en&lt;br /&gt;camillas, carretas llenas de gaviones, un regimiento,&lt;br /&gt;algunos jinetes. Uno de éstos, oficial, seguido de un&lt;br /&gt;cosaco, detúvose al ver a  Volodia; examinó su ro s-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 150&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;151&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tro, y después, volviéndole la espalda, dio un latig a-&lt;br /&gt;zo a su montura y prosiguió su camino.&lt;br /&gt;-¡Solo, solo, que viva o no, a todos les da lo&lt;br /&gt;mismo!... -díjose el adolescente, pronto a echarse a&lt;br /&gt;llorar.&lt;br /&gt;Después que hubo cruzado un murallón blanco,&lt;br /&gt;entró en una calle formada por  casitas complet a-&lt;br /&gt;mente derruidas, iluminadas sin cesar por el fulgor&lt;br /&gt;de las bombas. Una. mujer borracha, harapienta,&lt;br /&gt;acompañada de un marinero, salió por una  puerte-&lt;br /&gt;cilla, tropezando contra él.&lt;br /&gt;-Perdón, Vuestra Nobleza -murmuró.&lt;br /&gt;El corazón del pobre mozo iba  oprirniéndose&lt;br /&gt;cada vez más, mientras que en el sombrío horizonte&lt;br /&gt;los fogonazos brillaban de continuo, y los proyect i-&lt;br /&gt;les venían ruidosamente a estallar en torno suyo. De&lt;br /&gt;pronto, Nikolaieff suspiró y dijo con voz que  pare-&lt;br /&gt;cióle a Volodia expresión de terror mal contenido:&lt;br /&gt;-¿Valía la pena de darse prisa, para venir aquí,&lt;br /&gt;desde allí... andando, y andando?... ¿Y para qué&lt;br /&gt;tanta prisa?...&lt;br /&gt;-Pero a Dios gracias, mi hermano se curó&lt;br /&gt;-contestó Volodia para librarse, hablando, de la h o-&lt;br /&gt;rrible sensación que se apoderaba de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 151&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;152&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Sí, perfectamente curado!... ¡Cuando to dos&lt;br /&gt;están enfermos! Los sanos se encontrarían mucho&lt;br /&gt;mejor en el hospital en un tiempo como este. ¿Se n-&lt;br /&gt;timos nosotros, acaso, ninguna alegría por estar&lt;br /&gt;aquí? Ahora un brazo... ya una pierna... se pierde... y&lt;br /&gt;mire usted, aquí aun... en la ciudad, se está mejor&lt;br /&gt;que en los baluartes. ¡Dios de Dios! ¡En el camino&lt;br /&gt;hay que rezar todas las oraciones!... ¡Eh, canalla!&lt;br /&gt;¿Vienes a zumbarme en los oídos?  -añadió atento al&lt;br /&gt;ruido de un casco que pasó junto a él. - Y bueno,&lt;br /&gt;ahora -continuó Nikolaieff,- me han mandado co n-&lt;br /&gt;ducir a Vuestra Nobleza, y ya sé que hay que hacer&lt;br /&gt;lo que mandan; pero el coche lo dejé al cuidado de&lt;br /&gt;un compañero, Y el equipaje está deshecho me han&lt;br /&gt;dicho que venga, y he venido. Pero si se pierde algo&lt;br /&gt;de lo que traemos, ¿seré yo,  Nikolaieff, quien re s-&lt;br /&gt;ponda? ¡He aquí la artillería, Vuestra Nobleza!  -dijo&lt;br /&gt;de súbito:- pregunte al centinela, él le indicará...&lt;br /&gt;Volodia se adelantó solo. No oyendo ya tras de&lt;br /&gt;sí los suspiros de  Nikolaieff,  sintióse defini-&lt;br /&gt;tivamente abandonado; la impresión de ese aba n-&lt;br /&gt;dono ante el peligro, ante la muerte, como creía,&lt;br /&gt;pesó sobre su corazón con el frío glacial de una l o-&lt;br /&gt;sa; parado en el centro de la plaza, miró en torno&lt;br /&gt;suyo para ver si le observaban, y cogiéndose la c a-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 152&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;153&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;beza con las manos, murmuró con voz entrecortada&lt;br /&gt;por el terror  -¡Dios mío! ¿Seré verdaderamente un&lt;br /&gt;miedoso vil, un cobarde? ¡Yo que soñaba no hace&lt;br /&gt;mucho, morir por la patria, por el  Czar, y todo con&lt;br /&gt;júbilo!... ¡Si, soy un ser desgraciado y despreciable!&lt;br /&gt;-exclamó con profunda desesperación y desilusi o-&lt;br /&gt;nado de sí mismo. Por último, dueño al fin de su&lt;br /&gt;emoción, dijo al centinela que le indicase dónde p a-&lt;br /&gt;raba el comandante de la batería.&lt;br /&gt;XII&lt;br /&gt;El comandante de la batería habitaba en una c a-&lt;br /&gt;sita de dos pisos, que tenía entrada por el patio. A&lt;br /&gt;través de una de las ventanas, a la que le faltaba un&lt;br /&gt;cristal, substituido por una hoja de papel,  veíase el&lt;br /&gt;débil resplandor de una bujía; el asistente, sentado a&lt;br /&gt;la puerta, fumaba su pipa. Después de anunciar a su&lt;br /&gt;amo la visita de  Volodia, introdujo a éste en la h a-&lt;br /&gt;bitación. Allí, entre dos huecos de ventana, junto a&lt;br /&gt;un espejo roto, veíase una mesa cargada de papel o-&lt;br /&gt;tes oficiales, algunas sillas, una cama de hierro con&lt;br /&gt;ropa limpia y un biombo delante.&lt;br /&gt;Junto a la puerta se hallaba el sargento pri mero,&lt;br /&gt;buen mozo, de poblados bigotes y el sable al cinto,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 153&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;154&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en el capote ostentaba una cruz y la medalla de la&lt;br /&gt;campaña de Hungría. El oficial  de estado mayor,&lt;br /&gt;jefe de la. batería, de pequeña estatura, con la cara&lt;br /&gt;hinchada y en ella un ven daje, paseábase por la e s-&lt;br /&gt;tancia. De corpulencia muy pronunciada, parecía,&lt;br /&gt;tener unos cuarenta años de edad; la calvicie se le&lt;br /&gt;marcaba distintamente en la parte superior del cr á-&lt;br /&gt;neo; su espeso bigote descendía recto hasta ocultarle&lt;br /&gt;la boca, sus ojos pardos tenían agradable expresión,&lt;br /&gt;las manos eran blancas y finas, algo llenas; los pies&lt;br /&gt;muy echados hacia afuera., asentábanse en tierra con&lt;br /&gt;cierta seguridad y coquetería que probaban que no&lt;br /&gt;era la timidez el lado débil del comandante.&lt;br /&gt;-Tengo el honor de presentarme; vengo agre-&lt;br /&gt;gado a la quinta batería ligera,  Koseltzoff segundo,&lt;br /&gt;alférez -dijo Volodia, que al entrar en la es tancia re-&lt;br /&gt;citó de un golpe esta lección aprendida de memoria.&lt;br /&gt;El comandante de la batería le contestó con un&lt;br /&gt;saludo bastante seco y lo invitó a sentarse. El joven&lt;br /&gt;se sentó, y cogiendo en su distracción un par de tije-&lt;br /&gt;ras, comenzó a juguetear con ellas maquinalmente.&lt;br /&gt;El comandante, con las manos cruzadas a la espalda&lt;br /&gt;y baja la cabeza, reanudó su paseo en silencio, dir i-&lt;br /&gt;giendo de vez en cuando la mirada a los dedos del&lt;br /&gt;alférez que continuaban usando con las tijeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 154&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;155&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí -dijo por último, deteniéndose delante del&lt;br /&gt;sargento- desde mañana habrá que dar un  garnetz22&lt;br /&gt;más a los caballos de los furgones; están flacos.&lt;br /&gt;¿Qué te parece?&lt;br /&gt;-¿Por qué no? Se puede hacer, Vuestra Alta N o-&lt;br /&gt;bleza. La avena está ahora más barata  -respondió el&lt;br /&gt;sargento, con los brazos caídos a lo largo del cuerpo&lt;br /&gt;y removiendo los dedos, movimiento habitual en  él-&lt;br /&gt;Y además hay, que el  forrajeador Frantzone me ha&lt;br /&gt;escrito ayer dos letras, Vuestra Alta Nobleza: dice&lt;br /&gt;que hay que comprar; ahora están a buen precio;&lt;br /&gt;¿qué dispone usted, pues?&lt;br /&gt;-Bueno, comprarlos, hay dinero  -respondió el&lt;br /&gt;jefe, volviendo a pasear. - ¿Dónde tiene usted su&lt;br /&gt;equipaje? -dijo de pronto, deteniéndose delante de&lt;br /&gt;Volodia.&lt;br /&gt;El pobre muchacho, perseguido por la idea de&lt;br /&gt;que era un cobarde, veía transparentarse en cada mi-&lt;br /&gt;rada, en cada frase, el desprecio que debía inspirar, y&lt;br /&gt;le pareció que su superior había penetrado ya tan&lt;br /&gt;triste secreto y se burlaba de él; así es que respondió&lt;br /&gt;turbado que su equipaje estaba en la  Grafskaia, y&lt;br /&gt;que su hermano se lo enviaría al día siguiente.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;22 Medida de avena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 155&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;156&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde alojaremos al  alferez? -preguntó el te-&lt;br /&gt;niente coronel al sargento primero, sin aten der a la&lt;br /&gt;respuesta del joven.&lt;br /&gt;-¿ El alférez?... -repitió el sargento. Y una rápida&lt;br /&gt;mirada dirigida sobre  Volodia y que parecía decir&lt;br /&gt;«¿quién es este alferecillo?» acabó de desconcertar al&lt;br /&gt;oficial.- Pues allá abajo, Vues tra Alta Nobleza; con&lt;br /&gt;el segundo capitán, puesto que el capitán se halla en&lt;br /&gt;el baluarte; su cama está desocupada.&lt;br /&gt;-¿Le acomoda eso por hoy?  -preguntó el jefe de&lt;br /&gt;la batería.- Debe usted estar cansado, me parece.&lt;br /&gt;Mañana ya lo podremos instalar más cómodamente.&lt;br /&gt;Volodia, se levantó y saludó.&lt;br /&gt;-¿Quiere usted tomar té?  -añadió su supe rior.-&lt;br /&gt;Se puede hacer que calienten el samovar...&lt;br /&gt;El alférez, que estaba ya en la puerta, volvió,&lt;br /&gt; saludó otra vez y salió. El asistente del &lt;br /&gt;teniente coronel lo condujo a la planta baja, hacié n-&lt;br /&gt;dolo entrar en una pieza sucia, en la que un montón&lt;br /&gt;de objetos rotos aparecían arrojados al azar por t o-&lt;br /&gt;das partes, y donde en un rincón, sobre una cama de&lt;br /&gt;hierro, dormía, sin sábanas ni cobertor, envuelto en&lt;br /&gt;su capote, un hombre, a quien el joven tomó por un&lt;br /&gt;soldado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 156&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;157&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pedro Nicolalevitch -y el sirviente t ocó en el&lt;br /&gt;hombro al que  dormía- el alférez ha de acostarse&lt;br /&gt;aquí. Es nuestro junker -agregó, dirigiéndose a Volo-&lt;br /&gt;dia.&lt;br /&gt;-No se mueva usted, se lo suplico -exclamó éste,&lt;br /&gt;viendo al junker, joven alto y robusto, de hermosas&lt;br /&gt;facciones, pero completamente  desprovistas de i n-&lt;br /&gt;teligencia, levantarse, y echándose el capote sobre&lt;br /&gt;los hombros, salir medio dormido y murmurando:&lt;br /&gt;-Lo mismo me da; iré a dormir al patio.&lt;br /&gt;XIII&lt;br /&gt;Solo con sus pensamientos, la primera impr e-&lt;br /&gt;sión de Volodia fue otra vez el espanto producido&lt;br /&gt;por la turbación que trastornaba su espíri tu. Con-&lt;br /&gt;tando con el sueño para no pensar más en lo que le&lt;br /&gt;rodeaba, y olvidarse de sí mismo, dio un soplo a la&lt;br /&gt;bujía y se acostó, cubriéndose por completo con el&lt;br /&gt;capote y hasta la cabeza, pues había conservado de&lt;br /&gt;su infancia el miedo a la obscuridad; pero de súbito&lt;br /&gt;la idea lo acudió de que una bomba podría horadar&lt;br /&gt;el techo y matarlo; puso oído y escuchó: sobre su&lt;br /&gt;cabeza paseaba el comandante de la batería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 157&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;158&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Comenzará por matarlo a él primero -se dijo- a&lt;br /&gt;mí después; ¡no moriré solo!&lt;br /&gt;Esta reflexión lo tranquilizó, y ya iba a dormir se&lt;br /&gt;cuando la idea de que Sebastopol pudiese ser tom a-&lt;br /&gt;do aquella misma noche, de que los franceses forz a-&lt;br /&gt;ran su puerta y de que no tenía ni un arma para&lt;br /&gt;defenderse, le despertó del todo;  levantóse y rec o-&lt;br /&gt;rrió la estancia; el temor del verdadero peligro había&lt;br /&gt;sofocado el miedo misterioso a la obscuridad, bu s-&lt;br /&gt;có, encontrando sólo al alcance de su mano un e s-&lt;br /&gt;cabel y un samovar.- Soy un cobarde, un pusilánime,&lt;br /&gt;un miserable -se dijo otra vez, lleno de indign ación&lt;br /&gt;y de desprecio contra sí mismo. Se acostó y trató de&lt;br /&gt;no meditar más. Pero entonces las impresiones del&lt;br /&gt;día aparecieron en su imaginación, y los estampidos&lt;br /&gt;incesantes que hacían retemblar los vidrios de su&lt;br /&gt;única ventana le recordaron el peligro;  sucedíanse&lt;br /&gt;las visiones: ora veía heridos cubiertos de sangre,&lt;br /&gt;bombas haciendo explosión y cuyos cascos pen e-&lt;br /&gt;traban en su cuarto; ora a la linda hermana de la c a-&lt;br /&gt;ridad que lo curaba llorando ante su agonía, o a su&lt;br /&gt;madre, que después de acompañarlo a la capital del&lt;br /&gt;distrito, rogaba a Dios por él, vertiendo lágrimas&lt;br /&gt;ante una imagen milagrosa.  Huyóle el sueño, pero&lt;br /&gt;de improviso la idea de mi Dios Todopoderoso,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 158&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;159&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que todo lo ve y que escucha todas las plegarias,&lt;br /&gt;surgió nítida Y clara entre sus delirios; se arrodilló,&lt;br /&gt;persignándose, y Juntó las manos como le enseñ a-&lt;br /&gt;ron en su niñez. Sólo aquella actitud hizo nacer en&lt;br /&gt;su alma un sentimiento de infinita dulzura, de m u-&lt;br /&gt;cho tiempo atrás olvidado.&lt;br /&gt;-Si he de morir, es que soy inútil. Si es así, S e-&lt;br /&gt;ñor, hágase tu voluntad; ¡cuanto antes sea cumpl i-&lt;br /&gt;da!... Pero si el valor y la energía que me faltan me&lt;br /&gt;son necesarios, evítame la vergüenza y la deshonra,&lt;br /&gt;que no podría soportar, y enséñame lo que debo ha-&lt;br /&gt;cer para cumplir tu voluntad.  -Su alma, de niño d é-&lt;br /&gt;bil y aterroriza da, se conforto, se renándose en el&lt;br /&gt;acto y sumer giéndose en nuevos horizontes, a m-&lt;br /&gt;plios y luminosos; penso mil cosas, experimento mil&lt;br /&gt;sensaciones durante el corto transcurso de aque lla&lt;br /&gt;impresión; después   se durmió reposadamente al&lt;br /&gt;sordo rumor del bombardeo y de los vidrios que&lt;br /&gt;retemblaban.&lt;br /&gt;¡ Señor! Tú sólo oíste; sólo a Ti llegarán las pl e-&lt;br /&gt;garias sencillas pero ardientes y desesperadas de la&lt;br /&gt;ignorancia, del arrepentimiento confuso, que piden&lt;br /&gt;la curación del cuerpo, la purificación del alma; or a-&lt;br /&gt;ciones que de aquellos lugares ha bitados por la&lt;br /&gt;muerte subieran hasta Ti, comenzando por el Gene-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 159&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;160&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ral que presiente con terror el ataque, y que un s e-&lt;br /&gt;gundo antes sólo pensaba en llevar al cuello la cruz&lt;br /&gt;de San Jorge, hasta concluir por el simple soldado,&lt;br /&gt;que sobre el desnudo suelo de la batería Nicolás, te&lt;br /&gt;suplica. que des a sus sufrimientos la recompensa&lt;br /&gt;inconscientemente presentida.&lt;br /&gt;XIV&lt;br /&gt;El primogénito de los Koseltzoff encontró en la&lt;br /&gt;calle a un soldado de su regimiento y se hizo aco m-&lt;br /&gt;pañar por él al quinto baluarte.&lt;br /&gt;-Péguese Vuestra Nobleza bien al muro  -le dijo&lt;br /&gt;el soldado.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Hay peligro, Vuestra Nobleza; pasan ya por en-&lt;br /&gt;cima -respondió el infante, escuchando el sil bido&lt;br /&gt;del proyectil que hería con golpe seco en el lado&lt;br /&gt;opuesto del camino apisonado; pero  Koseltzoff&lt;br /&gt;prosiguió por el centro sin hacer caso del aviso.&lt;br /&gt;Eran aquellas las mismas calles, los mismos f o-&lt;br /&gt;gonazos, más frecuentes, los mismos rumores y los&lt;br /&gt;mismos lamentos, y el encontrar heridos y las bat e-&lt;br /&gt;rías, trincheras y parapetos, tales como los hubo de&lt;br /&gt;ver en la primavera; pero ahora el aspecto era más&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 160&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;161&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;triste, más sombrío, pudiera decirse que más guerre-&lt;br /&gt;ro; mayor número de casas aparecían agujereadas, y&lt;br /&gt;en las ventanas no había luces; sólo el hospital&lt;br /&gt;constituía una excepción. Ni una mujer en la calle, y&lt;br /&gt;el carácter de la vida habitual e indiferente, impreso&lt;br /&gt;antes sobre todas las cosas, había desaparecido, r e-&lt;br /&gt;emplazado por el de expectación inquieta y de e s-&lt;br /&gt;fuerzos redoblados e incesantes.&lt;br /&gt;He aquí ya la última trinchera y a un soldado del&lt;br /&gt;regimiento de P... que reconoce al antiguo oficial de&lt;br /&gt;su compañía; he aquí al tercer batallón cuya prese n-&lt;br /&gt;cia se puede adivinar por el murmullo contenido de&lt;br /&gt;las voces y el choque me tálico de los fusiles apoy a-&lt;br /&gt;dos contra el muro, y que la luz de las descargas&lt;br /&gt;ilumina a frecuentes intervalos.&lt;br /&gt;-¿Dónde está el jefe del regimiento? - pregunta&lt;br /&gt;Koseltzoff.&lt;br /&gt;-En el blindaje de los marinos, Vuestra  Noble-&lt;br /&gt;za-responde el servicial soldado.  -¿Quiere Vuestra&lt;br /&gt;Nobleza venir? Yo lo conduciré...&lt;br /&gt;Y pasando de una trinchera a otra, guía a  Ko-&lt;br /&gt;seltzoff al foso, donde hallan a un marinero fuma n-&lt;br /&gt;do su pipa, tras él se abre una puerta, a través de&lt;br /&gt;cuyas junturas brilla una luz.&lt;br /&gt;-¿Se puede entrar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 161&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;162&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo anunciaré.&lt;br /&gt;El marinero entra en la casamata, donde se oye&lt;br /&gt;el rumor de dos voces.&lt;br /&gt;-Si Prusia continúa en su neutralidad, entonces -&lt;br /&gt;dice una de ellas, -Austria...&lt;br /&gt;-¿ Qué importa lo que haga Austria, mientras los&lt;br /&gt;pueblos eslavos?... -responde la otra.&lt;br /&gt;-¡Ah! Sí, dile que entre -añadió la misma voz.&lt;br /&gt;Koseltzoff, que no había puesto nunca los pies&lt;br /&gt;en aquel alojamiento, quedó sorprendido por su&lt;br /&gt;elegancia; un entarimado substituía al piso natural;&lt;br /&gt;una mampara cubría la puerta; en el ángulo derecho,&lt;br /&gt;una gran icona23 representando la Santa Virgen, con&lt;br /&gt;su dosel dorado, iluminada por una lamparilla de&lt;br /&gt;cristal color de rosa; dos lechos colocados junto a la&lt;br /&gt;pared, en uno de los cuales dormía vestido un mar i-&lt;br /&gt;no; sobre el otro,  sentábanse el nuevo jefe de! reg i-&lt;br /&gt;miento y un ayudante de campo. Koseltzoff, que no&lt;br /&gt;era nada tímido y que no creía estar en falta en m o-&lt;br /&gt;do alguno ni con el estado ni con el Jefe de su re-&lt;br /&gt;gimiento, experimentó, sin embargo, al hallarse en&lt;br /&gt;presencia de éste, su compañero poco antes, cierta&lt;br /&gt;aprensión singular.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;23 De eikon (griego), imagen, retablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 162&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;163&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es extraño -se dijo al verlo levantarse para  oir-&lt;br /&gt;le;- no hace aún siete semanas que manda el r egi-&lt;br /&gt;miento, y ya en su actitud, en su mirada, en su traje,&lt;br /&gt;respira la autoridad. No ha mucho tiempo que este&lt;br /&gt;mismo Batritcheff se divertía con nosotros, y se&lt;br /&gt;comía solo, sin invitar nunca a nadie, sus bithi,24 y sus&lt;br /&gt;vareniki25, y ahora la expresión de orgullo lleno de&lt;br /&gt;sequedad, en sus ojos, que me dicen : «Aunque sea&lt;br /&gt;yo tu compañero, pues soy un coronel de la nueva&lt;br /&gt;escuela puedes estar seguro de que sé que darías la&lt;br /&gt;mitad de tu vida por hallarte en mi lugar.»&lt;br /&gt;-¡Se ha cuidado usted bastante tiempo!... - díjole&lt;br /&gt;fríamente el coronel.&lt;br /&gt;-He estado enfermo, mi coronel, y mi herida no&lt;br /&gt;se cicatrizó aún.&lt;br /&gt;-Si es así, ¿por qué ha vuelto usted?  -La corpu-&lt;br /&gt;lencia de Koseltzoff inspiraba desconfianza a su j e-&lt;br /&gt;fe.- ¿Puede usted hacer servicio?&lt;br /&gt;_Seguramente; sí puedo.&lt;br /&gt;-Está bien. El alférez  Taitkeff le entregará a u s-&lt;br /&gt;ted la novena compañía, la que ha mandado usted&lt;br /&gt;ya; vaya usted a recibir la orden del día, y haga el f a-&lt;br /&gt;vor, al salir, de enviarme al ayudante del regimiento.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;24 Carne picada (¿albondigas?)&lt;br /&gt;25 Plato  ruso de crema agria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 163&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;164&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir de allí  Koseltzoff hubiérase podido cre-&lt;br /&gt;er que se sentía incómodo o que estaba irri tado, pe-&lt;br /&gt;ro no precisamente contra su coronel, sino en&lt;br /&gt;particular contra sí mismo y contra todo cuanto lo&lt;br /&gt;rodeaba. &lt;br /&gt;XV&lt;br /&gt;Antes de ir a reunirse a sus oficiales, fue a bu s-&lt;br /&gt;car su compañía situada en el camino cubierto que&lt;br /&gt;conducía al sexto baluarte.&lt;br /&gt;Al entrar en el abrigo blindado abierto por un&lt;br /&gt;lado, encontró tanta gente, que a duras penas pudo&lt;br /&gt;abrirse paso entre ella. En uno de los extremos ardía&lt;br /&gt;una vela de sebo que un soldado, ten dido en tierra,&lt;br /&gt;sostenía sobre un libro en el cual leía uno de sus&lt;br /&gt;compañeros deletreando; en torno suyo,  multitud&lt;br /&gt;de cabezas vueltas hacia el lector, al cual escuchaban&lt;br /&gt;ávidamente. Koseltzoff reconoció el  a b c 26 en esta&lt;br /&gt;frase. O-ra-ción des-pués del es-tu-dio. Te-doy gra-&lt;br /&gt;cias, Cre-ador mí-o.&lt;br /&gt;-Despabilad la luz -gritó uno.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;26 La cartilla de enseñanza de las escuelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 164&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;165&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué buen libro!  -exclamó el lector que se di s-&lt;br /&gt;ponía a proseguir; pero a la voz de  Koseltzoff lla-&lt;br /&gt;mando al sargento primero, enmudeció: los&lt;br /&gt;soldados salieron de su inmovilidad, tosiendo s o-&lt;br /&gt;nándose, cosa que ocurre siempre tras un rato de&lt;br /&gt;forzoso silencio; el sargento, abrochándose el un i-&lt;br /&gt;forme, se levantó de en medio de un grupo, y p a-&lt;br /&gt;sando por encima de sus compañeros, pisándole los&lt;br /&gt;pies, que por falta de espacio no sabían dónde m e-&lt;br /&gt;ter. &lt;br /&gt;-¡Hola, muchacho! ¿Está siempre lo mismo&lt;br /&gt;nuestra compañía?&lt;br /&gt;-¡Salud a Vuestra Nobl eza! Lo felicitamos por&lt;br /&gt;estar de regreso -respondió el sargento alegremente.&lt;br /&gt;-¿Se curó ya Vuestra Nobleza? ¡Ah, bueno!&lt;br /&gt;Alabado sea Dios, pues hemos notado mucho su&lt;br /&gt;falta.&lt;br /&gt;Conocíase que  Koseltzoff era querido en la&lt;br /&gt;compañía; oyóse enseguida cómo se comunicaban&lt;br /&gt;unos a otros que el antiguo oficial de ella había&lt;br /&gt;vuelto; aquel que fue herido,  Koseltzoff  Mikhail&lt;br /&gt;Semenovitch. Algunos soldados, entre ellos el ta m-&lt;br /&gt;bor, vinieron a saludarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 165&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;166&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Hola,Obanetchuk!  -le dijo el oficial-  ¿estás&lt;br /&gt;bueno y sano?  ¡Hola, hijos mios! -añadió alzando la&lt;br /&gt;voz.&lt;br /&gt;Los soldados respondieron a coro:&lt;br /&gt;-¡Salud a Vuestra Nobleza!&lt;br /&gt;-¿Cómo va, muchachos?&lt;br /&gt;-Esto va mal, Vuestra Nobleza; el francés va g a-&lt;br /&gt;nando; tira desde sus atrincheramientos,  pero no se&lt;br /&gt;deja ver fuera de ellos.&lt;br /&gt;-Y bien, ¿quién sabe? Tal vez tendré yo la suerte&lt;br /&gt;de verlo salir de sus trincheras. No será la, primera&lt;br /&gt;vez que vayamos juntos y que lo batiremos.&lt;br /&gt;-Estamos dispuestos a hacer cuanto se pueda,&lt;br /&gt;Vuestra Nobleza -respondieron muchos a la vez.&lt;br /&gt;-¿Son, pues, muy valientes?&lt;br /&gt;-Terriblemente atrevidos  -dijo a media voz el&lt;br /&gt;tambor, pero de modo que pudiera ser oído, y dir i-&lt;br /&gt;giéndose a otro soldado, como para justificar a su&lt;br /&gt;superior por haber empleado aquella expresión y&lt;br /&gt;persuadir a su compañero de que no tenía nada de&lt;br /&gt;exagerado ni de inverosímil.&lt;br /&gt;Koseltzoff se separó de sus soldados para ir a&lt;br /&gt;reunirse con los oficiales en el cuartel.&lt;br /&gt;XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 166&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;167&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        La sala de banderas del cuartel estaba llena&lt;br /&gt;de gente, de multitud de oficiales de marina, de art i-&lt;br /&gt;llería y de infantería; los unos dormían, los otros&lt;br /&gt;charlaban sentados sobre cajas de muni ciones o so-&lt;br /&gt;bre el afuste de un cañón; el grupo más numeroso lo&lt;br /&gt;formaban algunos sentados sobre sus  burkas exten-&lt;br /&gt;didas en el suelo, y que bebían porter y jugaban a los&lt;br /&gt;naipes.&lt;br /&gt;¡Eh! Koseltzoff, ¿ya de vuelta? ¿Y tu herida? -&lt;br /&gt;dijeron varias voces salidas de diferentes lados.&lt;br /&gt;Después de estrechar la mano a sus conocidos,&lt;br /&gt;Koseltzoff se re unió al grupo central de los ju-&lt;br /&gt;gadores. Uno de estos, de exterior agradable, mor e-&lt;br /&gt;no, delgado, de larga nariz, seco y con gran bigote&lt;br /&gt;que le cubría las mejillas, llevaba la banca con sus&lt;br /&gt;dedos blancos y finos, en uno de los cuales se veía&lt;br /&gt;una sortija con solitario; parecía agitado. Y al echar&lt;br /&gt;las cartas hacíalo con negligencia afectada a su dere-&lt;br /&gt;cha, medio recostado y apoyándose en los codos, un&lt;br /&gt;mayor de pelo gris, apuntaba y pagaba cada vez m e-&lt;br /&gt;dio rublo con exagerada tranquilidad; A la izquierda,&lt;br /&gt;sentado sobre sus talones, un oficial de cara ence n-&lt;br /&gt;dida y reluciente, bromeaba y sonreía con esfuerzo,&lt;br /&gt;y cuando mataban su carta agitábase una de sus ma-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 167&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;168&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nos en el bolsillo vacío del pantalón; jugaba fuerte&lt;br /&gt;pero sin dinero, lo que ponía de mal talante al oficial&lt;br /&gt;moreno, de rostro agraciado. Yendo y viniendo por&lt;br /&gt;la estancia, con un paquete de asignados en la mano,&lt;br /&gt;otro oficial, pálido, delgado y calvo, de enorme n a-&lt;br /&gt;riz y enorme boca, ponía dinero contante a cada  va-&lt;br /&gt;banca y ganaba siempre.&lt;br /&gt;Koseltzoff bebióse una copa de aguardiente y se&lt;br /&gt;sentó junto a los jugadores.&lt;br /&gt;-Vamos, Mikhail  Semenovitch, vamos, apunte&lt;br /&gt;usted -le dijo el banquero- apostaría a que  ha traído&lt;br /&gt;un dineral.&lt;br /&gt;-¿Dónde lo he de haber encontrado? Al revés;&lt;br /&gt;he gastado mis últimos rublos en la ciudad.&lt;br /&gt;-¿De verdad? Habrá desplumado usted a a l-&lt;br /&gt;guien en  Sympheropol; estoy seguro.&lt;br /&gt;-¡Vaya una idea!  -replicó  Koseltzoff, a quien&lt;br /&gt;agradaba que en esto no se le diese crédito sobre su&lt;br /&gt;palabra, y desabrochándose el uniforme para estar&lt;br /&gt;con más comodidad, cogió algunos naipes usados.&lt;br /&gt;-No  tengo nada que arriesgar; pero ¡que el di a-&lt;br /&gt;blo me lleve!... ¿quién puede prever la suer te?&lt;br /&gt;Un mosquito en ocasiones hace prodigios. Bebamos&lt;br /&gt;para tener ánimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 168&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;169&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no tardó nada en beberse otra copa de agua r-&lt;br /&gt;diente, y en perder sus últimos tres rublos, mientras&lt;br /&gt;que ciento cincuenta eran inscriptos en la cuenta del&lt;br /&gt;oficialote de rostro empapado en sudor.&lt;br /&gt;-Haga usted el favor de enviarme el dinero - dijo&lt;br /&gt;el que tenía la banca interrumpiendo la talla para mi-&lt;br /&gt;rar a éste.&lt;br /&gt;-Permítame usted demorar el envío hasta mañ a-&lt;br /&gt;na -respondió el interpelado levantándose; su mano&lt;br /&gt;no cesaba de moverse con agitación en el bolsillo.&lt;br /&gt;-¡Hum! -murmuró el banquero, lanzando con&lt;br /&gt;despecho a derecha e izquierda las últimas cartas de&lt;br /&gt;la baraja.- No se puede jugar así - exclamó,- otro ta-&lt;br /&gt;lla; esto no es posible,  Takar Ivanovitch; jugamos&lt;br /&gt;dinero contante y no de boquilla.&lt;br /&gt;-¿Dudará usted de mí? Sería verdaderamente&lt;br /&gt;extraño.&lt;br /&gt;-¿De quién he de recibir ocho rublos? -preguntó&lt;br /&gt;en aquel momento el mayor, que acababa de ganar, -&lt;br /&gt;he pagado más de </description>
            <pubDate>Sun, 27 May 2007 10:24:02 +0100</pubDate>
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            <title>sebastopol</title>
            <link>http://sebastopol.blogcindario.com/2007/05/00002-sebastopol.html</link>
            <description>Al día siguiente, el bombardeo prosiguió con la&lt;br /&gt;misma violencia. Hacia las once de la mañana,  Vo-&lt;br /&gt;lodia Koseltzoff reunióse a los oficiales de su bat e-&lt;br /&gt;ría. Íbase acostumbrando a aquellas caras nuevas;&lt;br /&gt;les interrogaba y les transmitía, a su vez parte de sus&lt;br /&gt;impresiones. La conversación modesta, quizá un&lt;br /&gt;poco pedante, de los ar tilleros, le agradaba, insp i-&lt;br /&gt;rándole respeto, y en cambio su exterior simpático,&lt;br /&gt;sus tímidas maneras y su ingenuidad, predisponían a&lt;br /&gt;aquellos señores en favor suyo. El oficial más ant i-&lt;br /&gt;guo de la batería, un capitán bajito, de pelo rojo, con&lt;br /&gt;tupé y peinado bien liso sobre las sienes, educa do&lt;br /&gt;en las antiguas tradiciones de la artillería, galante&lt;br /&gt;con las damas y con pretensiones de sabio,  explorá-&lt;br /&gt;bale sobre sus conocimientos en esta ciencia,  sobre&lt;br /&gt;los adelantos más recientes, y lo trataba como a un&lt;br /&gt;hijo, lo cual traía encantado a  Volodia. El subt e-&lt;br /&gt;niente Dedenko, oficialito con acento de pequeño&lt;br /&gt;ruso27, de cabellera alborotada y capote roto, le&lt;br /&gt;gustaba también, a pesar de sus gritos; pues bajo&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;27 Natural de la Rusia Menor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 171&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;172&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aquella ruda corteza, adivinaba  Volodia un hombre&lt;br /&gt;digno y  pundonoroso. Dedenko ofreció con insi s-&lt;br /&gt;tencia sus servicios al joven y trató de probarle que&lt;br /&gt;los cañones de Sebastopol no habían sido emplaz a-&lt;br /&gt;dos según las reglas. Por el contrario, el teniente,&lt;br /&gt;Tchernovitzky, de cejas notablemente arqueadas,&lt;br /&gt;vestido de levita aseada cuidadosamente, aunque&lt;br /&gt;ajada y con remiendos, y cadena de oro sobre chal e-&lt;br /&gt;co de raso, no le inspiró bien que fue se superior a&lt;br /&gt;los otros en distinción y finura, la menor simpatía;&lt;br /&gt;no cesaba de preguntar a  Volodia detalles sobre el&lt;br /&gt;Emperador y el ministro de la Guerra; refería con&lt;br /&gt;ficticio entusiasmo las hazañas realizadas en  Sebas-&lt;br /&gt;topo1; hacía alarde de gran saber, de sentimientos&lt;br /&gt;muy nobles, perro a pesar de todo, y sin que supiera&lt;br /&gt;decirse el por qué, aquellos discursos sonaban en&lt;br /&gt;hueco al oído del joven, y aun pudo notar que los&lt;br /&gt;demás oficiales evitaban generalmente la convers a-&lt;br /&gt;ción de  Tchernovitzky. El  junker Vlang, a aquel a&lt;br /&gt;quien despertó la noche antes, sentado modest a-&lt;br /&gt;mente en un rincón, callaba, riéndose a veces de a l-&lt;br /&gt;gún chiste, pronto siempre a recordar lo que&lt;br /&gt;olvidaban los otros; ofrecía por turno a estos el&lt;br /&gt;frasco del aguardiente y liaba cigarrillos para todos.&lt;br /&gt;Seducido por las maneras sencillas y afables de&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 172&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;173&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volodia, que no lo trataba como a un chiquillo, y&lt;br /&gt;por su exterior agradable, no se apartaban sus  oja-&lt;br /&gt;zos cariñosos del rostro del recién llegado; adivin a-&lt;br /&gt;ba y preveía todos sus deseos, impulsado por un&lt;br /&gt;sentimiento de admiración exaltada que los oficiales&lt;br /&gt;notaron en seguida y con motivo del cual no le e s-&lt;br /&gt;casearon las bromas.&lt;br /&gt;Poco antes de comer, el segundo capitán, Kraut,&lt;br /&gt;relevado de su servicio en el baluarte, vino a unirse&lt;br /&gt;a la reducida sociedad. Rubio, guapo  rnozo, vivo,&lt;br /&gt;poseedor de bigotes rojos y patillas de igual color,&lt;br /&gt;hablaba el ruso perfectamen te, pero con e xcesiva&lt;br /&gt;corrección y elegancia, para un ruso de pura  sangre.&lt;br /&gt;Tan irreprochable en el servicio como en la vida&lt;br /&gt;privada, la perfección era su defecto; excelente&lt;br /&gt;compañero de seguridad a prueba en los asuntos de&lt;br /&gt;intereses, faltábale algo como hombre, precisamente&lt;br /&gt;porque lo poseía todo. Por un contraste notable con&lt;br /&gt;los alemanes idealistas de Alemania era, a ejemplo&lt;br /&gt;de los alemanes rusos, práctico en grado exorbita n-&lt;br /&gt;te. &lt;br /&gt;-¡He aquí, he aquí a nuestro héroe!  -exclamó el&lt;br /&gt;capitán en el momento en que entraba  Kraut accio-&lt;br /&gt;nando, y haciendo chocar sus espuelas. - ¿Qué quie-&lt;br /&gt;re usted, Federico Cristianovitch, té o aguardiente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 173&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;174&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me he mandado hacer té  -respondió;- pero no&lt;br /&gt;rehusaré el aguardiente mientras lo hacen, para con-&lt;br /&gt;solarme el espíritu. Me alegro mucho de conocerle.&lt;br /&gt;Le ruego que nos quiera y sea un buen compañero&lt;br /&gt;para nosotros -dijo a Volodia, que se había levant a-&lt;br /&gt;do para saludarlo. - Capitán de segunda  Kraut... Me&lt;br /&gt;han dicho que llegó usted anoche.&lt;br /&gt;-Permítame usted que le dé las gracias por su&lt;br /&gt;cama, que he utilizado esta noche.&lt;br /&gt;-¿Y ha dormido usted siquiera cómodamente?&lt;br /&gt;Porque le falta una pata, y no es posible componerla&lt;br /&gt;mientras dure el sitio.&lt;br /&gt;- Y bien, ¿ha salido usted bien hoy?- le preguntó&lt;br /&gt;Dedenko.&lt;br /&gt;-¡Sí, gracias a Dios! Pero  Shovortzoff ha caído.&lt;br /&gt;Hubo que arreglar una  cureña; las gualderas queda-&lt;br /&gt;ron hechas añicos...&lt;br /&gt;Y se levantó de pronto para pasear por la esta n-&lt;br /&gt;cia: veíase que experimentaba la sensación agradable&lt;br /&gt;del hombre que acaba de salir sano y salvo de un&lt;br /&gt;gran peligro.&lt;br /&gt;-Y bien,  Dimitri Gravilovitch -dijo, dando una&lt;br /&gt;palmada amistosa, - ¿cómo estamos? ¡ batiuchka!&lt;br /&gt;¿Por dónde anda su propuesta? ¿No ha, resollado&lt;br /&gt;aún?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 174&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;175&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No; no hay nada.&lt;br /&gt;-Y no habrá  -intervino Dedenko,- ya se lo he&lt;br /&gt;demostrado.&lt;br /&gt;-¿Por qué no resultará nada?&lt;br /&gt;-Porque la comunicación está mal puesta.&lt;br /&gt;-¡Qué sempiterno discutidor!  -dijo  Kraut j o-&lt;br /&gt;vialmente.- ¡Un verdadero  ruso-menor testarudo!&lt;br /&gt;Bueno, pues, ya verá usted cómo para mortificarle&lt;br /&gt;lo ascenderán a teniente.&lt;br /&gt;- No, no harán nada.&lt;br /&gt;-Vlang,  -añadió  Kraut, dirigiéndose al  junker,-&lt;br /&gt;llene usted mi pipa y tráigamela, haga usted el favor.&lt;br /&gt;La presencia de  Kraut había animado a to dos.&lt;br /&gt;Hablando con cada uno, daba detalles y pre guntaba&lt;br /&gt;lo que había ocurrido en su ausencia.&lt;br /&gt;XVIII&lt;br /&gt;-Conque... ¿se ha instalado usted ya?  -preguntó&lt;br /&gt;Kraut a  Volodia.  -Pero, usted perdone, ¿cómo se&lt;br /&gt;llama? El nombre y apellido. Así es costumbre entro&lt;br /&gt;nosotros, en artillería. ¿Tiene usted caballo de&lt;br /&gt;montar?&lt;br /&gt;-No -respondió el  alférez- y estoy en un co m-&lt;br /&gt;promiso; se lo he dicho al capitán. No tengo ni c a-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 175&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;176&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ballo ni dinero hasta que reciba los gastos de forraje&lt;br /&gt;y de marcha. Quisiera pedir al comandante de la&lt;br /&gt;batería que me prestase su ca ballo, pero temo que&lt;br /&gt;rehuse.&lt;br /&gt;-¿Quiere usted pedírselo a Apolo  Sergueitch?&lt;br /&gt;-dijo Kraut, emitiendo con los labios un sonido, que&lt;br /&gt;debía expresar la duda. Y se quedó mi rando al c a-&lt;br /&gt;pitán.&lt;br /&gt;-¡Bueno, bueno! -repuso este.- ¡Si rehusa, el mal&lt;br /&gt;no será mucho! A decir verdad, maldita la falta que&lt;br /&gt;hace aquí el caballo; yo me encargo de pedírselo hoy&lt;br /&gt;mismo.&lt;br /&gt;-¡No lo conoce usted! - añadió por su parte  De-&lt;br /&gt;denko- rehusaría cualquiera otra cosa; pero no le&lt;br /&gt;negará eso al señor ¿qué apuesta usted?&lt;br /&gt;-¡Bah! Usted siempre esta dispuesto a contrad e-&lt;br /&gt;cir... usted...&lt;br /&gt;-Contradigo cuando hay por qué. El no es ru m-&lt;br /&gt;boso de suyo, pero prestará el caballo, porque no&lt;br /&gt;tiene ningún interés en rehusarlo.&lt;br /&gt;-¿Cómo ningún interés? Cuando la avena le sale&lt;br /&gt;aquí a ocho, rublos; es evidente su interés; siempre&lt;br /&gt;será un caballo menos que alimentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 176&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;177&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Vladimir  Seinenovitch!  -interrumpió  Vlang,&lt;br /&gt;que venía con la pipa de  Kraut- pídale usted el E s-&lt;br /&gt;tornino, es un caballo superior...&lt;br /&gt;-¿Con el cual se cayó usted al foso, ¡eh!  Vlang?&lt;br /&gt;-hizo observar el capitán segundo.&lt;br /&gt;-Se equivoca usted al decir que la avena está a&lt;br /&gt;ocho rublos -sostenía entretanto Dedenko, que ha-&lt;br /&gt;bía continuado la discusión.- Según las últimas noti-&lt;br /&gt;cias, está a diez cincuenta... es eviden te, que no le&lt;br /&gt;resulte provechoso en...&lt;br /&gt;-¿Pero quiere usted que no le quede nada? Si&lt;br /&gt;usted estuviera en su lugar, no prestaría un caballo&lt;br /&gt;ni para ir a paseo. Cuando yo sea comandante de&lt;br /&gt;batería, mis caballos, ¡ batiutchka!, tendrán sus cuatro&lt;br /&gt;garnetz bien llenos, y no pensaré en adquirir rentas.&lt;br /&gt;-El que viva lo vera  -replicó Kraut,- usted hará&lt;br /&gt;lo mismo cuando tenga una batería, y éste también&lt;br /&gt;-indicando a Volodia.&lt;br /&gt;-¿Por qué supone usted, Federico  Cristiano-&lt;br /&gt;vitch, que el señor querrá obtener también menudos&lt;br /&gt;provechos? Si tiene algún caudal, ¿a qué ha de pr o-&lt;br /&gt;ceder así? -preguntó a su vez Tchernovitzky.&lt;br /&gt;- No... yo... dispense usted, capitán -dijo Vodolia&lt;br /&gt;ruborizándose hasta las orejas, - eso se ría indigno a&lt;br /&gt;mis propios ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 177&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;178&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, oh! ¡ Qué sopa en leche!28 -le dijo Kraut.&lt;br /&gt;-Eso es otra cuestión, capitán; pero creo que no&lt;br /&gt;puedo quedarme con dinero que no me pertenezca.&lt;br /&gt;-Y yo le digo a usted otra cosa  -prosiguió el ca-&lt;br /&gt;pitán con tono mas seguro. - Sepa usted que es muy&lt;br /&gt;ventajoso llevar bien las cuentas siendo comandante&lt;br /&gt;de batería. Sepa usted que éste no tiene que cuidarse&lt;br /&gt;de la alimentación de sus soldados; así ocurre,&lt;br /&gt;siempre, entro nosotros, en artillería. Si usted no l o-&lt;br /&gt;gra unir bien los dos cabos, no le quedará un cént i-&lt;br /&gt;mo. Enumere más a la ligera los gastos. En primer&lt;br /&gt;lugar el herraje -y el capitán dobló un dedo- después&lt;br /&gt;el botiquín - dobló el  segundo- luego la of icina -ya&lt;br /&gt;son tres,- más los caballos de tiro, que cuestan segu-&lt;br /&gt;ramente  quinientos rublos -son cuatro- la recompo-&lt;br /&gt;sición de los cuellos de los soldados y el carbón que&lt;br /&gt;se gasta, en gran cantidad, y por úl timo, la mesa de&lt;br /&gt;los oficiales. Además, como jefe de batería, hay  que&lt;br /&gt;vivir de un modo conveniente; necesita una  caleche,&lt;br /&gt;una, pelliza, etc.&lt;br /&gt;-Y lo principal  -dijo el capitán, que había gua r-&lt;br /&gt;dado silencio hasta entonces, - helo aquí,  Vladimir&lt;br /&gt;Semenovitch. Aquí tiene usted a un hombre como&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;28 Modismo cariñoso ruso, equivalente a ¡que candidez, que inocencia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 178&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;179&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yo, por ejemplo, que ha servido veinte años rec i-&lt;br /&gt;biendo primero doscientos, después trescientos r u-&lt;br /&gt;blos de paga... Pues bien, ¿cómo no ha de&lt;br /&gt;recompensar el Gobierno sus años de servicios&lt;br /&gt;dándole un pedazo de pan para la vejez?&lt;br /&gt;-Es indiscutible -replicó el segundo capitán- así,&lt;br /&gt;no se dé usted prisa a juzgar; sirva usted algún tie m-&lt;br /&gt;po, y ya verá...&lt;br /&gt;Volodia, avergonzado de la observación que&lt;br /&gt;había soltado sin reflexionar,  rnurmuró algunas p a-&lt;br /&gt;labras y oyó en silencio cómo la emprendió  Deden-&lt;br /&gt;ko para defender la tesis contraria; la dis cusión fue&lt;br /&gt;interrumpida por la entrada del asistente del t e-&lt;br /&gt;niente coronel, anunciando que la comida estaba&lt;br /&gt;servida.&lt;br /&gt;-Debe usted decirlo a Apolo Sergevitch que nos&lt;br /&gt;dé vino hoy  -dijo el teniente  Tchernovitzky abro-&lt;br /&gt;chándose- ¡al diablo su avaricia! Si lo matan no lo&lt;br /&gt;disfrutará nadie.&lt;br /&gt;-Dígaselo usted mismo.&lt;br /&gt;-¡ Ah! no, usted es más antiguo; la jerarquía ante&lt;br /&gt;todo. &lt;br /&gt;XIX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 179&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;180&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mesa cubierta con mantel bastante ma n-&lt;br /&gt;chado aparecía dispuesta en el centro de la habit a-&lt;br /&gt;ción donde Vodolia fue recibido la noche antes por&lt;br /&gt;el jefe; éste le tendió la mano preguntán dole nuevas&lt;br /&gt;de Petersburgo y de su viaje.&lt;br /&gt;-Bueno, señores; hagan ustedes el favor de ace r-&lt;br /&gt;car el aguardiente ¿los alféreces no beben? - añadió&lt;br /&gt;sonriendo.&lt;br /&gt;El comandante de la batería no parecía hoy tan&lt;br /&gt;severo como la noche anterior; más bien tenia el a s-&lt;br /&gt;pecto de un. huésped bondadoso y hospitalario; de&lt;br /&gt;un compañero entre sus oficiales, todos, a pesar de&lt;br /&gt;esto, desde el veterano capitán al  alferez Dedenko,&lt;br /&gt;le demostraban un respeto que se traducía en la&lt;br /&gt;atención tímida, con que le hablaban, aproximánd o-&lt;br /&gt;se por turno para beber su copa de aguardiente.&lt;br /&gt;La comida componíase de chtchi servido en una&lt;br /&gt;gran sopera, donde flotaban trozos de carne emp a-&lt;br /&gt;pados en grasa, hojas de laurel y mucha pimienta; de&lt;br /&gt;zrasi a la polonesa con mostaza, y de  kolduny con&lt;br /&gt;manteca ligeramente rancia; no había servilletas; las&lt;br /&gt;cucharas eran de madera o de estaño; vasos apar e-&lt;br /&gt;cían sólo dos, y sobre la mesa sólo una garrafa de&lt;br /&gt;agua con el cuello roto. La conversación no cesaba;&lt;br /&gt;se habló primero de la batalla de  InKerman, en la&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 180&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;181&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cual hubo de tomar parte la batería; cada cual reco r-&lt;br /&gt;daba sus impresiones, sus juicios sobre las causas&lt;br /&gt;del fracaso, callándose en cuanto, hablaba el jefe de&lt;br /&gt;la batería. Después se lamentaron de carecer de c a-&lt;br /&gt;ñones de ciertos calibres; fueron discutidos los ú l-&lt;br /&gt;timos perfeccionamientos, lo que dio ocasión a&lt;br /&gt;Volodia para demostrar su ciencia, y dato curioso, la&lt;br /&gt;conversación no llegó a rozar siquiera levemente el&lt;br /&gt;asunto de la tremenda situación de  Sebastopol, lo&lt;br /&gt;que parecía querer decir que todos y cada uno, por&lt;br /&gt;lo que a sí mismo concernía, se preocupaban de ello&lt;br /&gt;demasiado para poder hablar.  Volodia muy admira-&lt;br /&gt;do y aún apesadumbrándose de que ni se aludiese&lt;br /&gt;tan sólo a los deberes del servicio,  decíase que sin&lt;br /&gt;duda no había llegado uno a  Sebastopol para dar&lt;br /&gt;detalles sobre los nuevos cañones y comer con el&lt;br /&gt;comandante de la batería. Una granada estalló, d u-&lt;br /&gt;rante la comida, a dos pasos de la casa; el techo y las&lt;br /&gt;paredes fueron sacudidas como en un terre moto, y&lt;br /&gt;el humo de la pólvora  extendióse por fuera sobre&lt;br /&gt;los vidrios de la ventana.&lt;br /&gt;-No habrá visto usted esto en  Petersburgo pero&lt;br /&gt;aquí recibimos a menudo esas sorpresas. A ver,&lt;br /&gt;Vlang, haga, usted el favor de mirar  -añadió el c o-&lt;br /&gt;mandante,- dónde ha caído esa granada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 181&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;182&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vlang miró y anunció que en la plaza.&lt;br /&gt;Poco antes de concluir de comer, uno de los&lt;br /&gt;soldados escribientes entró para dar a su jefe tres&lt;br /&gt;pliegos cerrados:&lt;br /&gt;-Este es muy urgente; lo acaba de traer un cos a-&lt;br /&gt;co, a caballo, de parte del Comandante General de&lt;br /&gt;artillería.&lt;br /&gt;Los oficiales siguieron con ansiosa impaciencia&lt;br /&gt;los dedos ejercitados de su superior al romper el s e-&lt;br /&gt;llo del sobre que traía escrito «muy urgen te», y de&lt;br /&gt;donde sacó un papel.&lt;br /&gt;-¿Qué podrá ser esto?  -preguntóse cada cual.-&lt;br /&gt;¿Será la orden de salir de  Sebastopol para desca n-&lt;br /&gt;sar, o la de sacar a las fortificaciones toda la batería?&lt;br /&gt;-¡Siempre lo mismo!  -exclamó el comandan te&lt;br /&gt;arrojando con cólera el pliego sobre la mesa.&lt;br /&gt;-¿Qué es eso, Apolo  Sergevitch?  -preguntó el&lt;br /&gt;oficial más antiguo.&lt;br /&gt;-Piden un oficial y sirvientes para una batería de&lt;br /&gt;morteros. No tengo más que cuatro oficia les y mis&lt;br /&gt;sirvientes no están completos  -dijo entre dientes- y&lt;br /&gt;ahora, me exigen... Sin embargo, es preciso que vaya&lt;br /&gt;alguno, señores  -prosiguió al cabo de un  instante-&lt;br /&gt;hay que estar a las siete. Envíeme usted al sargento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 182&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;183&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;primero. Y bien, caballeros, ¿quién va a ir? dec í-&lt;br /&gt;danlo ustedes mismos.&lt;br /&gt;-Pues mire usted... El señor no ha hecho aún&lt;br /&gt;ningún servicio - dijo  Tchernovitzky señalando a&lt;br /&gt;Volodia.&lt;br /&gt;El comandante de la batería, guardó silencio.&lt;br /&gt;-Sí, no deseo otra cosa  -exclamó Volodia, sin-&lt;br /&gt;tiendo un sudor frío humedecerle el cuello y el esp i-&lt;br /&gt;nazo.&lt;br /&gt;-No; ¿por qué?  -interrumpió el capitán- nadie&lt;br /&gt;debe rehuir el servicio, pero ofrecerse voluntario es&lt;br /&gt;inútil; puesto que Apolo  Sergevitch nos deja libres,&lt;br /&gt;echaremos suertes como la otra vez.&lt;br /&gt;Todos se conformaron.  Kraut cortó con cuid a-&lt;br /&gt;do unos cuadraditos de papel, y enrollándolos, los&lt;br /&gt;echó en una gorra. El capitán soltó algunas bromas&lt;br /&gt;y aprovechó la ocasión para pedir vino al teniente&lt;br /&gt;coronel, a fin de adquirir valor, según añadió.  De-&lt;br /&gt;denko tenía aspecto sombrío,  Volodia sonreía,&lt;br /&gt;Tchernovitzky pretendía que él iba a ser el design a-&lt;br /&gt;do por la suerte,  Kraut permanecía completamente&lt;br /&gt;tranquilo.&lt;br /&gt;Ofrecieron a Volodia que sacase el primero; el&lt;br /&gt;joven cogió una de las papeletas, la más larga, pero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 183&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;184&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la cambió en el acto por otra más pe queña y más fi-&lt;br /&gt;na, y desenvolviéndola, leyó la palabra Ir.&lt;br /&gt;-Me toca a mí -dijo.&lt;br /&gt;-Pues bien, ¡que Dios lo proteja!... Este será su&lt;br /&gt;bautismo de fuego  -dijo el comandante, conte m-&lt;br /&gt;plando con una sonrisa de bondad el rostro co n-&lt;br /&gt;movido del alférez, - pero, alístese usted pronto;&lt;br /&gt;para que vaya usted mejor, Vlang le acompañara  en&lt;br /&gt;lugar del artificiero. &lt;br /&gt;XX&lt;br /&gt;Vlang, muy satisfecho de su misión, corrió a&lt;br /&gt;vestirse y volvió en el acto a ayudar a  Volodia a ha-&lt;br /&gt;cer sus preparativos, aconsejándole que se llevara su&lt;br /&gt;cama, la pelliza, un número viejo de  Los Anales de la&lt;br /&gt;Patria, una cafetera con una lamparilla de espíritu de&lt;br /&gt;vino y otros objetos inútiles. El capitán, a su vez,&lt;br /&gt;encargó a Volodia, que leyese en el  Manual para uso&lt;br /&gt;de los oficiales de artillería, el pasaje referente al tiro de&lt;br /&gt;mortero, sacando, acto seguido, copia de él. Volodia&lt;br /&gt;se puso, desde luego, al trabajo, feliz y sorprendido,&lt;br /&gt;al sentir que el terror a los peligros, el miedo, sobre&lt;br /&gt;todo, de pasar por un cobardón, no eran tan fuertes&lt;br /&gt;en él como el día antes, pues las impresiones del día&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 184&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;185&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y sus ocupaciones habían contribuido a disminuir su&lt;br /&gt;intensidad. A las siete de la tarde, cuando el sol de s-&lt;br /&gt;cendía ya a ocultarse tras del cuartel Nicolás, el sa r-&lt;br /&gt;gento primero vino a decirle que la gente estaba lista&lt;br /&gt;y esperando.&lt;br /&gt;-Ya he dado la lista a Vlang; Vuestra Nobleza se&lt;br /&gt;la podrá pedir.&lt;br /&gt;-¿Habrá que hacerles un discurso?  -preguntó&lt;br /&gt;Volodia al ir, acompañado del   junker, en busca de&lt;br /&gt;los veinte artilleros que, ceñido el sable, lo esper a-&lt;br /&gt;ban fuera- ¿O bastará decirles sencillamente: «bu e-&lt;br /&gt;nos días, muchachos» o no decir nada. ¿Por qué no&lt;br /&gt;decirles buenos días, muchachos? Me parece que&lt;br /&gt;eso es lo que corresponde... - y con su voz llena y&lt;br /&gt;sonora gritó:- ¡Buenos días, muchachos!&lt;br /&gt;Los soldados respondieron alegremente a su&lt;br /&gt;saludo; su voz joven y fresca,  habíales acariciado&lt;br /&gt;agradablemente el oído. Púsose a su frente, y a pesar&lt;br /&gt;de que su corazón latía como si aca base de cr uzar&lt;br /&gt;algunas verstas corriendo, su paso era ligero y sus l a-&lt;br /&gt;bios sonreían. Al llegar cerca, del mamelón de  Ma-&lt;br /&gt;lakoff, notó, al subirlo, que  Vlang, el cual no se&lt;br /&gt;separaba un paso de él y que le había parecido tan&lt;br /&gt;valiente abajo en el alojamiento, huía el cuerpo y&lt;br /&gt;bajaba la cabeza, como si las balas y las granadas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 185&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;186&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que venían silbando hasta allí, sin interrupción, fu e-&lt;br /&gt;sen a caer directamente sobre él; algunos soldados&lt;br /&gt;hacían lo mismo, y la mayor parte de las fisonomías&lt;br /&gt;expresaban, si no miedo, por lo menos inquietud:&lt;br /&gt;esta circunstancia, acabó de afirmar, reanimán dolo,&lt;br /&gt;su valor.&lt;br /&gt;-Heme aquí, pues; heme aquí, también yo, en el&lt;br /&gt;mamelón de Malakoff; me lo figuraba mil veces más&lt;br /&gt;terrible, y ando y avanzo sin hacer cortesías a los&lt;br /&gt;proyectiles. ¿Tengo, acaso, menos miedo que los&lt;br /&gt;otros? No soy, pues, un cobarde -decíase con júbilo,&lt;br /&gt;con el entusiasmo del amor propio satisfecho.&lt;br /&gt;Este sentimiento fue, no obstante, amortigua do&lt;br /&gt;por el espectáculo que se presentó ante sus ojos;&lt;br /&gt;cuando llegaba ya con el crepúsculo a la batería de&lt;br /&gt;Korniloff, cuatro marineros, cogiendo unos por los&lt;br /&gt;pies y otros por los brazos el cuerpo ensangrentado&lt;br /&gt;de un hombre descalzo y sin capote, se disponían a&lt;br /&gt;arrojarlo por encima del parapeto (al segundo día de&lt;br /&gt;bombardeo echábanse los muertos al foso, pues no&lt;br /&gt;había tiempo de retirarlos).  Volodia, presa de est u-&lt;br /&gt;por, vio el cadáver chocar con la cresta del parapeto&lt;br /&gt;y caer resbalando desde allí al foso; felizmente pa ra&lt;br /&gt;él, encontró en aquel mismo momento al Coma n-&lt;br /&gt;dante del baluarte, que le dio un conductor para&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 186&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;187&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;guiarlo a la batería y al alojamiento blindado de los&lt;br /&gt;sirvientes. No referiremos cuantas veces nuestro hé-&lt;br /&gt;roe se vio expuesto al peligro aquella noche; nada&lt;br /&gt;diremos de su decepción al ver que en vez de e n-&lt;br /&gt;contrar allí un tiro ajus tado a todas las r eglas de&lt;br /&gt;precisión, tal como se practicaba en  Petersburgo, en&lt;br /&gt;la llanura de Volkovo, hallóse frente a dos morteros&lt;br /&gt;solamente, el uno con los rebordes partidos por una&lt;br /&gt;granada, y el otro sosteniéndose sobre los fragmen-&lt;br /&gt;tos de un afuste hecho pedazos; ni diremos cómo le&lt;br /&gt;fue imposible procurarse soldados para repararlo&lt;br /&gt;antes del día, cómo no encontró carga alguna de c a-&lt;br /&gt;libre indicado en el manual; ni hablaremos de sus&lt;br /&gt;impresiones al ver rodar por tierra a dos de sus art i-&lt;br /&gt;lleros heridos ante él, ni, en fin, cómo se vio él&lt;br /&gt;mismo, veinte veces con la vida pendiente de un c a-&lt;br /&gt;bello. Por fortuna, el jefe de pieza, que le dieron p a-&lt;br /&gt;ra ayudarlo, un marino de gran estatura, afecto a los&lt;br /&gt;dos morteros desde que principiara el sitio, le asegu-&lt;br /&gt;ró que podían servir aún, prometiéndole, mientras&lt;br /&gt;paseaba por el baluarte con una linterna en la mano&lt;br /&gt;con tanta tranquilidad como si estuviese en su&lt;br /&gt;huerto, que los pondría en estado de servicio antes&lt;br /&gt;del amanecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 187&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;188&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El reducto blindado en el cual su guía lo intr o-&lt;br /&gt;dujo, no era sino una gran cavidad estrecha y larga,&lt;br /&gt;perforada en el suelo pedregoso, de unas dos  sagenas&lt;br /&gt;cúbicas de profundidad, protegida por vigas de e n-&lt;br /&gt;cina de una  archina de diámetro; allí se estableció&lt;br /&gt;con su gente. En cuanto,  Vlag divisó la  puertecilla&lt;br /&gt;baja que le daba paso,  lanzóse dentro con tal prec i-&lt;br /&gt;pitación, que lo arrastró casi a caer al suelo, pav i-&lt;br /&gt;mentado con piedras, y escondiéndose en un rincón&lt;br /&gt;no quiso salir más. Los soldados se instalaron en&lt;br /&gt;tierra junto a las paredes; algunos encendieron sus&lt;br /&gt;pipas, y Volodia armó su cama en un rincón, echóse&lt;br /&gt;en ella y encendió a su vez un cigarrillo. Sobre sus&lt;br /&gt;cabezas se sentía, debilitado por el blindaje, el e s-&lt;br /&gt;tampido sin interrupción de las descargas; un cañón&lt;br /&gt;solo, emplazado muy cerca, hacía retemblar el abr i-&lt;br /&gt;go cada vez que disparaba. En el interior todo pe r-&lt;br /&gt;manecía en calma. Los soldados, intimidados aún&lt;br /&gt;por la presencia del oficial nuevo, sólo cambiaban&lt;br /&gt;entre sí alguna que otra palabra para pedirse fuego o&lt;br /&gt;algo de sitio; una rata roía allá entre las piedras, y&lt;br /&gt;Vlang, que aun no se había repuesto de su emoción,,&lt;br /&gt;lanzaba de vez en cuando profundos suspiros,&lt;br /&gt;contemplando en rededor suyo. Lo mismo aquí, sin&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 188&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;189&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;estar del todo a su gusto,  sentíase casi predispuesto&lt;br /&gt;a la alegría. &lt;br /&gt;XXI&lt;br /&gt;Al cabo de diez minutos, los soldados fueron&lt;br /&gt;animándose, comenzando a charlar; cerca del lecho&lt;br /&gt;del oficial, en el círculo de luz,  habíanse colocado&lt;br /&gt;los de mayor graduación; los dos  artificieros, el uno&lt;br /&gt;viejo, de cabellera gris, con el pecho adornado con&lt;br /&gt;muchas medallas y cruces, entre las que faltaba la de&lt;br /&gt;San Jorge; el otro, un joven que fumaba cigarrillos&lt;br /&gt;liados por él, y el tambor, que, como siempre, se pu-&lt;br /&gt;so allí en el fondo a las órdenes inmediatas del alf é-&lt;br /&gt;rez. En las sombras de la entrada, tras del&lt;br /&gt;bombardero y los soldados condecorados que oc u-&lt;br /&gt;paban el primer término, estaban los  humildes29, que&lt;br /&gt;fueron los primeros en romper el mutismo. Uno de&lt;br /&gt;ellos, que vino corriendo asustado y con gran estr é-&lt;br /&gt;pito, sirvió de tema a su conversación.&lt;br /&gt;-¡He, oye! ¿no has querido andar más por la c a-&lt;br /&gt;lle?&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;29 Los bisoños, los quintos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 189&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;190&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No se pasean por allí las muchachas, eh?  -dijo&lt;br /&gt;una voz.&lt;br /&gt;-Al revés, cantan unas canciones maravillosas,&lt;br /&gt;como no se oyen en el pueblo  -respondió riendo y&lt;br /&gt;sofocado el recién venido.&lt;br /&gt;-Vassin no es amigo de las bombas, no; no le&lt;br /&gt;gustan -exclamó otro de los del grupo aristocrático.&lt;br /&gt;-Cuando es preciso, ya es otra cosa  -replicó&lt;br /&gt;lentamente Vassin, a quien todos atendían cuan do&lt;br /&gt;hablaba.- El 24, por ejemplo, caían que era una&lt;br /&gt;bendición. ¿A qué hacernos matar sin objeto? ¿Nos&lt;br /&gt;lo agradecerían nuestros jefes?&lt;br /&gt;Estas palabras provocaron gran risa.&lt;br /&gt;-Y sin embargo,  mirad a Menilkoff, que se está&lt;br /&gt;siempre fuera -dijo otro.&lt;br /&gt;-Es verdad; hazle que, entre  -añadió el veterano&lt;br /&gt;artificiero.- Si no se va a hacer matar como un tonto.&lt;br /&gt;-¿ Quién es Menilkoff? -preguntó Volodia.&lt;br /&gt;-Mire Vuestra Nobleza, es un animal que no ti e-&lt;br /&gt;ne miedo a nada: se esta paseando ahí fuera. ¿Qui e-&lt;br /&gt;re verlo Vuestra Nobleza? parece un oso.&lt;br /&gt;- Sabe hacer sortilegios  -añadió Vassin con su&lt;br /&gt;voz reposada.&lt;br /&gt;Menilkoff, soldado de gran corpulencia, cosa ra-&lt;br /&gt;ra, de pelo rojo, frente enorme, extraordinariamente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 190&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;191&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;bombeada, y ojos saltones azul claros, entró en&lt;br /&gt;aquel momento.&lt;br /&gt;-¿Tienes miedo de las bombas?&lt;br /&gt;-¿Por qué he de tener miedo?  -contestó  Me-&lt;br /&gt;nilkoff rascándose el cogote,- no será una bomba la&lt;br /&gt;que me mate, bien lo sé...&lt;br /&gt;-¿Te gusta, pues, estar aquí?&lt;br /&gt;-Seguramente; es muy divertido.  -Y se echó a&lt;br /&gt;reír.&lt;br /&gt;-¡Entonces habrá que hacerte tomar parte en&lt;br /&gt;una salida! ¿Quieres? Se lo diré al General añadió&lt;br /&gt;Volodia, que no conocía, sin embargo a General a l-&lt;br /&gt;guno.&lt;br /&gt;-¡Por qué no he de querer! ¡Sí que quiero!  -Y&lt;br /&gt;Merillkoff se ocultó tras de sus compañeros.&lt;br /&gt;-Vamos a jugar, muchachos; ¿quién tiene cartas?&lt;br /&gt;-preguntó una voz impaciente, y organizóse el juego&lt;br /&gt;en el rincón más apartado.&lt;br /&gt;Volodia, entretanto, bebía té del que le preparó&lt;br /&gt;el tambor, ofreciendo de él a los  artificieros, con&lt;br /&gt;quienes charlaba bromeando, deseoso de hacerse&lt;br /&gt;popular y muy complacido por el respeto que le&lt;br /&gt;demostraban. Los soldados, al notar que el  barina&lt;br /&gt;era buen chico, fueron animándo se, y uno de ellos&lt;br /&gt;anunció que el sitio, iba a concluir muy pronto, pues&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 191&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;192&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;un marinero le había asegurado, como cosa cierta,&lt;br /&gt;que Constantino, el hermano del  Czar, venía a l i-&lt;br /&gt;bertarlos con la escuadra  Mericana30, y que en breve&lt;br /&gt;habría un armisticio de dos semanas para descansar,&lt;br /&gt;y que por cada cañonazo que se disparase durante la&lt;br /&gt;tregua se tendrían que pagar setenta y cinco kopeks.&lt;br /&gt;Vassin, en quien  Volodia había reparado ya,&lt;br /&gt;aquel soldado bajito con ojos grandes y dulces y p a-&lt;br /&gt;tillas, refirió a su vez, en medio, del silencio general,&lt;br /&gt;roto en seguida por mil risotadas, el placer que h a-&lt;br /&gt;bían sentido primero al verlo volver a su pueblo&lt;br /&gt;con licencia,  pero que en el acto su padre lo envió a&lt;br /&gt;trabajar al campo, cada día, mientras que el señor&lt;br /&gt;teniente de la guardia forestal mandaba a buscar a su&lt;br /&gt;mujer en drochki. Muchos de los soldados roncaban&lt;br /&gt;ya; Vlang habíase tumbado también en tierra, y el&lt;br /&gt;artificiero veterano, tras de extender su capote en el&lt;br /&gt;suelo  persignábase devotamente mascullando las&lt;br /&gt;oraciones de la noche, cuando se le ocurrió a  Vo-&lt;br /&gt;lodia, el capricho de salir para ver lo que aconte cía&lt;br /&gt;fuera.&lt;br /&gt;                                                            &lt;br /&gt;30 Americana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 192&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;193&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Retirad las piernas  -dijéronse al momento los&lt;br /&gt;soldados unos a otros al verlo levantarse, y cada c u-&lt;br /&gt;al encogió las suyas para dejarlo pasar.&lt;br /&gt;Vlang, a quien creyérase dormido, se incorporó,&lt;br /&gt;sujetando a Volodia por un faldón del capote.&lt;br /&gt;-Vamos, no salga usted, ¿qué va usted a ha cer?&lt;br /&gt;-le dijo con acento compungido y persuasivo:  -¿no&lt;br /&gt;sabe usted lo que pasa? llueven los proyectiles allí;&lt;br /&gt;aquí se está mejor.&lt;br /&gt;Pero Volodia salió sin atenderlo y fue a sen tarse&lt;br /&gt;en el umbral mismo del alojamiento, junto a  Me-&lt;br /&gt;nilkoff.&lt;br /&gt;La atmósfera estaba fresca y pura, sobre todo,&lt;br /&gt;comparándola con la que acababa de respirar; la n o-&lt;br /&gt;che clarísima y serena; entre el tronar del cañón  oía-&lt;br /&gt;se el ruido de las ruedas de las  telegas que traían&lt;br /&gt;cestones y faginas, y las voces de los que trabajaban&lt;br /&gt;en el polvorín: sobre su cabeza brillaba el cielo e s-&lt;br /&gt;trellado, dibujándose en él los surcos luminosos de&lt;br /&gt;los proyectiles; a la izquierda  veíase la reducida&lt;br /&gt;abertura de una archina de alto, que conducía al inte-&lt;br /&gt;rior de otro blindaje, dentro del que se podían ver&lt;br /&gt;los pies y las espaldas de los marineros que allí p a-&lt;br /&gt;raban y a los que se oía hablar; enfrente  alzábase el&lt;br /&gt;macizo que cubría el polvorín, ante el cual pasaban&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 193&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;194&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y repasaban cuerpos encorvados, y en la cúspide&lt;br /&gt;misma de la eminencia, expuesta a las balas y las&lt;br /&gt;granadas que no cesaban de silbar en aquel sitio,&lt;br /&gt;aparecía una figura negra, elevada, con las manos en&lt;br /&gt;los bolsillos, pisoteando la tierra fresca que traían en&lt;br /&gt;sacos; de tiempo en tiempo caía una bomba y est a-&lt;br /&gt;llaba a dos pasos de la cava; los soldados obreros&lt;br /&gt;agachábanse y se apartaban de allí, mientras que la&lt;br /&gt;obscura silueta proseguía tranquilamente igualando&lt;br /&gt;la tierra con los pies y sin moverse de su sitio.&lt;br /&gt;-¿Quién es ese? -preguntó Volodia a Menilkoff.&lt;br /&gt;-No sé; voy a verlo.&lt;br /&gt;-No vayas, es inútil.&lt;br /&gt;Pero Menilkoff se levantó sin  oirlo; acercóse al&lt;br /&gt;hombre negro y permaneció largo rato inmóvil&lt;br /&gt;junto a éste, con la misma indiferencia que é1, hacia&lt;br /&gt;el peligro.&lt;br /&gt;-Es el vigilante del polvorín, Vuestra Noble za?&lt;br /&gt;-dijo al volver- una bomba ha horadado el espaldón&lt;br /&gt;y lo vuelven a cubrir de tierra.&lt;br /&gt;Al concluir la noche, conocía perfectamente el&lt;br /&gt;número y la dirección de los cañones que dispar a-&lt;br /&gt;ban y en que dirección hacían fuego.&lt;br /&gt;XXII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 194&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;195&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, 27 de agosto, después de diez&lt;br /&gt;horas de sueño, salió  Volodia fresco y descansado&lt;br /&gt;del blindaje. Siguióle Vlang, pero éste al pri mer sil-&lt;br /&gt;bido de una bala, dio un salto hacia atrás, y abrié n-&lt;br /&gt;dose camino con la cabeza, se precipitó por la&lt;br /&gt;angosta abertura entre la risa general  de1 los solda-&lt;br /&gt;dos, de los cuales todos, a excepción de  Vlang, del&lt;br /&gt;veterano artificiero y de otros dos o tres que solían&lt;br /&gt;aparecer raras veces en el atrincheramiento, habían&lt;br /&gt;salido fuera, para respirar el aire fresco de la mañ a-&lt;br /&gt;na. A pesar de la violencia del bombardeo, no se les&lt;br /&gt;pudo impedir que permanecieran allí, unos cerca de&lt;br /&gt;la entrada, otros cubriéndose con el parapeto; en&lt;br /&gt;cuanto a Menilkoff, desde que rayó el alba, iba y v e-&lt;br /&gt;nía por las baterías observándolo todo, con aire i n-&lt;br /&gt;diferente.&lt;br /&gt;En el umbral mismo del alojamiento  sentáronse&lt;br /&gt;tres soldados, dos viejos y un joven: este último, j u-&lt;br /&gt;dío de crespo cabello, infante agregado a la batería,&lt;br /&gt;recogió una bala que rodó a sus pies y aplastándola&lt;br /&gt;con un casco de bomba contra una piedra, la r e-&lt;br /&gt;cortó en forma de cruz según el modelo de la de&lt;br /&gt;San Jorge, mientras los otros conversaban, siguie n-&lt;br /&gt;do, con interés su trabajo que le salía muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 195&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;196&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo digo que si continuamos aquí algún tiempo&lt;br /&gt;más, cuando la paz se haga, nos darán el retiro.&lt;br /&gt;-De seguro; no me faltaban más que cuatro años&lt;br /&gt;de servicio, y hace cinco meses que estoy aquí.&lt;br /&gt;-Eso no se cuenta para el retiro  -dijo otro, en el&lt;br /&gt;momento en que una bala de cañón, tras de pasar&lt;br /&gt;silbando sobre el grupo, dio en tierra a una  archina&lt;br /&gt;de Menilkoff, que venía hacía ellos por la trinchera.&lt;br /&gt;-A poco mata a Menilkoff -dijo  un soldado.&lt;br /&gt;-No me matara -repuso éste.&lt;br /&gt;-Toma, tén esta cruz por tu valor -dijo el bisoño&lt;br /&gt;judío, concluyendo la que hacía, y dándosela.&lt;br /&gt;- No, hermano, aquí los m eses valen por años;&lt;br /&gt;hay una orden acerca de eso  -prosiguió aquel que&lt;br /&gt;antes hablaba.&lt;br /&gt;-Sea lo que fuere, es seguro que al llegar la paz&lt;br /&gt;nos pasará una revista el Emperador en Varsovia, y&lt;br /&gt;si no nos dan la absoluta, por lo menos será licencia&lt;br /&gt;ilimitada.&lt;br /&gt;En este instante, una bala pequeña, saltando de&lt;br /&gt;rebote, y que parecía gemir al silbar, cruzó por sobre&lt;br /&gt;sus cabezas y fue a caer sobre un pedrusco.&lt;br /&gt;-¡Cuidado! -dijo uno- Puede ser que de aquí a la&lt;br /&gt;noche tengas tu licencia absoluta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 196&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;197&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos se echaron a reír. Y no habían pasado&lt;br /&gt;dos horas, no había venido la noche aún, cuan do&lt;br /&gt;dos de ellos habían recibido, en efecto, la licencia&lt;br /&gt;absoluta, y cinco estaban heridos; pero los demás&lt;br /&gt;proseguían chanceando como antes.&lt;br /&gt;Por la mañana fueron aprestados los dos mor-&lt;br /&gt;teros, y Volodia recibió, a eso de las diez, orden del&lt;br /&gt;comandante del baluarte de reunir su gente y situa r-&lt;br /&gt;se con ella en la batería. Una vez metidos en faena,&lt;br /&gt;ya no les quedaron ni señales de aquel terror, que la&lt;br /&gt;tarde precedente se manifestaba de un modo tan&lt;br /&gt;franco. Sólo  Vlang no conseguía dominar el suyo,&lt;br /&gt;agachándose y escondiéndose a cada momento.&lt;br /&gt;Vassin también había perdido la sangre fría;  agitá-&lt;br /&gt;base y saludaba. En cuanto a  Volodia, excitado por&lt;br /&gt;satisfacción entusiasta, no pensó más en el peligro.&lt;br /&gt;El júbilo que sentía al cumplir bien su deber, en no&lt;br /&gt;ser un cobarde, en verse, por lo contrario, lleno de&lt;br /&gt;valor; el senti miento del mando y la presencia de&lt;br /&gt;veinte hombres, que (bien lo sabía) le observaban&lt;br /&gt;con curiosidad, hicieron de él un verdadero héroe.&lt;br /&gt;Hasta, vanagloriándose de su bravura,  subíase a la&lt;br /&gt;banqueta, con el capote desabrochado, para lla mar&lt;br /&gt;bien la atención. El jefe del baluarte, al  revistar su&lt;br /&gt;fuerza, no obstante haberse acostum brado durante&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 197&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;198&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ocho meses a ver el valor bajo to das sus formas, no&lt;br /&gt;pudo evitarse el admirar a aquel guapo mancebo,&lt;br /&gt;que con el rostro, y los ojos animados, suelto el c a-&lt;br /&gt;pote y dejando pasar la ca misa roja que aprisionaba&lt;br /&gt;su cuello blanco y fino, hacía las señales de regl a-&lt;br /&gt;mento, gritaba con voz de mando: «¡Primero! ¡S e-&lt;br /&gt;gundo!» y subía alegremente al parapeto para ver&lt;br /&gt;dónde caía su bomba. A las once y media, el fuego&lt;br /&gt;de cañón cesó por ambas partes, y a las doce en&lt;br /&gt;punto comenzó el asalto del mamelón de  Malakoff,&lt;br /&gt;así corno de los baluartes segundo, tercero y quinto.&lt;br /&gt;XXIII&lt;br /&gt;A la parte de acá de la bahía, entre  Inkerman y&lt;br /&gt;las fortificaciones del Norte, a la mitad del día y s o-&lt;br /&gt;bre el mogote del telégrafo,  veíase a los marineros;&lt;br /&gt;junto a ellos, un oficial examinaba a Sebastopol con&lt;br /&gt;un anteojo de larga vista, y otro, a caballo, al que&lt;br /&gt;acompañaba un cosaco, acababa de reunírsele al pie&lt;br /&gt;del gran mástil de señales.&lt;br /&gt;El sol se hallaba en lo alto del horizonte, su s-&lt;br /&gt;pendido sobre el golfo, en cuyas aguas, cubiertas de&lt;br /&gt;grandes buques de guerra anclados, de veleros me r-&lt;br /&gt;cantes y botes en movimiento, jugueteaban alegr e-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 198&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;199&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mente sus rayos abrasadores y luminosos. Ligera&lt;br /&gt;brisa, agitando apenas las hojas de algunas encinas&lt;br /&gt;achaparradas, que crecían junto al telégrafo, hinch a-&lt;br /&gt;ba las velas de los barcos y hacía rizarse ligeramente&lt;br /&gt;las olas. En la costa opuesta del golfo,  divisábase&lt;br /&gt;Sebastopol, siempre igual, con su iglesia sin co n-&lt;br /&gt;cluir, su columna, su muelle, su bulevar, que se de s-&lt;br /&gt;taca verde sobre la montaña; el elegante edificio de&lt;br /&gt;la Biblioteca  las lagunas de azul de mar, con su&lt;br /&gt;bosque de mástiles; los pintorescos acueductos, y&lt;br /&gt;sobre todo esto las nubes del tono azulado form a-&lt;br /&gt;das por el humo de la pólvora, iluminadas de tie m-&lt;br /&gt;po en tiempo por el rojo resplandor de las&lt;br /&gt;descargas; siempre el mismo  Sebastopol, hermoso,&lt;br /&gt;altivo, con su aspecto de fiesta, rodeado por una&lt;br /&gt;parte de montañas amarillas, coronadas de humo, y&lt;br /&gt;por la otra de mar, cuya superficie, azul, obscura, y&lt;br /&gt;brillante, centellea al sol. En el horizonte, allá donde&lt;br /&gt;el humo de un vapor traza una línea negra, va s u-&lt;br /&gt;biendo, un nublado en fajas blaneas y angostas, pre-&lt;br /&gt;cursoras del viento; en toda la línea de&lt;br /&gt;fortificaciones, a lo largo de las montañas, sobre t o-&lt;br /&gt;do en la izquierda, surgen de súbito, rasgados por&lt;br /&gt;un relámpago, visible aún en pleno día, penachos de&lt;br /&gt;humo blanco y espeso, que adoptando formas v a-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 199&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;200&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;riadas se extiende, se eleva y se colora sobre el cielo&lt;br /&gt;de tonos sombríos aquellas masas de humo, brotan&lt;br /&gt;por todas partes; de las montañas, de las baterías&lt;br /&gt;enemigas, de la ciudad, y se remontan a los aires; el&lt;br /&gt;estampido de las detonaciones conmueve el aire con&lt;br /&gt;su continuo fragor. Cerca de mediodía, las humar e-&lt;br /&gt;das van haciéndose más escasas, y las vibraciones&lt;br /&gt;de las capas de aire menos frecuentes.&lt;br /&gt;-¿Sabe usted que el segundo baluarte no co n-&lt;br /&gt;testa? -dice el oficial de húsares. - Está todo por ti e-&lt;br /&gt;rra; ¡es espantoso!&lt;br /&gt;-Sí, y de Malakoff sólo responden dos veces por&lt;br /&gt;cada tres  -replica el que observa con el an teojo.-&lt;br /&gt;¡Ese silencio me da rabia! No cesan de tirar sobre la&lt;br /&gt;batería de Korniloff, y ésta no responde...&lt;br /&gt;-Ya verá usted, será lo que he dicho; a mediodía,&lt;br /&gt;cesará el bombardeo. Siempre sucede así. Vamos a&lt;br /&gt;almorzar; nos están esperando. No hay nada más&lt;br /&gt;que ver aquí.&lt;br /&gt;-Espérese, no me  distraiga- responde a su vez&lt;br /&gt;con marcada agitación el que mira con el catalejo.&lt;br /&gt;-¿Qué? ¿Qué hay?&lt;br /&gt;-Movimiento en las trincheras. Columnas cerra-&lt;br /&gt;das que se ponen en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 200&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;201&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ah, sí; ya lo veo bien  -dice uno de los marin e-&lt;br /&gt;ros;- avanzan en columnas; hay que hacer la señal.&lt;br /&gt;-Pero mire usted ahora, mire. Salen de las tri n-&lt;br /&gt;cheras.&lt;br /&gt;Distinguíanse, efectivamente, a la simple vista,&lt;br /&gt;descender numerosas manchas negras desde la&lt;br /&gt;montaña al barranco, y dirigirse desde las baterías&lt;br /&gt;francesas a nuestros baluartes. En primer término,&lt;br /&gt;ante ellas  veíanse unas rayas negras también, muy&lt;br /&gt;próximas a nuestras líneas. De los baluartes surgi e-&lt;br /&gt;ron de repente, y de distintos puntos a la vez, los&lt;br /&gt;albos penachos de las descargas, y merced al viento&lt;br /&gt;oyóse el crujir de nutrida fusilería, parecido a la cre-&lt;br /&gt;pitación de lluvia torrencial al caer sobre cristales.&lt;br /&gt;Las líneas negras avanzaban envueltas en una cort i-&lt;br /&gt;na de humo, e iban acercándose; la  fusilería aumen-&lt;br /&gt;taba en violencia; la humareda surgía a intervalos,&lt;br /&gt;cada vez más cortos;  extendíase rápidamente a lo&lt;br /&gt;largo de la línea, en una sola nube de color violáceo&lt;br /&gt;claro, desarrollándose y desenvolviéndose sin int e-&lt;br /&gt;rrupción, surcada aquí y allá por fogo nazos o atr a-&lt;br /&gt;vesada por puntos negros. Todos los ruidos se&lt;br /&gt;confundían en el fragor de un prolongado trueno.&lt;br /&gt;-Es el asalto  -dijo el oficial, palideciendo de&lt;br /&gt;emoción y alargando el anteojo al marino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 201&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;202&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosacos y oficiales pasaron a caballo por la&lt;br /&gt;cumbre, precediendo al comandante en jefe que iba&lt;br /&gt;en carruaje, acompañado por su escolta; sus rostros&lt;br /&gt;expresaban penosa emoción de ansiedad.&lt;br /&gt;-Es imposible que lo tomen  -dijo el oficial de&lt;br /&gt;caballería.&lt;br /&gt;-¡Dios del Cielo! ¡La bandera!... ¡ mirad!&lt;br /&gt;-exclamó el otro sofocado de angustia, y se apartó&lt;br /&gt;del anteojo.- ¡El pabellón francés sobre el mamelón&lt;br /&gt;de Malakoff&lt;br /&gt;-¡Imposible!... &lt;br /&gt;XXIV&lt;br /&gt;El mayor de los  Koseltzoff, que había tenido&lt;br /&gt;tiempo durante la noche de ganar y de volver a pe r-&lt;br /&gt;der todas sus ganancias, incluso además las mon e-&lt;br /&gt;das de oro cosidas en las vueltas de su uni forme,&lt;br /&gt;dormía, por la mañana en el cuartel del quinto b a-&lt;br /&gt;luarte con el sueño más profundo, cuando estalló el&lt;br /&gt;siniestro grito repetido con indiferentes voces de, ¡a&lt;br /&gt;las armas, a las armas!&lt;br /&gt;-Despierte usted, Mikhail Semenovitch, el asalto&lt;br /&gt;-le gritó una voz al oído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 202&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;203&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Una broma de estudiante! - respondió abrien-&lt;br /&gt;do los ojos sin creer en la noticia.&lt;br /&gt;Pero cuando vio a un oficial pálido, agitado, que&lt;br /&gt;corría aturdido de un lado para otro, lo comprendió&lt;br /&gt;todo, y a la idea de que pudieran tomarle quizá por&lt;br /&gt;un cobarde, que procuraba no incorporarse a su&lt;br /&gt;compañía en el momento crítico, le dio tal volqueta-&lt;br /&gt;zo en el corazón, que se echó fuera, y corrió de un&lt;br /&gt;tirón a reunirse a sus soldados. Los cañones habían&lt;br /&gt;enmudecido, pero la fusilería arreciaba de firme, si l-&lt;br /&gt;bando las balas, no aisladamente, sino por enja m-&lt;br /&gt;bres, como pasan sobre muchas cabezas en otoño&lt;br /&gt;las bandadas de pájaros. Todo el espacio ocupado la&lt;br /&gt;víspera por su batallón estaba lleno de humo, de&lt;br /&gt;gritos e imprecaciones; en su camino encontró mu l-&lt;br /&gt;titud de soldados y heridos, y treinta pasos allá di s-&lt;br /&gt;tinguió a su compañía adosada al parapeto.&lt;br /&gt;- El reducto de  Schwarz ha sido ocupado por&lt;br /&gt;ellos -le díjo un oficial joven.- Todo está perdido.&lt;br /&gt;-¡Qué majadería! -le respondió con  cólera, y sa-&lt;br /&gt;cando de la vaina su espada corta y sin punta, e x-&lt;br /&gt;clamó:- Adelante, muchachos, ¡hurra!...&lt;br /&gt;Su voz fuerte y sonora, lo reanimó a él mismo;&lt;br /&gt;corrió adelante a lo largo del camino cubierto ci n-&lt;br /&gt;cuenta soldados siguieron en pos gritando; al d e-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 203&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;204&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sembocar en un espacio libre, una granizada de pr o-&lt;br /&gt;yectiles los recibió; dos le dieron simultáneamente,&lt;br /&gt;pero no tuvo tiempo de comprender dónde le h a-&lt;br /&gt;bían tocado y si le hirieran o con tusionaran, pues&lt;br /&gt;entre el humo, aparecían ante él los uniformes az u-&lt;br /&gt;les, pantalones  grancé y  oíanse gritos que no eran&lt;br /&gt;rusos. Un francés, sen tado sobre el parapeto, agit a-&lt;br /&gt;ba su  chacó, gritando. La convicción de que s ería&lt;br /&gt;muerto aguijoneaba el valor de  Koseltzoff; corrió&lt;br /&gt;mas, siempre a vanguardia; algunos soldados lo r e-&lt;br /&gt;pasaron, otros aparecieron de pronto por otra parte&lt;br /&gt;y corrieron con él; la distancia entre ellos Y los un i-&lt;br /&gt;formes azules, que al huir se volvían a las trincheras,&lt;br /&gt;permanecía invariable, pero sus pies tropezaban con&lt;br /&gt;heridos y muertos; al llegar al foso exterior, todo se&lt;br /&gt;confundió ante sus ojos, y sintió  violentísimo dolor&lt;br /&gt;en el pecho; media hora después  hallábase sobre&lt;br /&gt;una camilla, junto al cuartel Nicolás. Sabía que est a-&lt;br /&gt;ba herido, pero sin sufrir molestia alguna; hubiera&lt;br /&gt;deseado, no obstante, beber algo frío y hallarse&lt;br /&gt;acostado con más comodidad.&lt;br /&gt;Un médico, grueso y  bajito con patillas negras,&lt;br /&gt;acercóse a él y le desabrochó el capote.  Koseltzoff&lt;br /&gt;contempló, por encima de su barba, la cara del&lt;br /&gt;doctor, que examinaba su herida sin causarle dolor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 204&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;205&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;alguno; aquél, tras de cubrirla con la camisa del h e-&lt;br /&gt;rido, se enjugó los dedos con el faldón de la levita, y&lt;br /&gt;volviendo la cabeza, pasó silencioso, a otro herido.&lt;br /&gt;Koseltzoff seguía maquinalmente con la vista lo que&lt;br /&gt;pasaba en torno suyo, y transportándose con la&lt;br /&gt;memoria al quinto baluarte, sintió dulce satisfacción&lt;br /&gt;al hacerse justicia; había cumplido con su deber,&lt;br /&gt;siendo la primera vez, desde que estaba en el serv i-&lt;br /&gt;cio, que lo hiciera sin tener nada que reprocharse. El&lt;br /&gt;médico, que acababa de curar otro oficial, hizo una&lt;br /&gt;seña al capellán, de hermosa y luenga barba roja,&lt;br /&gt;que permanecía allí con su cruz.&lt;br /&gt;-Pero, ¿es que voy a morir?  -le preguntó  Ko-&lt;br /&gt;seltzoff, viéndolo acercarse.&lt;br /&gt;El pope nada respondió, recitó unas oraciones, y&lt;br /&gt;le presentó la cruz.&lt;br /&gt;La muerte no asustaba a  Koseltzoff; aproxi-&lt;br /&gt;mando con mano débil la cruz a sus labios, lloró.&lt;br /&gt;-Los franceses... ¿han sido rechazados? --&lt;br /&gt;preguntó al capellán con voz firme.&lt;br /&gt;-La victoria es nuestra en toda la línea  -res-&lt;br /&gt;pondió éste para co nsolar al moribundo, ocul-&lt;br /&gt;tándole la verdad, pues el pabellón francés on deaba&lt;br /&gt;ya sobre el mamelón de Malakoff.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 205&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;206&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Gracias sean dadas a Dios!  -murmuró el heri-&lt;br /&gt;do, cuyas lágrimas corrían, sin que él lo sin tiera, por&lt;br /&gt;sus mejillas. El recuerdo de su hermano atravesó&lt;br /&gt;durante un segundo por su cerebro.&lt;br /&gt;- Dios quiera concederle la misma  dicha -&lt;br /&gt;agregó. &lt;br /&gt;XXV&lt;br /&gt;Pero no fue tal la suerte de  Volodia. Escuchan-&lt;br /&gt;do estaba una historia que refería  Vassin, cuando el&lt;br /&gt;grito de alarma ¡vienen los franceses! hizo que se le&lt;br /&gt;agolpara la sangre al corazón; sintió palidecer y h e-&lt;br /&gt;larse sus mejillas, quedó un segundo herido de est u-&lt;br /&gt;por, después, mirando en torno suyo, vio a los&lt;br /&gt;soldados abrocharse los capotes y salir fuera, unos&lt;br /&gt;tras de otros, y oyó a uno de ellos, probablemente&lt;br /&gt;Menilkoff, decir chanceándose:  -Vamos, hijos,&lt;br /&gt;ofrezcámosles el pan y la sal.&lt;br /&gt;Volodia y Vlang, que no se apartaban de él, s a-&lt;br /&gt;lieron juntos, precipitándose a la batería. Tanto de&lt;br /&gt;una parte como de otra, la artillería había cesado de&lt;br /&gt;tirar. La despreciable y cínica pusilanimidad del  jun-&lt;br /&gt;ker, más que la sangre fría de los soldados, tuyo la&lt;br /&gt;virtud de reanimar el valor del alférez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 206&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;207&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me pareceré a él?  -se dijo, lanzándose viv a-&lt;br /&gt;mente hacia el parapeto tras el cual estaban empl a-&lt;br /&gt;zados los morteros.&lt;br /&gt;Desde allí vio distintamente a los franceses cr u-&lt;br /&gt;zar corriendo un espacio libre de todo obstáculo y&lt;br /&gt;venir derechos hacia él; sus bayonetas, brillando al&lt;br /&gt;sol, se agitaban en las trincheras más próximas. Un&lt;br /&gt;zuavo de corta estatura, de hombros cuadrados, c o-&lt;br /&gt;rría, sable en mano, ante los demás, brincando los&lt;br /&gt;fosos.&lt;br /&gt;-A metralla  -gritó Volodia, saltando de la ba n-&lt;br /&gt;queta, pero a los soldados se les había ocurrido ya&lt;br /&gt;esto, y el crujir metálico, de la metralla, lanzada pr i-&lt;br /&gt;mero por un mortero y después por el segundo, r e-&lt;br /&gt;sonó sobre su cabeza. -¡Primero! ¡segundo!  -mandó,&lt;br /&gt;cruzando velozmente el espacio entre las dos piezas&lt;br /&gt;y olvidándose por completo del peligro. Los gritos y&lt;br /&gt;el montar de los fusiles del batallón encargado de&lt;br /&gt;defender nuestra batería oíase por una parte, cuando&lt;br /&gt;de, súbito, por la izquierda  elevóse un clamor d e-&lt;br /&gt;sesperado, repetido por muchas voces.&lt;br /&gt;-¡Vienen por retaguardia!  -y Volodia, volvié n-&lt;br /&gt;dose, divisó unos veinte franceses. Uno de ellos,&lt;br /&gt;buen mozo, de barba roja, corrió hacia él, y det e-&lt;br /&gt;niéndose a diez pasos de la batería le disparó un tiro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 207&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;208&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y prosiguió su carrera.  Volodia, petrificado no qu e-&lt;br /&gt;ría creer a sus ojos.  ¡Ante él, sobre el parapeto, más&lt;br /&gt;uniformes azules y dos franceses que clavaban ya un&lt;br /&gt;cañón! Excepto  Menilkoff, muerto de un balazo&lt;br /&gt;junto a él, y de  Vlang, que con los ojos bajos y el&lt;br /&gt;rostro inflamado por el furor, blandía el espeque, no&lt;br /&gt;quedaba nadie.&lt;br /&gt;-Sígame usted,  VIadimir  Semenovitch, sígame&lt;br /&gt;-gritó Vlang con voz desesperada; defendiéndose&lt;br /&gt;con la palanca contra los franceses que venían por&lt;br /&gt;la gola.&lt;br /&gt;El aspecto amenazador  del junker y el golpe con&lt;br /&gt;que derribó a uno  los detuvieron.&lt;br /&gt;-Sígame usted, Vladimir Semenovitch. ¿Qué es-&lt;br /&gt;pera? ¡Huya usted!  -y se precipitó a la trinchera,&lt;br /&gt;desde donde nuestra infantería disparaba sobre el&lt;br /&gt;enemigo. Volvió a salir, sin embargo, enseguida p a-&lt;br /&gt;ra ver qué había sido de su adorado alférez. Una&lt;br /&gt;masa informe, envuelta en un capote gris, vacía con&lt;br /&gt;el rostro hacia tierra en el lugar donde quedara  Vo-&lt;br /&gt;lodia, y todo el espacio aquél  hallábase ocupado ya&lt;br /&gt;por los franceses que tiraban sobre los nuestros.&lt;br /&gt;XXVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 208&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;209&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vlang logró encontrar su batería en la segunda&lt;br /&gt;línea, de defensa; de los veinte soldados que la&lt;br /&gt;componían poco antes, ocho solamente habían&lt;br /&gt;quedado con vida.&lt;br /&gt;Hacia las nueve de la noche, el  junker con su&lt;br /&gt;gente atravesaba la bahía en vapor con rumbo a la&lt;br /&gt;Severnaia. El buque iba, cargado de heridos, de c a-&lt;br /&gt;ñones y de caballos; el fuego había cesado en toda el&lt;br /&gt;campo de batalla. Como la noche anterior, brillaban&lt;br /&gt;las estrellas en el cielo, pero el viento había arreci a-&lt;br /&gt;do y agitaba el mar.&lt;br /&gt;En el primero y segundo baluarte surgían nume-&lt;br /&gt;rosos fogonazos al ras del suelo que iluminaban el&lt;br /&gt;horizonte, precediendo a otras tantas explosiones&lt;br /&gt;que sacudían la atmósfera, permitiendo ver lanzadas&lt;br /&gt;por el aire nubes de piedras y objetos negros de&lt;br /&gt;forma extraña; algo ardía cerca de los  docks, y una&lt;br /&gt;llamarada rojiza  reflejábase en el agua; el puente,&lt;br /&gt;cubierto por apretada muchedumbre aparecía ilum i-&lt;br /&gt;nado por los fuegos de la batería Nicolás; un haz de&lt;br /&gt;llamas parecía elevar se sobre el agua en la lejana&lt;br /&gt;punta de la batería Alejandro, iluminando la capa&lt;br /&gt;inferior de una nube, de humo que se balanceaba&lt;br /&gt;encima de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 209&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;210&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la noche anterior, las luces de la escuadra&lt;br /&gt;enemiga brillaban a lo lejos en el mar, tranquilas e&lt;br /&gt;insolentes; los mástiles de nuestros buques, echados&lt;br /&gt;a pique y sumergiéndose poco a poco en las pr o-&lt;br /&gt;fundas aguas,  dibujábanse sobre la roja luz del i n-&lt;br /&gt;cendio. Sobre la cubierta del vapor nadie hablaba;&lt;br /&gt;de tiempo en tiempo, entre el cabrilleo de las ondas,&lt;br /&gt;hendidas por sus ruedas, y el ruido de la máquina,&lt;br /&gt;oíase resoplar a los caballos, cuyas herraduras go l-&lt;br /&gt;peaban la tablazón, y al capitán lanzar algunas voces&lt;br /&gt;de mando, así como los lamentos dolorosos  de los&lt;br /&gt;heridos. Vlang, que no había comido desde el día&lt;br /&gt;antes, sacó un cantero de  pan del bolsillo y mordió&lt;br /&gt;en él,  pero al acordarse de  Volodia rompió a soll o-&lt;br /&gt;zar tan ruidosamente que llamó la atención de los&lt;br /&gt;soldados.&lt;br /&gt;-¡Mira! Come pan y llora nuestro  Vlang  - dijo&lt;br /&gt;Vassin.&lt;br /&gt;-Es extraño -añadió otro.&lt;br /&gt;-Mira allí, han quemado nuestros cuarteles&lt;br /&gt;-prosiguió suspirando.- ¡Cuántos han muerto de los&lt;br /&gt;nuestros! ¡Y a pesar de todo, los franceses han e n-&lt;br /&gt;trado!&lt;br /&gt;-Y a duras penas hemos logrado escapar vivos;&lt;br /&gt;hay que dar gracias a Dios -agregó Vasssin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 210&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;211&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Lo mismo da; es desesperante!&lt;br /&gt;-¿Por qué? ¿Crees que les irá bien ahí? Espérate;&lt;br /&gt;ya verás cómo lo recobramos. ¡Perderemos más&lt;br /&gt;gente, es posible; pero, tan verdad como que Dios&lt;br /&gt;es Santo, que si el Emperador lo manda, se recobr a-&lt;br /&gt;rá! ¿Crees que se les ha dejado de cualquier modo?&lt;br /&gt;¡Vaya! No les quedan sino cuatro paredes; han sido&lt;br /&gt;volados los  atrincheramientos. Han conseguido&lt;br /&gt;plantar su bandera sobre el mamelón, es cierto; pero&lt;br /&gt;no se arriesgarán a entrar en la ciudad.  -Espérate un&lt;br /&gt;poco, no quedaremos en deuda contigo. Danos&lt;br /&gt;tiempo tan sólo  -exclamó, mirando hacia las pos i-&lt;br /&gt;ciones de los franceses.&lt;br /&gt;-Así será, de seguro  -añadió otro, convencid a-&lt;br /&gt;mente.&lt;br /&gt;En toda la línea de los baluartes de  Sebastopol,&lt;br /&gt;donde durante meses enteros alentó la vida ardiente&lt;br /&gt;y enérgica, donde durante meses sólo la muerte r e-&lt;br /&gt;levaba a los héroes que agonizando unos tras otros&lt;br /&gt;inspiraban el terror, el odio y hasta la admiración&lt;br /&gt;del enemigo; sobre aquellos baluartes, repito, no se&lt;br /&gt;veía ya un alma; todo estaba muerto, feroz, espanto-&lt;br /&gt;so, pero no en silencio, que todo iba desplománd o-&lt;br /&gt;se en aquel contorno con hórrido fracaso. Sobre la&lt;br /&gt;tierra, agrietada, por reciente explosión, yacían e s-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 211&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;212&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;parcidas cureñas rotas y cadáveres rusos y franceses&lt;br /&gt;aplastados; enormes cañones de hierro fundido, que&lt;br /&gt;rodaron al foso a impulsos de terrible fuerza, medio&lt;br /&gt;enterrados en el suelo y mudos para siempre; bo m-&lt;br /&gt;bas, balas, fragmentos de vigas, zanjas, armaduras&lt;br /&gt;de los blindajes y más cadáveres aún con capotes&lt;br /&gt;azules o grises que parecían sacudidos por supremas&lt;br /&gt;convulsiones, y a los que, iluminaba a i ntervalos el&lt;br /&gt;rojo resplandor de las explosiones que hacían r e-&lt;br /&gt;temblar el aire.&lt;br /&gt;El enemigo veía, bien claro que algo insólito&lt;br /&gt;ocurría en el formidable  Sebastopol, y aquellas e x-&lt;br /&gt;plosiones, aquel silencio de muerte en los baluartes&lt;br /&gt;hacíale temblar; bajo la impresión de la resistencia&lt;br /&gt;tranquila y firme de aquella postrera jornada, no se&lt;br /&gt;atrevía aún a creer en la desaparición de su invenc i-&lt;br /&gt;ble adversario, y espera ba con ansiedad, callado e&lt;br /&gt;inmóvil, el fin de aquella noche lúgubre.&lt;br /&gt;El ejército de  Sebastopol, semejante a un mar&lt;br /&gt;cuya masa líquida, inquieta y azulada, se extiende y&lt;br /&gt;se desborda, avanzaba con lentitud en la noche&lt;br /&gt;sombría, ondulando en la obscuridad impenetrable&lt;br /&gt;por el puente de la bahía, dirigiéndose a la  Sever-&lt;br /&gt;naia; alejándose de aquellos lugares en los que h a-&lt;br /&gt;bían sucumbido en tan crecido número los héroes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 212&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;213&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que regaran con su sangre; de aquellos lugares d e-&lt;br /&gt;fendidos durante once meses contra un enemigo&lt;br /&gt;dos veces superior en fuerza, y los cuales había r e-&lt;br /&gt;cibido orden de abandonar aquel mismo día, sin&lt;br /&gt;combatir.&lt;br /&gt;La primera impresión cansada por aquella orden&lt;br /&gt;del día, oprimió pesadamente el corazón de los r u-&lt;br /&gt;sos; después, el temor de la persecución fue el se n-&lt;br /&gt;timiento dominante en todos. Los soldados, hechos&lt;br /&gt;a batirse en los sitios que abandonaban,  sintiéronse&lt;br /&gt;sin defensa en cuanto se alejaron de ellos; inquietos,&lt;br /&gt;agolpábanse en la entrada del puente, sacudido por&lt;br /&gt;ráfagas violentas. A través de la aglomeración de&lt;br /&gt;regimientos, de milicias, de carruajes, echándose&lt;br /&gt;unos sobre otros; la infantería, cuyos fusiles choc a-&lt;br /&gt;ban entre sí, y los oficiales de órdenes, a duras p e-&lt;br /&gt;nas podían abrirse camino; los vecinos y los&lt;br /&gt;sirvientes militares que acompañaban a los bagajes,&lt;br /&gt;pedían llorando, que los dejaran pasar, mientras que&lt;br /&gt;la artillería, presurosa por alejarse, rodaba con e s-&lt;br /&gt;trépito al descender a la bahía.&lt;br /&gt;Aunque la atención se viera distraída por mil&lt;br /&gt;detalles, el sentimiento de la conservación y el &lt;br /&gt;deseo de huir lo más pronto p osible de aquel lugar&lt;br /&gt;horrible, invadía el espíritu de cada cual, así del so l-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 213&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONDE  LEÓN  TOLSTOI&lt;br /&gt;214&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;dado mortalmente herido, echado entre otros qu i-&lt;br /&gt;nientos infelices sobre las losas del muelle Pablo y&lt;br /&gt;pidiendo a Dios la muerte, como del miliciano re n-&lt;br /&gt;dido, que haciendo el postrer esfuerzo penetra en la&lt;br /&gt;compacta multitud para dejar camino libre a un jefe;&lt;br /&gt;como del General que pide paso con voz imperiosa &lt;br /&gt; a los soldados impacientes, o del marinero perdido&lt;br /&gt;entre un batallón en marcha y casi ahogado por la&lt;br /&gt;muchedumbre en movimiento, y del oficial herido a&lt;br /&gt;quien transportan cuatro soldados que, detenidos&lt;br /&gt;por el tropel, dejan en el suelo la camilla junto a la&lt;br /&gt;batería Nicolás, y del veterano artillero que durante&lt;br /&gt;dieciséis años no se separó del cañón y que con&lt;br /&gt;ayuda de sus compañeros y por orden, para él i n-&lt;br /&gt;comprensible, de su jefe, apréstase a volcarlo de un&lt;br /&gt;golpe en la bahía, y en fin, de los marinos que ac a-&lt;br /&gt;ban de echar a pique sus buques y que reman con&lt;br /&gt;vigor al alejarse en los botes y  falúas. Al llegar al&lt;br /&gt;extremo del puente, cada soldado, con  poquísimas&lt;br /&gt;excepciones, se descubría persignándose; pero ad e-&lt;br /&gt;más de este sentimiento experimentaba otro, más&lt;br /&gt;profundo: una sensación próxima al arrepent i-&lt;br /&gt;miento, a la vergüenza, al odio, y con indescriptible&lt;br /&gt;amargura en el corazón, suspiraban todos penos a-&lt;br /&gt;mente, proferían entre dientes terrible amenaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Page No 214&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL  SITIO DE  SEBASTOPOL&lt;br /&gt;215&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;contra el enemigo y lanzaban, al llegar a la costa&lt;br /&gt;norte, la última mirada sobre  Sebastopol abandona-&lt;br /&gt;do. &lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=17460&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=137727&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(137727)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=31099&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16252330&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(16252330)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16637176&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(16637176)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16625516&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(16625516)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16646874&quot;&gt;Descarga gratuita&lt;/a&gt;&lt;img src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(inv)g(16646874)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16626448&quot;&gt;Club Zed&lt;/a&gt;&lt;img src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(inv)g(16626448)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://sebastopol.blogcindario.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Sebastopol&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://tolstoi.blogcindario.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Tolstoi&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://elmusicoalberto.blogcindario.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El musico Alberto&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.10consejos.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;10 consejos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://lomasutilizado.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Lo mas utilizado&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://lanuevaweb20.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La nueva Web 20&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/obrajulioverne/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Obra Julio Verne&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/julioverne/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Julio Verne&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/alejoevita/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Alejo Evita&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/obraallende/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Obra de Allende&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/allende/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Allende&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://caballodetroya2.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Caballo de Troya 2&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://historiadeespanasigloxx.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Historia de España siglo XX&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://caballodetroya7.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Caballo de Troya 7&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.paratorpes.es/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Paratorpes &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://elalquimista.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El alquimista&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://lacartarobada.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La carta robada&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://eljugadordedostoyevski.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El jugador de Dostoyevski&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://%20ciensoledad.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Cien años de soledad&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://aguasprimaverales.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Aguas primaverales&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://aparecepeterpan.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Aparece Peter Pan&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://paraisoperdido.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Paraíso perdido&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://losviajesdegulliver.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los viajes de Gulliver&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://retratoadolescente.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Retrato adolescente&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://dedondevenimos.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Matrix, de donde venimos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://losmensajesdelossabios.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los mensajes de los sabios&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://libroscuriosos.wordpress.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Libros curiosos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://estupidoshombresblancos.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Estupidos hombres blancos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://elartedeamar.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El arte de amar&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://mapapirisreis.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Mapa Piri Reis&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://revistatara.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Revista Tara&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://reflexionescanarias.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Reflexiones canarias&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://lostiemposfinales.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los tiempos finales &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://lasparabolasdekrion.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Las parábolas de Krion&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elviajeacasa.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El viaje a casa&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://ensoledadcondios.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;En soledad con Dios&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://cartasdesdeelhogar.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Cartas desde el hogar&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://pasandoelmarcador.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Pasand</description>
            <pubDate>Sun, 27 May 2007 10:23:11 +0100</pubDate>
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            <title>sebastopol</title>
            <link>http://sebastopol.blogcindario.com/2007/05/00001-sebastopol.html</link>
            <description>&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=17460&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=137727&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(137727)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=31099&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16252330&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(16252330)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16637176&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(16637176)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16625516&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(16625516)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16646874&quot;&gt;Descarga gratuita&lt;/a&gt;&lt;img src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(inv)g(16646874)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=53989&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=16626448&quot;&gt;Club Zed&lt;/a&gt;&lt;img src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(inv)g(16626448)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://sebastopol.blogcindario.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Sebastopol&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://tolstoi.blogcindario.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Tolstoi&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://elmusicoalberto.blogcindario.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El musico Alberto&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://www.10consejos.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;10 consejos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://lomasutilizado.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Lo mas utilizado&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://lanuevaweb20.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La nueva Web 20&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/obrajulioverne/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Obra Julio Verne&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/julioverne/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Julio Verne&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/alejoevita/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Alejo Evita&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/obraallende/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Obra de Allende&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://blogs.ya.com/allende/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Allende&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://caballodetroya2.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Caballo de Troya 2&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://historiadeespanasigloxx.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Historia de España siglo XX&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://caballodetroya7.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Caballo de Troya 7&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.paratorpes.es/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Paratorpes &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://elalquimista.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El alquimista&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://lacartarobada.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La carta robada&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://eljugadordedostoyevski.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El jugador de Dostoyevski&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://%20ciensoledad.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Cien años de soledad&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://aguasprimaverales.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Aguas primaverales&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://aparecepeterpan.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Aparece Peter Pan&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://paraisoperdido.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Paraíso perdido&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://losviajesdegulliver.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los viajes de Gulliver&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://retratoadolescente.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Retrato adolescente&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://dedondevenimos.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Matrix, de donde venimos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://losmensajesdelossabios.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los mensajes de los sabios&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://libroscuriosos.wordpress.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Libros curiosos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://estupidoshombresblancos.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Estupidos hombres blancos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://elartedeamar.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El arte de amar&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://mapapirisreis.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Mapa Piri Reis&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;a href=&quot;http://revistatara.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Revista Tara&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://reflexionescanarias.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Reflexiones canarias&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://lostiemposfinales.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los tiempos finales &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://lasparabolasdekrion.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Las parábolas de Krion&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elviajeacasa.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El viaje a casa&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://ensoledadcondios.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;En soledad con Dios&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://cartasdesdeelhogar.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Cartas desde el hogar&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://pasandoelmarcador.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Pasando el marcador&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elnuevocomienzodekryon.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El nuevo comienzo de Kryon&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://unanuevadimension.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Una nueva dimension&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elmisteriodelascatedrales.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El misterio de las catedrales&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://profeciasdenostradamus.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Profecias de Nostradamus&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://masoneriainvisible.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Masonería invisible&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://focasmuertas.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Focas muertas&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://loscartagineses.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los cartagineses&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://amorreos.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Amorreos &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://loscuatrolibros.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los cuatro libros&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://ellibrodemarcopolo.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El libro de Marco Polo&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://onceminutos.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Once minutos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://milucha.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Mi lucha&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://herodoto1.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Herodoto 1&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elgransantiagocalatrava.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El gran Santiago calatrava&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elhombreduplicado.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El hombre duplicado&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://bestiario.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Bestiario&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elnombredelarosa.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El nombre de la rosa&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://lafiestadelchivo.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;la fiesta del chivo&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://laciudadylosperros.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;la ciudad y los perros&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://cronicadeunamuerteanunciada.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Crónica de una muerte anunciada&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elpendulodefoucault.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El péndulo de foucault&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://dalimagico.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Dali magico&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://aquelleonardodavinci.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Leonadro da Vinci&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://escorialmagico.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El Escorial&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://losamosdelmundo.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los amos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://aquellostemplarios.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los Templarios&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://loscataros.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Los Cataros&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://indulgencias.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Las Indulgencias&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://campaniforme.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Campaniforme&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://bibliotecaalejandria.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Biblioteca Alejandria&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://secuestroexpres.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Secuentro Expres&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elplaninfinito.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El plan infinito&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://lacasadelosespiritus.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La casa de los espiritus&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://laciudaddelasbestias.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La ciudad de las bestias&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://mipaisinventado.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Mi pais inventado&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://elmatematicodelrey.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;El matemático del rey&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://lahipotesis.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;La hipotesis&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://tenemosunangel.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Tenemos un angel&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://erikelrojo.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Eric el rojo&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://relatosdefantasia.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;relatosdefantasia&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://enigmasdesvelados.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Enigmas desvelados&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://cuentosdecf.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Cuentos de cf&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://clubbilderberg.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Club Bilderberg&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://reinamariamagdalena.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Magdalena&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://virgenesnegras-virgenesnegras.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Virgenes&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://diosamadre.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Diosa&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://valdeande.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Pueblo rural&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://contaminacioninvisible.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;la Contaminacion&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://electrosmog-movil.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Que es Electrosmog&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://lacontaminaciondelmovil.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Contamina el Movil&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://valdeandeenlaces.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;enlaces mágicos&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://caballodetroya100.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Caballo de Troya&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://personal.telefonica.terra.es/web/valdeandemagico/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Magia&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://valdeande.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;rural&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://superviaje.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Viajes&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://superhotel.blog.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Hoteles&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://reflexionescanarias.blogspot.com/&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: #000000&quot;&gt;Reflexiones canarias&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 9pt; font-family: Verdana&quot;&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target=&quot;_blank&quot; href=&quot;http://clk.tradedoubler.com/click?p=17460&amp;amp;a=1370685&amp;amp;g=137727&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;http://impes.tradedoubler.com/imp?type(img)g(137727)a(1370685)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;</description>
            <pubDate>Sun, 27 May 2007 10:22:21 +0100</pubDate>
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